Blogia

Desde El Salvador

Jueves 22 de enero. Diarios atrasados y bajada al pueblo.

Además de aprovechar para lavar la ropa oscura en "Paca", la flamante nueva lavadora, pasé la mañana entera poniendo al día los diarios estos. Llevan mucho tiempo, la verdad. Por la tarde bajé al pueblo, a conectarme un ratejo, enviar un par de cartas y "chotear", que aquí quiere decir dar un paseo.
Voy a quedar como una quejica cuando vengan mis padres y Pablo. Resulta que están arreglando la carretera que sube desde el desvío. La semana pasada inaguraron el hotel de "El Imposible" (el parque nacional que hay si sigues subiendo por la carretera que sube hasta mi finca) y parece que no iran muchos turistas si tienen que atravesar ese camino de cabras, así que se han puesto ya manos a la obra a reparar la carreterilla. Yo hablando de camino de cabras y seguro que terminan asfaltándola. De momento sólo han echado arena y han compactado.
Probé suerte en la oficina de correos, pero sólo pude enviar mis cartas, las secuestradas no parece que vayan a aparecer. Hay un taco entero para una americana que vive por allá, pero para mí nada de nada. Y encima ahora que Pablo está de exámenes no voy a tener ninguna en muuucho tiempo.
Pasé también a comprar lana para bordar. Le he pedido a la señora Lucía que me borde una colcha, con mi nombre en el medio. Podría comprarla, pero me apetece mucho más que me la haga ella, y además así me la personaliza. Por supuesto, le pagaré el trabajo, sobre todo viendo lo que le cuesta hacerlo. No saca tiempo nunca para empezarla y cuando quiere ponerse le faltan las lanas. Resulta que la que compré yo no le servía, era demasiado gorda, las de la tienda me engañaron. Aquí ven a un extranjero y se les ponen los ojos así como los de Tío Gilito cuando piensa en dinero... A la hora de regatear, es casi mejor empezar por decir la mitad del precio inicial, aunque yo ya he adquirido la técnica de pensar: ¿cuánto estoy dispuesta a pagar por esto? Y ofrezco esa cifra hasta que la tomen. Acaban por hacerlo. Les digo: mire, yo por $10 me lo llevo -$13- Que por $10 me lo llevo, de verdad... Y al final suelen ceder, porque aún así sacan beneficio (y no poco). Más de una vez me ha pasado que ya me iba del puesto y me han vuelto a llamar para dármelo al precio que yo decía.
En el pickup de subida nos tuvieron parados un rato por culpa de las obras. Quién hubiese dicho que esas peazo de máquinas podrían meterse por allí.
Por fin parece que la Gata Salvaje se está acabando. Juro no volver a ver una cosa de esas. Había que ver una para poder considerar que me integro en la cultura del país. Pero no vuelvo a picar. Los personajes no pueden ser más tontos y los guionistas no pueden tener más mala hostia. No veáis lo que me alegro cuando algún personaje parece tener más de dos dedos de frente. En cuanto se acabe, o me voy a otro sitio a la hora de la cena o cambio de canal aunque me griten.

Miércoles 21 de enero. Semilleros, instalación de lavadora y a estrenarla.

Después del desayuno me puse el discman y me dediqué a hacer más semilleros que Luis me había encargado el día anterior. Por la noche no pude casi dormir pensando en las malditas semillas de tomate que debían estar germinando ya. No sé qué me pasó, si era sentimiento de culpa por haberme escapado a la playa y haber dejado todo a medias o qué era. Pero estuve dando vueltas toda la noche pensando en tomates.
Como esta vez me había puesto a la sombra, fue bastante agradable la tarea, aunque Óscar no paraba de interrumpirme para retarme a las cosas más estúpidas: "Tirma, la reto a que no es capaz de morder un limón sin aturrar la cara" ; "Tirma, la reto a que no es capaz de masticar un chile sin beber agua después". Yo le expliqué que si lo que quería era ganarme, ya estaba hecho, pues le garantizaba que mi cara se iba "aturrar" (arrugar) con el limón y que iba a beber litros y litros de agua y se me iban a saltar las lágrimas después de meterme en la boca y masticar un maldito cacho de cayena. Pero el saberse ganador no le bastaba.
A última hora de la tarde, hicimos la instalación de la lavadora. Sebas y Luis hicieron un apaño para desviar el grifo y que llegase. El maldito grifo sigue goteando, pero al menos mucho menos que al principio. Me dispuse a estrenar a lo grande la lavadora, con toda la ropa que tenía acumulada. Empecemos por la ropa clara. Mientras funcionaba, hice un manual de uso para todo el mundo. Me lo pasé pipa con las pinturas de colores :P Había que avisar en grande de que había riesgo de shock eléctrico porque la toma de corriente no está conectada a tierra, prefiero que para manejarla se desenchufe del todo y mientras funcione no se toque, no vaya a resultar alguien electrocutado y la liemos.

