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Desde El Salvador

Sábado 1 de febrero. Sopón de pata y vaguear.

Sin Érika en casa, no había planes de ir a ningún lado hasta las 11.30, así que vagueé delante de la televisión hasta que llegó Adonay para buscarme. Íbamos a ir a la inaguración del "Jálele" el "chupadero" (bar) de Araceli, una de la oficina de FUCRIDES. Ella nos invitaba a sopón de pata de vaca (en realidad luego lleva muuucho más que pata, véase tripas y de todo) y nosotros pagábamos las cervezas que consumiésemos. Me iba a salir bien barato :P
Pasamos a buscar a Marta, Mario y Cecile por la oficina. Jerome no se vino porque es un jodío vago. Al final no se había podido ir a Guate, probablemente para el próximo finde estará allá. Y no sabemos cómo va a hacer, porque en el pueblo indígena NO hay internet.
Fuimos muy poquitos pero lo pasamos bien. Nunca me acuerdo de los chistes, pero como los había contado hacía dos días, puede contar alguno que otro. Y eso que yo no tengo nada de gracia contandolos, pero una se desinhibe y las cervezas del resto ayudan a propagar la risa.
El plan inicial era después del sopón ir con Luis y Adonay a Sonsonate. Son las ferias, hay rodeos, comida y otras cosas que todavía no sé porque no he ido a ninguna :(. Este plan se fue al garete porque nos entretuvimos demasiado y se hizo muy tarde.
Como mi tarde no parecía que fuese a ser demasiado entretenida, me fui a un ciber a pasar el rato. Es mi único recurso, me hubiese ido al cine, pero ya no había más películas que yo quisiese ver en los cines que conozco. Y no sé qué más cosas hacer. Qué triste, si hasta hay veces que lamento no tener libros para leer :P

Viernes 31 de enero.

Otro día que no recuerdo muy bien. Pasé la mañana escribiendo una carta para Pablo y escuchabdo música. A medio día me fui para San Salvador, llegué bastante temprano porque quería ir con Érika a ver "El último Samurai". Me han dicho que menos mal que la vi en versión original subtitulada, que el doblaje del japonés daba pena. Yo lloré a mares hacia el final de la película y Érika se reía de mí: de verdad estás llorando? Y yo le restregaba mi cara húmeda contra su brazo. De nuevo se nos olvidó llevar un jersey al cine, con el A/C a toda máquina y Érika tapándome con los bolsos que traíamos.
A Érika le vino de perlas el salir de casa y despreocuparse, su novio tenía que haber llegado ya hacía horas a casa y no lo había echo. Por fin, después del cine llamó y sí que estaba allí, quedaron que el sábado ella iría allá. Ya me dejó sola y qué envidia, su novio había vuelto ya, por 15 días y yo sin el mío, snifff.

Jueves 30 de enero. Se me olvidó

La verdad es que hace una semana que no escribo y no recuerdo qué carajo hice yo el jueves. Sé que los muchachos me ayudaron por la tarde a colocar las cubetas para los tomates dentro del invernadero pequeñito y que debí estar todo el día trabajando en aquello y/o pensando en Pablo. Pero no creo que haya mucho más que merezca la pena contar.
Ah, bueno, ese día me trajo uno de los muchachos una "zumbadora" una serpiente que cuando te acercas mucho empieza a moverse en forma circular (estilo cobra pero muuucho más deprisa) y que se supone que pega buenas mordidas (pero aquí hay muchas leyendas de esas, hasta serpientes que pican con la cola... alguien que me diga si eso existe, por favor). Esta en particular era muy pequeñita, una cría. Estaba completamente viva y Carlos la sujetaba en sus dedos para que yo le tomase alguna foto. También me traía un "caracol" enorme. A mí me parecía más una caracola.
Aps, por la noche les conté chistes a los muchachos que me había bajado de internet el miércoles. Les debía el de la "monja lógica" porque no había sabido contarlo bien y ya de paso me bajé otros muchos.

Miercoles 28 de enero. Visita a Tacuba, Apaneca, Juayua..

