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Desde El Salvador

Miercoles 14 de enero. Más cinta adhesiva y bajada al pueblo.

Conseguí un poco más de cinta adhesiva para las macetas. De nuevo, un rollo el estar con la labor y de nuevo se volvió a acabar la cinta así que tendría que bajar al pueblo a ver si vendían algo decente. Estupendo porque así me pasaría por el ciber a ver si mi profesor me había respondido de una puñetera vez.
Me alegra ver que los vecinos ya empiezan a conocerme. Hasta mi nombre se saben muchos en el pick up que a mí ni me suenan de vista. Me quedé flipada cuando alguno dijo a otro: que no, que es española, no gringa y se llama Tirma. También la ventaja es que ya no tengo que avisar para que me paren al llegar a casa, el cobrador se lo sabe ya y avisa al conductor cuando llegamos sin que yo diga nada.
Los malditos secuestradores de cartas de la oficina de Correos se han vuelto a quedar con dos cartas. Ya van 4. En realidad no sé si son ellos, pero como son miembros de la mafia que se encarga de que no reciba mis cartas, les echo la culpa igual. A partir de ahora, que me escriban a la oficina de FUCRIDES, porque no me fio nada del Correos de este país. Seguro que es en el camino de San Salvador a Cara Sucia cuando los maleantes asaltan el furgón de las cartas y se llevan las mías.
Intenté buscar la funeraria El Consolador para hacerle la foto prometida, pero olvidé dónde quedaba y por no meterme en "la calle sin ley" y similares lupanares, regresé sobre mis pasos. No vayan a confundirme con alguna "profesional" exótica.
La ferretería Violante estaba cerrada y para mí que sólo allí encontraría la cinta americana. Ya volvería luego, a las 14 deberían abrir. Lo que pasó fue que el tiempo se me fue en el ciber y por los pelos no llego. Menos mal que tenían cinta y que la ferretería estaba al lado del aparcamiento de salida de mi pickup.
En el ciber me dijeron que pensaban que ya me había ido del país, tanto tiempo sin darles mi visita semanal... Hasta tuvieron que desenfundar los ordenadores, a saber cuánto tiempo sin que nadie los usase. Mi profesor me había respondido, menos mal. Además, me daba unas cuantas páginas web para que visitase, así que estuve liada durante un buen rato.
A la hora de irme, me dio tiempo hasta de pedir un licuado. Eso sí que lo echaba de menos... Es que es irresistible, justo en la salida del pickup. Por cierto, el pickup iba extraordinariamente lleno. Yo ya he ido ensardinada en el bus, pero en un pickup ya es terrible aunque esta vez pude meterme por dentro y así no iba con una pierna colgando, como la última vez que el bus iba petado. El caso es que al llegar al desvío para subir por el camino de cabras, tres o cuatro mozos se salieron y se subieron al techo del pickup. Claro... El techo del pickup no es como el del bus... El único techo que tienen los pickup (cuando los dueños se lo ponen para que los clientes no se asoleen) es una estructura de tubos de metal cubierta por una lona de plástico. Vamos... Que en cada bache parecía que el tubo central se doblaba hasta el suelo. Los de abajo, hacíamos presión hacia arriba sobre la barra porque realmente parecía que se nos iban a caer encima. Además, habían colocado allí arriba un par de guacales (palanganas) que a saber que cosa pesada llevaban porque se hundían a lo bestia. A los lugareños les hacía gracia el verme empujando la barra. A saber por qué.
Menos mal que era la primera en bajarme, un tramo de baches más y seguro que eso cedía. No tuve noticias de ningún accidente así que supongo que aguantó. Un alivio, pues hubiese terminado en tragedia.
Nada más llegar, intentamos encontrar la radionovela "A las bichas con pisto les gustan los bichos calle", pero entre que no sabíamos el dial, que la radio que usábamos no tenía aguja para marcarlo y que eso de que empiece a las 17h es sólo relativo... Desistimos porque además en casi todas las cadenas estaban poniendo el discurso de toma de posesión del presidente de Guatemala. Desventajas de vivir en la frontera.
He puesto una cortina de ducha en mi idem. Cada vez parece esto más civilizado. Toalleros, cortina de ducha... Falta el resto de los apliques. El del rollo de papel higiénico lo solucioné hace mucho... Más o menos. De las botellas de agua que compro, tengo dos de 2.5 galones (ahí hagan ustedes la conversión) llenas de agua del grifo para cuando corten el suministro. Pues una de ellas la tengo al lado de mi letrina y resulta que el tapón es del tamaño perfecto para meter el rollo y que quede ajustado. Así no tengo que estar llevando papel todo el rato y tampoco arrastra por el suelo (aunque a veces, si hace mucho viento y no está bien liado, me encuentro un par de metros de papel "paca" por el suelo). Me siento McGiver :P

Domingo 11 de enero. A por la lavadora y más vagueo.