Martes 20 de enero. Semilleros, llega la lavadora y a "hacer la iguana" a la playa.

Tempranito por la mañana me puse a rehacer los semilleros de tomates, mientras estaba en ello llegaron dos señores, uno de ellos vive justo al lado de la playa y nos invitó a ir. Luis le dijo que si hoy llegaba Adonay, iríamos a verlo.
Justo cuando estaba empezando a darme todo el sol en el sitio donde hacía los semilleros, llegó Adonay ¡con la lavadora!. Yupiiii, ya tengo lavadora, ya tengo lavadora. Había que instalarla y le pedí a don Simeón (el carpintero del CEDEFAR) que me hiciese una tarima para que la lavadora no estuviese tocando el suelo. Qué lindo que me la hizo a mano porque al pobre se le había roto la sierra eléctrica. El resto de la gente dice que es muy huraño, pero yo le trato bien y él a mí también.
Lo prometido era deuda y aunque yo no me lo creía, Luis y Adonay me llevaban a la playa. Subimos al Picachús (el pickup azul) y en marcha. Primero pasamos a ver los tomates que Luis le había vendido (las plantitas, en semillero) a un agricultor de la zona. Tenía bastante mosca blanca y les dió un par de recetas para eliminarla. También tenía bastante papaya, se ve que el hombre tenía dinero. Nos regaló plátanos pues acababa de llegar de cosecharlos.
Luego fuimos hacia la casa de don Candelario, el que vive al lado de la playa. Y tan al lado, su casa da al mar directamente. Está sombreada por un montón de cocoteros y allí tiene algún conejo, gallinas y una granja de tortugas (ahora no había pues sólo tiene en época de cría) que debe estar financiada por algún proyecto americano.
Fuimos a tomar algo de beber, ya que parecía que no íbamos a encontrar nada para comer. El hombre nos invitó a todo, incluso a la comida que pedí yo porque me moría de hambre (tal vez la cerveza alimente y Luis y Adonay estuviesen llenos, pero la Fanta seguro que no). Mientras, nos contó miles de historias de los trabajos en los que había estado metido. Ha trabajado en mil cosas este hombre. Por una parte, ha tenido mucho contacto con ONG extranjeras y ha sido coordinador local de muchos proyectos, desde hacer pozos de agua dulce con Médicos Sin Fronteras, liberar tortugas, proyectos de riego con C.A.R.E., salvar la costa de la invasión de los hoteles... Me pareció super interesante el hombrecito. 68 años y ahí está todavía trabajando el campo. Antes había sido vaquero, pescador, recolector de café y de algodón... Ahora se dedica al cultivo de hortalizas, que da bastante más dinero.
Y por fin fuimos a bañarnos. Qué gozada el pacífico. La playa para nosotros solos, limpia, con mucha arena fina, sin algas, un montón de olas que empezaban a romper 25 metros mar adentro y llegaban hasta la orilla, dejando por el camino muchísima espuma de mar... Había un poco de corriente, pero no llegamos hasta donde no hacíamos pie, que a saber por dónde era, porque ya estábamos metidos un buen trecho, con las olas rompiéndonos en la cara y todavía llegaba el agua por encima de la cintura. Qué delicia de baño. Ya era hora de que viviendo al lado de la playa, fuese a darme un baño. Se tarda un buen rato en llegar, pero merece la pena. En Semana Santa se llena todo de gente de todo el país.
Después del baño, el don Cande nos abrió unos cocos y estuvimos charlando un poco más con él. Adonay le dijo que estábamos haciendo "la iguana" y como yo puse cara rara me explicaron que le llaman así a escabullirse del trabajo.
En el viaje de vuelta, como ya había visto que la carretera era muy pachita (llana) me animé a conducir el Picachús. Adonay siempre me picaba con que me animase a manejarlo, pero con las carreteras tan mal y la gente loca que hay en las que están bien, no me atrevía. Como por esta no pasaba nadie y no había cuestas, tomé el volante.
Iba yo tan feliz, manejando mi pickup, cuando a lo lejos divisamos un grupo de gente, unas 6 personas. Policía. Ejército. Mierda, no llevo la licencia de conducir y parecía que estaban en medio de la calle parando a la gente. Qué cague. Pero lo que pasaba es que estaban en medio de la calle porque iban andando. Adonay y Luis me dijeron que parase a su lado por si querían "ride". No hizo falta que me lo dijesen, ellos mismos me dijeron que parase. Suban, suban. Y yo muertecita de miedo. Se ve que entre que el trasto viejo este y mi poca habilidad conductora, dejé claro que yo no manejaba muy bien. Por el camino pasé demasiado cerca de un árbol y comieron rama. Encima, al llegar a la carretera principal, me bajé y dejé a Adonay al volante, que yo no me atrevo con esos locos. Allí les dijimos a los soldados que íbamos primero a la gasolinera y luego daríamos la vuelta. En el rato en que Adonay intentaba escaparse de las garras de la dependienta de la gasolinera, Luis les explicó que yo era española, que SÍ que sabía conducir, pero otro tipo de "carros" y por otro tipo de sitios, que si me había bajado al llegar a la carretera no era por que no supiese manejar sino porque me daban miedo los "motoristas" (conductores en general) salvadoreños... Eso, eso, todos menos que me pidan el carnet, que lo tengo en el CEDEFAR.
Los dejamos en el desvío y Adonay intentó convencerme de que tomase el volante otra vez, pero esa subida tiene tramos mortales y ya había pasado suficiente susto.