Luis y yo salimos bien temprano para coger el pickup de las 6am. Hice el viaje hasta Cara Sucia haciendo equilibrios sobre un sacao de maíz que llevaba. nos sobrara tiempo, por eso no nos quedamos en el desvío.
A esas horas estaban montando todos los puestos en el pueblo, no había gente por las calles, casi no había tráfico... Qué gusto, nunca lo había visto así.
En el bus hacia Sonsonate procuré dormir, pero hacía una rasca impresionante con las ventanillas abiertas y no sé cómo lo hice que las únicas ventanillas abiertas del bus eran las que estaban a mi lado y la gente no las cerraba. Al llegar a Sonsonate, habíamos quedado con Alfredo casi en la otra punta de la ciudad, así que tocaba caminar.
Él ya llevaba esperando casi una hora, pero por gusto, porque habíamos quedado a las 8 am y eran menos diez.
Había venido en "la patineta" un pickup de FUCRIDES que es bien chiquito y bajito, así que Luis y yo tuvimos que apretujarnos en el asiento delantero y yo tuve que esquivar todo el camino la palanca de cambios. La marcha atrás tenía que ponerla conmigo levantada, o me violaba con la palanca.
Llegamos a una zona del país que está más al norte de donde vivimos. En realidad, habíamos dado una GRAN vuelta pues nuestro destino estaba como a 8 km, pero en línea recta. El caso es que a pie se podría hacer, pero hay que atravesar el parque nacional de "El Imposible" y además hay mucha montañita.
Nuestro destino era Tacuba, el sitio donde vive Luis. Allí íbamos a comprar frijoles pues están más baratos que en otros sitios y cuando tienes que comprar kilos y kilos, la diferencia se nota.
Por el camino, paramos a desayunar en Apaneca, un lugar que me recomendaron vivamente para ir a turistear, ese y Juayua, por donde pasamos a la vuelta. Se le llama a esa carretera, "la ruta de las flores" y se puede ver por el camino multitud de viveros, aunque ahora no parecían estar en producción.
Desde Sonsonate era todo cuesta arriba y según íbamos detrás de un pickup de pasajeros, me explicaron que las grandes patinetas que llevaba atadas a los lados son de gente que baja desde arriba hasta Sonsonate cargados con leña y montados en esas cosas por la carretera. Si hubiéseis visto los frenos y la dirección de aquellas cosas (como los trineos de nieve) os habríais asustado.
La zona era bastante fresca y parece que es así durante todo el año, una delicia, vamos. Es llegar a CEDEFAR y ponerme a sudar con estar un rato a sol. Desde la capital del departamento (Ahuachapán) hasta Tacuba, la carretera estaba en obras. Menos mal que la habían arreglado un poco porque ya nos temíamos que a la vuelta, cargados con frijoles, podría producirse una catástrofe. Como es tiempo de elecciones (21 de marzo) arreglan carreteras por todas partes en los últimos meses, pero ahora ya es increíble la velocidad a la que van.
En Tacuba fuimos a la casa de Luis. Allí estaban sus dos hijas pequeñas y él fue a traer a la mayor (6 o 7 años) del colegio. Qué cosas más lindas. Se me quedaban mirando sorprendidas, pensando "qué chica más rara" "qué raro habla". Todas tenían el pelo corto y una de ellas estaba jugando con un Power-Ranger. Su perro se llamaba Ranger. Creo que le han salido un poco marimachos :P pero es un alivio, no me gustan nada las niñas de este país a las que visten con vestiditos de princesa Disney y llevan la tartera al colegio de Barbie.
Una de ellas le dijo luego a su madre que quería tener una cinta en el pelo como yo, con "ganchitos" (horquillas). Me encanta calar hondo :P
El camino de vuelta fue por otro lado, con un paisaje encantador, la carretera bordeada de grandes árboles, muchos de ellos en plena floración... Precioso. Y en esta zona hay mucho turismo "del caro" hoteles que cobran hasta 80$ por una noche. Imagináos, el salario de un mes de mucha gente.
Me dejaron en Cara Sucia y así me fui al ciber. Ni comí siquiera, la verdad es que estos días estuve desganada y yo temía que fuesen parásitos intestinales o algo así, pero debe ser sólo el calor, que me quita el hambre.

Martes 27 de enero. Tirma fontanera.