Sí, sí, nos levantamos temprano y vamos al mercado. Las 8.30 y Érika no me ha despertado. Vaya dos dormilonas somos. La intención es pasarse por las tiendas del centro a "cotejar" los precios de las lavadoras, para ver cuál nos llevamos al CEDEFAR. Ah, que no todo el mundo lo sabe. Pues que los Reyes Majos me han dejado una lavadora. Sí, como lo oyen, una lavadora para el CEDEFAR. Bueno, en realidad fue un cheque firmado por Gaspar, Melchor y Baltasar, pero es canjeable en este país. Así que hay que buscar precios para ver qué llevamos.
Logramos salir de casa (hay que ver lo que se puede entretener una con chorradillas) y subimos a un bus cuyo conductor debía estar drogado o algo. Yo según arrancó me di cuenta y se lo comenté a Érika, pero ella, acostumbrada a los conductores locos, me dijo que es que yo había perdido la costumbre. Ya... Que cuando todo el autobús comenzamos a gritar "pareeeee, pareeee" porque no había forma de que se detuviera en la parada que le tocaba, me tuvo que dar la razón. Vamos, que muy bien no iba el hombre. O eso o es sordo.
Fuimos a El Corte Inglés salvadoreño, se llama SIMAN y a mí el nombre me traía dulces recuerdos de nuestro querido SIMAGO, sobre todo de aquél que estaba en la Plaza de Sto Domingo, ais... (Extraños a Guadalajara, abstenerse de encontrarle sentido a este arranque de nostalgia). Es sorprendente lo baratos que están los electrodomésticos en este país: $38 una lavadora!! ERROR. 38 dólares al mes durante 15 meses. Los jodíos siempre lo ponen así, ponen el precio de la letra corrida, y luego ni siquera te ponen el número de meses que has de pagarla. Hasta para una licuadora te hacen eso. Yo, que voy de ricachona por la vida, me dediqué a preguntar precios al contado, que eso de pagar a crédito no va conmigo. Aunque bien mirado, sólo voy a apagar 6 meses... Jejeje.
Bueno, la encontré, lavadora de 30 libras de carga, con 16 ciclos de lavado. Mola. $459, no mola tanto, pero he de decir que fue de lo más barato que encontré, y las otras lavadoras eran de 22 a 25 libras. De todas formas, estaba dentro del presupuesto. Tomamos nota y fuimos en busca de la lavadora perdida (lo siento, sé que no tiene gracia, pero tenía que ponerlo) por más tiendas. Nada. Me moló mucho una de $500. Samsung, digital, sin chirimbolo en el centro del que tienen las lavadoras en este país (son como las eeuuitas, se cargan por arriba y en el centro tienen un eje con paletas que revuelve la ropa (y la destroza toda, por añadidura)), funcionaba con burbujas a presión (o algo así nos intentó vender el tipo de la tienda) y la única de 31 libras aparte de la de SIMAN. Problema: a ver cómo carajo le enseño yo a la señora Lucía a usar una lavadora digital. Si a mi madre ya le cuesta entenderse con todos los mandos que tiene la tele y es algo que usa todos los días... (En su defensa diré que es cierto que hay muchos mandos y muchos botones poco intuitivos, además ahora hay que añadir el mando del DVD (también tenía que decirlo, no es para dar envidia, es para agradecer una vez más a mi querido Pablito por mi regalo de cumple-reyes)).
En definitiva, que apasionante mundo este de las lavadoras. Me encantaron las que tenían la tapa transparente. La verdad, no entiendo por qué, si en España todas las lavadoras dejan ver el interior, pero esto de poder verlo desde arriba le daba otra perspectiva... no sé, como más emocionante.
Hicimos alguna otra compra más, incluyendo un par de sobres de gelatina Royal, me apetecía comer guarrerías. Y las guarrerías que salen de la nevera apetecen muchísimo más. Y si encima no alimentan ni tienen ningún componente nutritivo... Genial. Una guarrería que ayude a mantener la figura, o aporte vitaminas o algo así, no debe ser llamada guarrería. En ese sentido, la gelatina es una estupenda guarrería.
Por la tarde, tan sólo estuvimos dormitando frente a la tele. De esta forma, me expuse al ataque discriminado (sólo iban a por mí) de los zancudos. Se ve que estos 13 días fuera del país han disminuído mi tolerancia al veneno, y se me vuelven a hinchar las picaduras cosa mala. Vuelvo a estar acribillada, vuelvo a ser yo y siento más que nunca que he vuelto a El Salvador.
A última hora, intentamos ir a la peluquera. Estoy harta de pasar calor por el pelo y de que cada vez que se me acerque un niño y su colección de piojos me dé miedo acercarme porque mi pelo les pueda parecer más confortable. Además, las chicas con el pelo corto gustan menos. Pero el destino no estaba conmigo, porque la peluquera no estaba en casa. Otro día será.
Fuimos a por pupusas para la cena. En este país, los domingos cuando no se quiere cocinar no se va a comer por ahí, o se encarga paella o unas pizzas: se va a por pupusas. No tiene sentido que las repartan a domicilio porque en cada barrio hay al menos tres señoras que sacan la plancha a la terraza (o a la acera si no tienen terraza) y se ponen a hacer pupusas. Vamos, que seguro que hay una pupusera al lado. Ah, y sí, pupusera. Yo creo que jamás he oído de un hombre que eche pupusas. Tortillas sí, y hasta los he visto (aunque no torteando en serio, sino haciendo una demostración), pero pupusas nunca.