Lunes 19 de enero. Desesperación en la oficina.

Por la mañana salí con Alfredo hacia la oficina. Se suponía que tenía que reunirme con él, Luis y Humberto para ver qué carajo hacíamos con lo de mi invernaderito. Pero toda la mañana Humberto estuvo reunido y al final nos atendieron 15 minutos, mal y corriendo (nos teníamos que ir al CEDEFAR).
Antes de que llegase nadie a la oficina, me fui a MetroCentro (centro comercial) a sacar dinero, pues le había dado mis últimos 50$ a Meme (el padre de Gerardo) para que me los cambiase a quetzales (trabaja en un banco) pues en Guatemala te dan un cambio bastante pobre. Por el camino em encontré al Colocho, que no había ido a dormir a casa sino que se había quedado con su hermana esa noche. Tal vez deje la casa de Alfredo para irse a vivir con ella, pues tiene problemas de alergias muy fuertes y en la nueva casa estaría sola y sin ayuda. Menos mal que Carlos me acompañó porque seguro que hubiese tardado siglos en encontrar el maldito cajero.
Más tarde en la mañana, y como nadie me hacía ni caso, fui con Adonay a buscar una pieza que hacía falta para la lavadora y ya de paso a echar un par de cartas y comprar detergente y suavizante. Por cierto, papá si lees esto, me equivoqué de tarjeta y pagué con la tuya que la tenía en la cartera de cuando fui a por la lavadora.
Y aún así no hubo forma de que cuando llegase hubiese un rato para hablar con los jefes. A la hora de comer fuimos al "comedor de los pobres" donde la comida es más barata. Con Alfredo o Humberto solemos ir al "de los ricos" que está más cerca, pero el resto de gente de la oficina suele ir al barato. De todas formas, por dólar y medio te pones hasta arriba en cualquiera de los dos. El sistema de comidas se llama "comida a la vista" porque es una especie de buffet donde vas diciendo: póngame de esto y de esto otro. Y luego te preguntan cuantas tortillas quieres y si quieres fresco u otra cosa. Cada día el fresco es de cosas diferentes, dependiendo de la fruta que esté barata. El chile (picante) está en las mesas para que te sirvas a tu gusto.
Después de comer al fin nos atendieron un poquito, pero mal y encima casi no llegamos a la estación. Menos mal que Adonay nos dió "ride" (en cristiano, nos llevó en coche). El especial que nos dejaba a tiempo se había ido y no estábamos seguros de cuándo saldría el siguiente, así que tomamos uno normal hasta Sonsonate. Pasé el viaje entero durmiendo, sólo me enteré de que al principio se subieron dos japonesitas (o eso pensé que serían) con grandes macutos a la espalda. Me hizo gracia la escena.
Llegamos a las 16.40 al desvío. El último pickup salía a las 16.30 de Cara Sucia. No sabíamos si había pasado ya o no. La verdad es que llegó tardísimo y ya nos empezábamos a hacer a la idea de que tendríamos que caminar hasta arriba. Y es una buena caminata.
En el pickup uno que estaba medio borracho empezó a hablar conmigo. Qué risas. Primero, como siempre, hacerle entender que no soy gringa, que por mucho que me diga "beri gud, beri gud" no le voy a entender (es que si digo que entiendo el inglés ya piensan que en España lo que se habla es inglés, de hecho, mucha gente piensa que se habla español en latinoamérica e inglés en el resto del mundo). Después, rechazar repetidas veces sus proposiciones de crear familia con él, que él quería tener hijos así de color tostadito. Todo el pickup partiéndose, incluída yo, por supuesto, pero el tipo no cesaba de intentarlo. Y yo que creía que con el pelo cortito ya me iban a dejar en paz... Encima Eliseo (que venía con Luis y conmigo desde San Salvador) decía que yo no podía dejar a Fher, el de Maná. Eso, eso, a dar más caña.