Pasé la mayor parte de la mañana y de la tarde aserrando tuberías de PVC y volviéndolas a unir. Ya me siento capaz de poner un grifo en cualquier instalación de PVC. Óscar me ayudó a aserrar por la mañana, pero le cogí el truco y avanzaba cuatro veces más rápido que él. Me sentía muy orgullosa de mí misma. Además, todo esto era para las instalaciones de mi invernaderito y eso me hacía sentir aún mejor.
El día anterior había mirado mis semilleros y una de las variedades había emergido casi toda ella, mientras que en la otra... Desastre total. Le pregunté a Luis si debía empezar a preocuparme y me dijo que esperase un poco más a ver si es que estaban muy profundas... Me temo lo peor.
Hoy conocí al nuevo profe de corte y confección. Les va a enseñar a hacer pantalones. Se acercó a dónde estaba trabajando yo. Imaginadme, llena de polvo, pegamento, tierra y sentada en el suelo entre un montón de tuberías, sacos de plástico y porquerías similares. Y el tipo repeinado, con camisa, pantalón con su raya bien planchada, zapatos lustrosos... Me estuvo interrogando un poco acerca de qué hacía aquí y todo eso. Parece ser que Sebastián se va a ir a Méjico a trabajar y será él quien tome su puesto. La verdad es que no me lo imagino en el puesto de Sebastián, que es una máquina humana y yo a este lo vi así tan modosito y delicadito... Aunque esto no me lo contó él, sino Luis más tarde.
El resto del día, los ratos libres, los pasé escribiendo el blog este. Eso cuando no tenía que huir de las criaturas que me acechaban.
Por la mañana, al ir a ponerme el pantalón, cae algo al suelo. Un grillo pensé yo, pero había que asegurarse así que miré debajo de la cama hacia donde había ido. No estaba ahí, cachis, entonces debe estar en la zapatilla. Cabal, ahí estaba. Pero ¡oh sorpresa! no era un grillito inocente, era una cosa que aquí llaman "cangrejillo" porque se semeja bastante a uno. Debe ser un arácnido (espera que le cuento las patas en la foto... confirmado, es arácnido) y las dos patas delanteras tiene forma de pinzas. Más rápido que un alacrán y además pega unos brincos que no veas. Pero lo peor, es que dicen que tiene una picadura muy muy dolorosa. Puta, y yo me iba a poner los pantalones sin sacudirlos.
Y por la noche, al llegar a mi hebiatación, menos mal que había dejado una luz encendida para no tener que llevar la linterna... Tan feliz iba yo con mis chancletas y si no llega a haber luz piso a la araña. No era una arañita de tamaño normal, obviamente por esas no me asusto. Para que os hagáis a la idea, la envergadura (incluídas las patas) era como medio bolígrafo BIC (usé un boli como escala en la foto). Luis me dijo que esas no son de picadura para preocuparse. Pero jo, el tamaño imponía y yo ya me había llevado un susto.
Y a la cama pronto que al día siguiente había que madrugar mucho.

Lunes 26 de enero. Oficina y regreso al CEDEFAR. Semana con los muchachos.