Domingo 18 de enero. Se fue la luz.

Me despertaron a martillazos. Literalmente, pero al menos no me los daban a mí. El Colocho tenía que colgar un cuadro y Érika se empeñó en que lo hiciese a las 9am para que yo me despertase de una vez. Y vaya odisea con el cuadro... Dejó la pared hecha un asco. Además, allí las paredes o son de adobe (y entonces no intentes clavar nada que tiras la casa) o son de bloques de cemento (bastante más difícil de perforar que un ladrillito de los nuestros). En la ciudad son de bloques para que no se vayan derrumbando en cada temporada de lluvias. ¡Unos agujeros! Con una mierda de clavito abría unos boquetes de aquí te espero.
Érika estaba muerta del asco porque no había luz y decían que no volvería hasta las 3 de la tarde. Para Érika un domingo sin luz es como unos frijoles sin tortilla. El domingo es el día de tirarse a ver la tele, pues ponen películas una detrás de otra y si no, hay muñequitos (dibujos animados).
El Colocho fue a buscar a su hermana a la estación de buses. Empieza el curso escolar y ella comienza la universidad aquí en la capital. Como Carlos no es lo más rápido del mundo para prepararse y salir de casa, la pobre hermana tuvo que esperar bastante tiempo con todas sus cosas en la estación. Y menos mal que estábamos Érika y yo para recordarle que tenía una hermana a la que debía recoger, que si no, se queda allí por siempre.
Pasamos la mañana charlando en el patio trasero, donde Alicia tiene instalada una especie de tienda. Con las papayas que le trae Alfredo del CEDEFAR, las naranjas que le trae de Opico y los tomates y pimientos que le trae Alexander de Santa Marta, ha montado su puestecillo de venta. Por allí pasan señoras a comprarle y así ella se entretiene chambreando. Muchas veces pasan señoras vendiendo otras cosas. Éstas van de casa en casa con grandes cestas sobre su cabeza en las que llevan de todo: desde ropa a pasteles que preparan ellas, pasando por juguetes en la época de Navidad.
Después de comer (ya pensábamos que no conseguiríamos tortillas, pues el molino de maíz funciona con electricidad) nos echamos una siestecita y planeamos ir a un ciber por la tarde, yo tenía que mandar un montón de fotos a mi profesor y que Pablo viese mi corte de pelo con la webcam.
Al ciber fuimos los 4, Érika, Carlos, su hermana (ya no recuerdo cómo se llama) y yo. A mi me tuvieron un buen rato esperando hasta que me pusieron en un pc con cámara. Pero al final lo logré y me vieron Pablo y toda su familia. Exceptuando a Pablo-papá que me calficó de "preso carcelario", obtuve un aprobado general por mi corte.
Yo me quedé mucho más rato que el resto. Ni lograba mandar las malditas fotos ni me podía despegar de Pablo. Pero éste tenía que estudiar y por aquí ya anochecía y no era recomendable que me fuese a oscuras de allí. No sabía si Érika se había largado o qué. Resulta que estaba esperando fuera leyendo un libro, porque en el ciber hacía demasiado frío (el aire acondicionado estaba a toda leche).
Con Érika, fuimos andando por el centro. Yo tenía que comprar alguna chorrada en el supermercado. Ya de paso, fuimos mirando precios de material escolar, que Érika tenía que comprarle a Óscar (Óscar trabaja en el CEDEFAR sólo por la comida, así que también le pagan los libros y esas cosas). Miramos también precios de hamacas, qué burrada, seguro que en algún otro sitio las encuentro más baratitas.
Fuimos a encargar comida al "Pollo Campero", el KFC de El Salvador, que está por Guatemala y hasta tienen algún restaurante en Washington DC. La verdad es que está rico el pollo allí. Es comida basura, lo sé, pero a mí eso nunca me ha importado, jejeje.
Al llegar a casa, casi las 20h, no había vuelto todavía la luz. Ya nos perdíamos CSI. Volvió a y veinte y malditos sean los de la maldita cadena de televisión que pusieron el capítulo número uno. Lo había visto hacía 12 días, de memoria me lo sabía casi. Dejamos de verlo cuando me dijeron que tal vez el próximo fin de semana podría irme a Guatemala y que llamase a Cecile por si ella quería también.
Yupiii, me voy a Guatemala. A Esquipulas en peregrinación a ver al Cristo Negro. La excursión es de gente del barrio o de la parroquia, a saber. El caso es que va Alicia, su hermana, su prima, mi novio Gerardo y sus padres... Y Cecile, Jerome y yo. El domingo creo que se va a un centro turístico. Aquí se entiende por eso un lugar con piscinas y naturaleza...