Por la mañanita en la oficina no había mucho que hacer. Tan sólo fui a sacar el dinero que hemos donado entre todos los primos para el centro de parálisis cerebral (290$) para que Alfredo fuese a comprar madera durante esta semana y así cosntruírles las tarimas para los cultivos hidropónicos. Pero el resto de la mañana lo pasé vagando de acá para allá. Más que nada esperando a Luis para irnos juntos.
Jerome parece que se va a ir a Guatemala el próximo fin de semana. A saber cuándo lo vuelvo a ver. Supongo que iré a visitarlo, pues va a estar en una comunidad de indígenas en la selva y eso merece la pena ir a verlo. Ya veremos si se hace el viaje o no.
Cecile se va a ir dentro de poco a Chalatenango a vivir. El Colocho también. Supongo que volverán los fines de semana así que los veré. Allí van a hacer otro CEDEFAR y la comunidad de Madrid va a construir un megainvernadero allí también. Supongo que en marzo que llegan los materiales todos nos tendremos que pasar por allí a ayudar.
EL viaje de vuelta lo hicimos en un bus "SUPERESPECIAL". Este cuesta 25 ctv más pero tiene asientos reclinables, mucho más espacio para cada uno... Nos pusieron "La muerte tenía un precio", que yo no había visto y es una pena porque obviamente no dió tiempo a acabarla. Me quedo sin saber qué pasa al final con Clint y el otro.
En el pickup de subida, me tocó el pesado de turno. Medio (o entero) borracho se acercó primero a Luis en la parada y empezó a hablar con él, pero Luis me miró extrañado y más tarde me dijo que ese tipo nunca se acercaba a hablar con él. Claro, quería hablar conmigo. Empezó a contarme que estaba muy interesado en que yo le enseñase cosas de las que yo sé que él no sabe. Yo intenté explicarle que no era posible, que yo no tengo ni idea de nada. Y el otro empeñado en que sí, que yo de algo iba a enseñarle y que me invitaba a platicar a su casa para que le enseñase. Yo le decía que no, que no tenía nada que enseñarle. Le dije a Luis: ¿verdad que no tengo nada nuevo que enseñarle? Y el muy cabrón, en un lapsus mental, responde: sólo tu cuerpo. Me quedé... Le pegué un puñetazo en el estómago. Menos mal que lo vió venir y medio se apartó. Cuando ya pudo hablar conmigo a solas se disculpó muchísimo y decía que estaba muy avergonzado por aquello. Que no sabía en qué estaba pensando. Incluso al día siguiente seguía disculpándose, que había estado pensando en ello por la noche y que de verdad no sabía por qué había dicho aquello. Es que ese tipo de comentario me lo espero de Adonay, Colocho, Alexander... Porque bromean mucho conmigo con esas cosas. Pero de Luis... Me parecía impensable.
El caso es que el tipo este ya no me quería dejar en paz. Después de convencerle (o eso creía yo) de que no puedo enseñarle nada, él se empeñó en que fuese a visitar su taller de carpintería para enseñarme "el proceso" que hacen allí. Todavía no me ha quedado muy claro qué significa "proceso" para este hombre, porque usaba la palabra cada diez palabras y siempre que no decía "desarrollo". Ah, y se me olvidaba mencionar el "desarrollo del proceso". Iba tajado y supongo que por eso no se daba cuenta de que me repetía lo mismo mil veces. AL final quedamos en que ya le diría a Eliseo que lo avisase cuando yo fuese a subir al caserío para que él me esperase y me dedicase la mañana entera a explicarme "el proceso". Ah, y me quedó bien claro que debe ser Eliseo quien vaya a avisarle porque "es muy amigo de uno de mis hijos" (repetido no menos de 7 veces). Luis se partía a mis espaldas, pero luego la tomó de nuevo con él, para explicarle todo lo que habíamos hablado nosotros. El que ríe el último ríe mejor.
Habían llegado muy pocos chicos, mañana llegaría alguno más. Para la nueva promoción, que empieza este año, vendrán unos 16 más, aunque siempre va disminuyendo el número a medida que avanza el curso. Se intenta que haya chicas, pero a los padres les da miedo todo. Desde que se queden embarazadas a que hagan el viaje solas hasta el CEDEFAR. Y siempre prefieren mandar a un chico a educarse y que la chica se quede cuidando la casa. Sociedad rural, no se puede pedir mucho más hasta que no se les reeduque.
Por la noche algunos de los chicos me acompañaron hasta la puerta del dormitorio y me quedé hablando con ellos y contando chistes allí. No me dejaban irme a dormir, querían que les hiciera compañía más rato. Menos mal que a las 20h tenían clase y ya se fueron.