Sábado 17 de enero. De compras por el centro.

Amanecí más tarde que nunca ¡las 10 de la mañana! Bárbaro. Inconcebible. Se me quedaron mirando con cara rara, pero ya saben que allí uso los tapones para los oídos y no me entero de nada. Además, lo creáis o no, los antifaces del avión son muy útiles y cuando llegas a las 3 de la mañana y amanece a las 6, son indispensables.
Después de comer, echarnos una siesta y reunir fuerzas, Érika me llevó por el centro para hacer algunas compras. Repito por quincuagésima vez: me encanta aquello. Los precios, la gente, la variedad de cosas. El abarrotamiento no es de lo más agradable, pero es un abarrotamiento mucho más sano que el de Madrid. Casi da gusto toparse con la gente.
Fuimos a comprar la lavadora. Estaba de oferta, la habían rebajado 30$ desde la semana pasada. De pm, si es que estaba destinada a ser ella la "Paca" (así hay que llamarla, que la ha donado papá). La señora de electrodomésticos, que trabaja a comisión, estaba muy feliz. Yo sólo lo sentí por el hombre que nos la había enseñado el fin de semana pasado, que no se llevó la comisión. Nos dijeron que nos la llevarían empacada a casa de Alfredo el lunes.
Y antes de ir a casa, a cortarme el pelo. Buscamos por la zona de peluquerías a Nazaria, la ex de Alexander. Pero en su peluquería estaba sólo la madre y Érika me previno: con esa mujer no, que es de lo más chambroso (cotilla) del universo. Así que fuimos a la que estaba al lado de su casa. Mientras secaba el pelo a otra chica, estuvimos mirando fotos de revistas para buscar el corte. Había muchos muy chulos, pero a saber si me quedarían bien a mí. Le preguntamos a la señora y me gustó su opinión. El resultado... Pelo cortito, jejeje. Fuera calor, fuera coletas, fuera pelo húmedo a la hora de acostarme. A la señora le daba mucha pena cortarme el pelo. Claro, aunque en España mi color es de lo más vulgar (castaño cenizo), aquí es muy raro verlo y a la señora le encantaba. "Ay, con lo bien cuidado que lo tienes, con lo bonito que es el color...". Pero quedó bien. Al menos yo estoy contenta con el corte. Y a todas las mujeres les gusta y a todos los hombres les disgusta. Bueno, a Pablo le ha gustado y con eso me doy con un canto en los piños.

Viernes 16 de enero. Terminar con las macetas y partir a SanSal.

Las macetas no dejaban de darme problemas. Había logrado llenar todas las necesarias, pero resulta que estaban poco llenas. ¡No había más arena! Pues dile a Óscar que te cuele la piedra pómez, me dijo Luis. Y así hice, pero Óscar tenía más que nada ganas de hablar, cantar, sentarse, comer papaya... De todo menos colar la arena. Y yo con la cabeza como un bombo por sus historias. Estaba un poco cabreada, la verdad. Tenía que acarrear la arena hasta abajp, repartirla y subir a recargar, pero cada vez que subía no había ni tres paladas de arena coladas y me tenía que poner a colarla también. Y me dolía la espalda. Vamos, que no fue mi mejor mañana.
Y después de comer, hubo que meterlas en el invernadero grande para desinfectarlas con lejía. Habíamos decidido usar la bomba porque era mucho más fácil y seguro. Menos mal que para meterlas me ayudaron Luis y Sebastián. Los muy animales se llevaban 3 a la vez. A mí con 2 ya se me entumecían los dedos.
A las 14.45 pasaba el bus hacia abajo, nos fuimos Edith, Luis, Lucía y Óscar. Ese fin de semana se quedaba Sebas. Me senté delante en el bus. Mal hecho. Me pude dar cuenta de que el maldito cacharro va casi sin frenos. Para pararse en el desvío tiene que empezar a frenar como 50 m antes. A ver quien me asegura que la próxima vez no se hayan desgastado del todo...
Llegué solita hasta casa de Alfredo y además de día. El barrio no es de lo más recomendable de noche, así que me di bastante prisa en todos los transbordos para llegar bien. Y llegué. Asusté un poco a Alicia, que no me esperaba. Érika estaba en el ciber chateando con su novio (está en Cuba).
Era el cumpleaños del Colocho. Íbamos a salir a cenar por ahí, vinieron Moisés y Nelly, pero el Colocho no se decidía a aparecer. Llegó tardísimo y para entonces ya nos habíamos decidido a calentar unos frijoles y plátano frito. Así que el plan de cena se transformó en una simple salida a bailar.
Alexander nos llevaba en el coche. Pasamos primero por la Plaza Cívica, donde el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) estaba festejando el 12º aniversario de los acuerdos de paz (sospechoso que el partido de derechas, ARENA no hizo ni un actito). Llegamos justo cuando los candidatos a presidente y vicepresidente estaban hablando. Así pude verles el jeto más que en la tele. Marta decía que Shafik era muy apuesto en persona, pero a mí me seguía pareciendo un viejo barbudo con reminiscencias a Santa Claus.
Yo, calladita entre la multitud. No sé si ya os conté que si me pillan allí podrían hasta deportarme. El público unos más exaltados que otros. Había uno delante de nosotros gritando y alzando el puño. En esto que Nelly le da un toque en el hombro y le dice: "con la izquierda". Jajaja, el hombre azoradísimo y nosotros partiéndonos detrás.
Fuimos al MonoLoco, el bar de la afición del Barça. Está al ladito del bar de la afición del Real. Cuando hay partido, hay broncas en la calle. El bar estaba estupendo si no fusen porque no tenían ni piña colada (que es normal) ni zumo de naranja (un poco menos normal pero aceptable) ni una maldita Fanta!! Total que me tomé unos tacos sin beber nada. Alexander y Moisés se habían ido a buscar a la novia del primero y una miga suya, así que estábamos Érika, Nelly, Colocho y yo.
Nelly comenzó a darle al tequila y para cuando llegó el resto ya estaba bastante piripi.
En el bar tocaba un grupo en directo, cantando canciones de Héroes del Silencio, Maná, Enanitos Verdes, Nirvana, Metallica... Me encantó el sitio, pensé que no existía de eso en ese país, que sólo les gustaba la salsa, el merengue y esas cosas. Naturalmente, había una puerta (para cruzarla había que pagar 2$) tras la cual había una discoteca en la que ponían todo eso. Pero de este lado, música en directo y billares.
Cuando llegaron los demás, como no es que les gustase tanto ese ambiente como a nosotros, nos apuraron para que pagásemos y fuésemos a Dolce Fierro, a bailar de verdad. Una lástima, a mí me apetecía mucho más aquello, pero el resto tenía sangre salvadoreña y no podían salir sin ir a bailar. Aunque costase $7 la entrada al maldito sitio (5 de ellos son de consumo mínimo, pero aún así).
Ahora éramos 8 personas en el coche y tuvimos que hacer algún equilibrio para meternos. Encima Nelly iba bastante tajada y sólo podía pensar en encontrar la botella de licor de plátano que rodaba por el fondo. Moisés (que es su novio) se encargaba de escondérsela, pero ella se ponía un poco tontita.
En el sitio, yo quería saciar mis ansias de probar la piña colada. Y madre mía si acerté... Aquello estaba de MUERTE. Riquísima. Deliciosa. Y no entendían por qué tanto ruido por una piña colada. Ambrosía era aquello.
Aquella noche estaba bastante cansada y casi no bailé. Llegó un momento en el que Nelly (que estaba durmiendo a pierna suelta en un banco) me dió envidia y me puse a dormir con la cabeza sobre la mesa yo también. Muy Tirma, eso de ponerse a dormir en un sitio en el que suena la música.