Domingo 25 de enero. Subida al cerro del Calvario y regreso

Estaba planeada una excursión a un "turicentro" de por allí. Piscinas, césped y tomar el sol. Todo ello caro. Y se puede hacer cuando quieras en El Salvador. Así que me apunté al plan de quedarnos en el pueblo y subir hasta lo alto del cerro que se veía desde el hotel, donde había una iglesia. Es otra prueba de fé más. 14 estaciones (reflejando algo así como las caídas de Cristo con la cruz y otras cosas más) para llegar hasta arriba.
Primero fuimos a la iglesia del Calvario, que estaba al pie de la subida. Allí teníamos planeado comer yuca frita, pero eran las 8.30 y la señora no llegaría hasta las 9am (si llegaba). Por otra parte, había hambre así que nos volvimos al centro del pueblo a desayunar frente al hotel.
Me puse hasta arriba con el desayuno que me trajeron. Chile relleno, frijoles, tortillas, crema, refrito de tomate y cebolla... Tenía el estómago repleto. Y aún así querían que comiese yuca frita después... Paso.
Nos juntamos un grupito de gente para subir al cerro. De nuevo el paseo hasta la iglesia. Brenda y Meme estaban ya cansados de hacerlo, sobre todo porque Gerardo se puede poner muy pesado a veces. Y ahora tocaba empezar a subir. Nada más empezar veo la primera estación, a pocos metros en horizontal, pero demasiados para mi gusto en vertical. Pensé: es sólo la primera. Ya desde la primera se veía ahí al ladito la segunda. Pregunté si la distancia entre las estaciones venía a ser esa siempre y me dijeron que sí. "Chupado" pensé yo. Sí, sí... Chupado. Que el desnivel que había entre estación y estación compensaba con creces el que estuviesen tan cerquita. Estuve a punto de ir a por un arnés y alguna cuerda. Bueno, no era para tanto, pero estaba empinadísimo y la carreterilla era de cantos rodados, de estos grandes en los que te puedes torcer un tobillo a la mínima.
En la número 7 había una iglesia y allí nos paramos a descansar un poco y a tomar alguna fotografía de las vistas. Reanudamos el camino y cada vez era peor. De vez en cuando pasaba algún coche subiendo. "Allá ellos, no hacen penitencia" pensaba yo para animarme. Pero claro, luego se me pasaba por la mente que para qué carajo necesito hacer penitencia yo, si ni creo ni nada. Entonces pasaba a buscar el beneficio físico y mental de hacer deporte como este. Mucho más ánimo, con diferencia.
La bajada fue peor, porque se te iba todo el cuerpo hacia delante. Estuve a punto de hacerla de espaldas como lo del Cristo Negro, pues comprobé que se iba mucho más cómodo. Pero también hacía mucho más el ridículo y hay días que me despierto vergonzosa. Éste era uno de ellos.
Al llegar a la iglesia de abajo, nos sentamos a descansar y decidimos volver en "taxi". Son monísimos. Son como una motocicleta pero que tiene asientos traseros y tiene techo. Es como un huevo grande o un Smart pequeño. Cabíamos tres y el niño en el asiento trasero y nos llevó hasta la basílica. Después fuimos de compras un rato más y a recoger las cosas del hotel y buscar algo de comer para el camino.
El viaje de vuelta fue otro coñazo, tenía bastante sueño (viajar me da sueño) y de nuevo me tocó pasillo. Al menos en la frontera no había nadie y pasamos rápidamente. Tuve que contar un par de mentiras al oficial de aduanas (como que estoy en trámites de sacarme la visa de estudiante) y al final me volvió a dar tres meses más. A ver si nos consiguen ya una carta de inmigración para no tener mucho problema al pasar las aduanas, que mi pasaporte se está llenando de sellos en los que pone : 90 días y al final se van a dar cuenta de que llevo mucho más tiempo que ese en el país y no me van a dejar entrar de nuevo.
Por el camino paramos a comer unas pupusas. Yo pedí un licuado de melón con leche que estaba de vicioooo. Ais cómo voy a añorar el tener fruta de todo tipo durante casi todo el año. Yo pensé que no me gustaba la fruta, pero es que para comer manzanas y peras no me merecía la pena el esfuerzo de pelarlas. Ahora, estos melones, esta papaya, esta sandía (dulce de verdad), este coco... Ais, qué delicia.
Al llegar a casa, me esperaba una desagradable sorpresa: estaba allí el Chele. Qué susto, joder. Me fue a estrechar la mano y tuve que zafarme porque no la soltaba el mamón. Y luego que me pilló a solas me dijo: ¿por qué no me has llamado? - (yo aguantándome la risa) Porque total, seguro que te iba a ver algún día por aquí y al fin y al cabo, no tengo mayor interés en llamarte.
Sedita quedó. Yo rehuyendo su mirada, su presencia y todo. Vamos, que no volví a dirigirle la palabra hasta que se largó. Yo creo que si la semana que viene Érika me dice que no ha vuelto a llamar, habré logrado que me deje en paz.

Sábado 24 de enero. Viaje a Esquipulas. El día de las colas.