Jueves 15 de enero. Mister Muscles Contest.

Tempranito terminé de tapar las macetas que faltaban, con ayuda de Óscar, que es mucho más placentero (si no habla demasiado). Desistí de buscar la radionovela de nuevo, ya me la contarían además, ahora que se acaba la Gata Salvaje y me he prometido a mí misma no volver a ver una porquería de esas, sólo faltaba que me enganchase a una radionovela. Aunque he de reconocer que no tiene nada que ver.
Ay la que me esperaba. Después tapar las macetas, había que llenarlas de arena. En realidad eso no era lo peor, una palada de piedra pómez gruesa y dos y media de arena ya colada y cocida. También me ayudó Óscar con esto. Faltó arena para todas las cubetas.
Pero lo peor era que estábamos arriba, donde estaba la arena... Y el invernadero estaba abajo... Y la bajada no era lo más agradable del mundo, quiero decir, no estaba pavimentada ni mucho menos. Y para más inri, en la carretilla sólo cabían 4 macetas y mal. Bailaban bastante. Y seguro que aquél que haya usado una carretilla alguna vez, sabe que en cuesta es difícil llevar las cosas sin que se viertan. Pues eso, que había que hacer equilibrios y parar cada 5 metros a recolocar las macetas para que no se volcasen y dejasen el camino lleno de tierra al tiempo que ellas quedaban vacías.
Invoqué a McGiver de nuevo, tenía que haber alguna forma de solucionar esto. Y más que miedo por que se me cayesen a mí, sufría por Óscar, que quería hacer carreras todo el rato y corría a toda leche con la carretilla (obviamente volcó más de una). Les coloqué topes por todos lados a base de raíces de algo que no identifiqué. Y en la parte delantera central le encajé una botella de agua vacía (de un galón, con asa y cuadrada) para que hiciese de tope. Oye, mano de santo. Pero aún así, un coñazo. Sobre todo la subida que aunque era sin carga, se hacía muuuy pesada la carretilla.
Luis, Sebas y Chepe se reían de mí llamándome Mister músculos y diciéndome: esta noche sí que vas a dormir bien, eh?. Como si yo tuviese problemas a la hora de dormir :P La verdad es que sudé barbaridades.
Por la tarde llegaron Alfredo y Jose Luis a ver cómo iba todo. Jose Luis me dió unas cuantas ideas para mi proyecto, que fueron estupendas, pero me obligaban a cambiar muchas cosas. En resumen, no había tiempo para transplantar los tomates. Adiós a mis tomatitos, habría que repetir la siembra el lunes. Mejor, porque yo creo que ya estaban demasiado grandes.