Qué noche más mala pasé. Además de corta (había que levantarse a las 4am), no me puse los tapones en los oídos para poder escuchar la alarma del reloj, así que todos los ruidos del salón y de la calle me estuvieron molestando toda la noche. Y es que no paran de pasar trailers ni a las 2am.
Ya tenía preparadas todas mis cosas, así que ducha y a la calle. Brrr, qué agua más fría y encima no había ni un rayito de sol para secarme. Fui con Alicia hasta el sitio donde debía venir el bus, eran ya las 4.50 y el bus debía venir a las 4.45. Allí había ya mucha gente de la que íbamos a ir, pero aún faltaba gente, y para cuando llegó el bus siguió faltando. Como son así de generosos, esperaron y a las 5.30 con todo el mundo en el bus partimos. Podía haber dormido por lo menos media hora más, grrrr.
Me senté con Alicia, que me dijo que en el pasillo se mareaba así que le dejé la ventanilla (la orilla que dicen ellos). Qué mala suerte, porque yo tenía pensado dormir y sin ventanilla en la que apoyarme eso iba a ser bastante chungo. Encima, ya os he comentado cómo son los buses en este país. Las rodillas se me clavaban en el asiento delantero. Menos mal que al menos al llegar pronto, no me tocó encima de una rueda, eso ya es criminal. Resumiendo, que a pesar de mis dos almohaditas (una iba colocada en el trasero para amortiguar los baches, ya que a la hora de fabricar el asiento no se habían explayado mucho al poner la gomaespuma) me costó horrores encontrar una postura para echar una cabezadita. Eso unido a que para cuando la encontré ya se iba haciendo de día y tuve que tapar mi cabeza con una toalla (no había cortinas, claro) y unido también a que a pesar de ser viejas culonas las que viajaban en el bus gritaban como adolescentes en el viaje de fin de curso.... Al menos el conductor tuvo la decencia de no poner música (no hubo tanta suerte en el viaje de vuelta).
Gerardo era el más pequeño del bus, pero había unos cuantos niños más. Pero aunque era el que menos abultaba, era el que más escándalo hacía. Yo ya le dejé bien clarito que no iba a lograr conquistarme si no hacía otra cosa que llorar porque no le dejaban pasear por el bus. Pero parece que sólo se interesa por mí cuando yo no estoy.
Llegamos a la frontera. Primero hay que registrar la salida de El Salvador y luego la entrada en Guatemala. El resto del bus iba apuntado en un listado de "excursiones" y el organizador de la excursión (don Napo(león)) se encargaba de llevarlo a migración. Yo tenía que conseguir un simple sello en el pasaporte... Pues una odisea, oigan. Primeramente porque no éramos el único bus que iba hacia Esquipulas, así que en el registro de salida especial para excursiones había como 50 personas más y don Napo no es que esté en la flor de su juventud... Y esa picardía que caracteriza a los más jóvenes a la hora de colarse se transforma con la edad en una sorprendente habilidad para no enterarse de que se te están colando. Pero no podía vigilarlo porque yo estaba en mi propia lucha para llegar a mi correspondiente ventanilla.
Meme (el padre de Gerardo) se puso a hacer cola conmigo, pues parecía que se había formado otra cola alternativa y había que explotar todas las posibilidades. Nosotros 3 éramos los únicos que habíamos ido a hacer papeleo. Nuestra cola no avanzaba naaada. La gente llevaba consigo los papeles de otras 5 personas así que aunque había 10 personas delante de mí, se transformaban en 50. Y no sé por qué carajo les lleva tanto tiempo a los oficiales el despachar a la gente si está todo digitalizado. Los documentos de identidad se escanean y así se incluyen automáticamente todos los datos en el formulario electréonico. Con mi pasaporte pasaba lo mismo, escaneado y aparecía mi foto en la pantalla de la computadora del tipo y todos los datos en diferentes casilleros.
Por supuesto, se colaba la gente que daba gusto. Yo intenté llamarles la atención, pero era un tipo con una pinta infame y ya sabéis que en este país cualquiera va armado... No quería arriesgarme y además, había un tipo 2x2 detrás de mí que también estaba muy mosqueado. Yo lo miraba como diciéndole: dile algo al tipo este que se nos está colando. Pero no había forma. De toda la cola fui la única que le plantó algo de cara. Ya cuando quiso colar a otro amigo delante de mí si que no lo dejé pasar. Puse mi brazo en forma de barrera y le dije "haga la cola como todo el mundo".
Y lo más sorprendente es que los únicos oficiales ineptos deben ser los de El Salvador, porque en el registro de entrada a Guatemala, no había ni un alma. Y digo yo que todos los que acabasen sus papeleos en E.S. tenían que pasar por Guate y volver a formar una enorme cola... Pues nada de eso.
Me sorprende bastante la facilidad de paso entre ambos países. Yo podría haber pasado sin que me sellasen el pasaporte en ninguno de los dos lados. Sólo me lo pedían en la ventanilla y no es como en el aeropuerto que tienes que enseñarlo para pasar al otro lado y de allí ya no puedes salir ni entrar sin enseñar el pasaporte. Sencillamente, hacías cola en un sitio, volvías a tu autobús, llegabas a la ventanilla de Guatemala, te lo sellaban y volvías a tu bus de nuevo. Pero podías pasar por delante de las ventanillas sin sellar el pasaporte, no había ninguna barrera ni nada así.
Por otra parte, en lo de las excursiones, el organizador se lleva los DUIs (DNIs) de todos los excursionistas, pero nadie comprueba que los viajeros sean los mismos del listado. Con lo que sí se ponen muy muy quisquillosos es con los niños. Hay que llevar la partida de nacimiento original para que los dejen pasar. Se necesita otro documento, pero no recuerdo cual es.
Llegamos por fin al pueblecito. Estaba a rebosar de gente y había que buscar un hotel. Nos quedamos en el parque de la iglesia mientras un par de hombres iban a ver que encontraban por la zona. Había otra zona de hoteles más baratos, pero quedaba más alejada y para volver por la noche era menos seguro.
Meme regresó diciendo que había encontrado una habitación para 6 personas por 350 quetzales (38.5 euros). Eso es bastante caro en Guatemala. Pero íbamos a dormir 9 personas allí así que nos salía bien. Cómo dormi 9 personas? Pues eran 3 camas dobles y con dos colchones cada una, se bajaba un colchón al suelo y listo. Nos metimos en la habitación: Alicia, su hermana Consuelo, Brenda (hija de consuelo y madre de Gerardo), Meme, Gerardo, Estela (no sé qué es de la familia) y su hija Maria José (9 años) y la abuela Toya (madre de Alicia). Menos mal que sólo íbamos a dormir una noche allí. Al menos tenía baño privado (eso sí que es un lujo, suelen ser compartidos) y hasta televisión por cable. Me enteré de que tenía agua caliente, pero como me dejaron la última para bañarme, no me quedó nada. Y dormí en el suelo. A la hora de pagarla sólo pagamos entre 6 (Brenda, Meme, Alicia, Consuelo, Estela y yo), no entiendo muy bien por qué, pero me salió por 6 euros la noche, así que no dije nada.
Tocaba ir a visitar al Cristo Negro. La cola de entrada salía fuera de la basílica y daba un par de vueltas. Brenda y yo salimos más tarde, nos quedamos viendo un poco el partido de fútbol del Madrid con Meme, hasta que vimos que no se pensaba despegar del televisor y nos fuimos a comer algo. Otra cola más en el "Pollo Campero". Lentísimos, oye. Pero nos fuimos con una hamburguesa, papas y bebida pequeñas por Q11 (E1.2). Así tuvimos algo que hacer en el primer cuarto de hora de espera en la cola para ver al Cristo Negro: comer. De todas formas, Gerardo ya se ocupó de entretener todo el camino, no dejaba de joder el malcriado.
Dos horas de cola hicimos. Y no era el día que peor estaba. El 15 de enero podías hacer colas de hasta 6 horas, supongo que debido a la gente que la hacía entera arrodillados y a que había muchíisima gente más por ser la fiesta del pueblo.
Sí lo que querían era penitencia, la lograban. Por fin llegamos al famoso Cristo Negro. Por el camino había muchos cuadros que habían hecho con las ofrendas que le habían hecho al Cristo a lo largo de los años: virgencitas, figuritas de penitentes, plaquitas de agradecimiento por algún milagro concedido, joyas... Como la virgen de Guadalupe, este debía de condecer todos los milagros. No entiendo por qué este Cristo sí y cualquier otro no... Pero así son estos católicos :P
El Cristo, bastante bonito. Muy adornado con mucho oro y todo eso, pero tampoco era tan impresionante, ni siquiera era muy grande. Lo más gracioso era abandonar el lugar. Se pasaba alrededor del Cristo, empezando por su espalda. Se rodeaba entero hasta que te colocabas justo enfrente a él. Entonces lo tocabas (mentira, tocabas el cristal de la urna donde estaba metido), te santiguabas, pedías tu milagro y te alejabas de allí. Pero te alejabas de espaldas. Ahí comprendí que el Cristo este debía ser realmente milagroso. Porque había que hacer todo el camino hasta salir del edificio (no toda la cola) de espaldas. Y no crean que era algo fácil. El camino era cuesta abajo, tortuoso y resbaladizo. Vamos, que era un auténtico milagro que las viejecitas que llegaban a adorarlo no se rompiesen la cadera en el camino de vuelta. Casi me caigo yo...
Brenda estaba muy emocionada y hasta lloraba, aunque también era por asuntos personales que no viene al cuento que yo airee aquí. Estuvimos un rato en la basílica hasta que salieron los demás. Yo me dediqué a jugar con la cera de las velas que dejaban por los suelos. Muy Tirma el hacer esas cosas, pero me aburría.
Cuando ya salieron todos, Brenda, Meme, Gerardo y yo fuimos al lateral de la basílica. Resulta que a las horas en punto, salía un sacerdote a bendecir con agua a cuanta persona se pusiese en la fila. Quién dice persona, dice lo que llevaban las personas: desde estatuillas de vírgenes a dulces típicos de la zona. Brenda y Meme decían que un baño de agua bendita haría que el niño estuviese callado y quietecito. Así que nos alineamos y allí llegó el cura... Iba con un cubo naranja y una escobilla en las manos. Metía la escobilla en el cubo y empapaba a todo lo que se le ponía por el camino. Y digo empapaba porque soltaba unos goterones con aquello... Era refrescante al menos. Hubo una señora que se puso a perseguirlo toda la cola porque el agua no había tocado una de las figuritas que llevaba. El cura le decía: póngase a la cola, pero la señora no quería oírlo. El agua bendita no me quemó ni nada así, me alegro de no tener nada que ver con Satanás. Creo que no tocaba agua bendita desde los 10 años o por ahí, cuando me salpicaba con mis primos pequeños con el agua en la iglesia de mi pueblo.
Y después fuimos de compras. Hay muchísimos puestos de artesanías, pero para mi pena, muy poca variedad. El puesto que no estaba dedicado a vender rosarios y similares, vendía velas para ofrecer y los que nada de eso, repetían los bolsos y mantas guatemaltecos hasta la saciedad. Aún así me compré: un poncho que me ofrecían por 130Q (14E) y saqué por 80Q (8.75E), un pañuelo-bufanda multicolor por 1.65E, por el mismo precio un bolsito tb multicolor, un gorrito en color crudo por 2.2E, una pulsera y un collar por 1E (los dos, no cada), por un euro cada uno compré un colgantito de plata y una cinta para el pelo. Y luego compré 3Q de conserva de coco, muy empalagosa pero típica y rica.
Ya por la noche volvimos al hotel y fuimos con Alicia a comer carne asada. Te ponían un plato con un filetito (delgado, para qué engañarnos, pero MUY sabroso), un par de cebollines, tres tortillas (que aquí las hacen mucho más delgaditas), frijoles y puré de papa (una cucharada grande de cada) por 12Q (1.3E). Si os doy tanto precio es porque hay gente que me pregunta cuánto cuestan las cosas por aquí. Os doy precios de Guatemala, que es más barato que El Salvador. Es para que os fijéis en dónde pueden ser esas vacaciones de ensueño que queréis hacer pero no tenéis dinero. Buscando billete con antelación y en temporada baja, 15 días en Guatemala os pueden salir bastante más baratos que una semana en Italia, en igualdad de condiciones (es decir, si comparas el dormir en un hotel en Guatemala y el dormir en uno en Italia, uno puede ser 12E la noche y el otro 45E, ahora si en Italia vas de camping, ya cambia mucho la cosa). En Guatemala, con $20 al día (16E) se puede turistear decentemente.
Llegó la hora de dormir y yo lo primero que hice fue ponerme los tapones en los oídos. Benditos sean. Obviamente, entre tanta gente en la habitación, alguno tenía que hacer que roncase. Me contaron a la mañana siguiente que había 2 que roncaron. Yo por la noche algo me pareció oír en alguno de los momentos que pasaron por encima de nuestro colchón para ir al baño. Pero era un ruido apagado y lejano... Los tapones me salvaron la noche, porque para el resto fue muy agitada. A mí sólo me molestaron las idas y venidas al baño a través de mi colchón. Por suerte, Alicia y yo dormíamos en la orillita del colchón y no nos pisotearon.