Lunes 12 de enero. En la oficina y de vuelta al CEDEFAR.

Fui con Alexander a la oficina. Allí conocí al famoso Jose Luis, ingeniero agrónomo español que trabaja con los invernaderos grandes de FUCRIDES. No sé cómo carajo le entienden los salvadoreños. Me cuesta horrores seguirlo a mí... No habla, barrunta y encima la mitad de las veces con el cigarro en la boca. Angelito, cómo fuma.
En la oficina no hice nada, en principio Adonay iba a salir a las 9am hacia el CEDEFAR, y Luis y yo nos iríamos con él. Pero lo liaron y a las 11.30 salimos hacia allá. Mientras tanto, Cecile (que tampoco tiene mucho que hacer en la oficina) y yo pendejeamos un rato por acá y por allá.
El viaje fue como siempre, pero sin tener que estar cambiando de bus. Yo me caía de sueño después del almuerzo, pero entre el calor inmenso y que no tenía dónde apoyar la cabeza, no pude hacer nada por remediarlo. El único incidento notable fue una bronca que tuvo Adonay con un busero. Si es que... Por qué tantos hombres son tan imbéciles? (nótese que no digo todos, tengo que excluir a papá y a Pablo). Resulta que en un cruce, Adonay tenía preferencia, pero el busero se estaba metiendo leeentamente. Adonay, viendo que el otro avanzaba, se paró, por si las moscas. El otro se paró a su vez y Adonay esperó un poco más a ver si se movía y al ver que no, avanzó, con tan mala pata que justo eso había pensado el busero y avanzó a su vez. Esto se repitió otra vez, sin que Adonay dejase de repetir: pendeeeejo, que no sabés manejar. El caso es que se cabreó mucho, aunque no llegó a pasar nada. Lo peor fue que justo en la parada siguiente del bus (a 15 metros del sitio del pique) nosotros teníamos que para también para que se bajase Luis a por queso. EL busero entendió que nos parábamos ahí en medio a propósito y el tipo se bajó gritando y caminó hacia nuestro camioncito. Yo le dije a Adonay: no te bajes, por lo que más quieras, no te bajes. Pero aún dentro del coche, empezaron a insultarse por la ventanilla y el otro le decía que se bajase y blablabla. Hubo un momento en que parecía que el tipo iba a abrir la puerta. Cuando ya se marchó Adonay me enseñó el machete que tenía en la mano por si el tipo abría la puerta. Pero serás gilipollas, le dije (me entendió, ha pasado 3 meses en España). Los autos ni se habían tocado y si Adonay no había bajado del coche fue porque yo se lo pedí. Que si no, ahí estaría dándose de leches con el otro gilipollas. Luego que si en las noticias salen muertos cada día. Pues claro, no te jode, si cada descerebrado lleva un machete en el coche (muchos llevan pistola) y lo saca a la primera de cambio... Vamos, que me enfadé mucho con Adonay por ser tan jodidamente gallito. Acabé duchándolo con una bolsa de agua para que se callase, pero no había forma.
Mi habitación estaba menos asquerosa de lo que pensaba encontrarla, pero aún así, estaba llena de hojarasca y polvo. Deshice el equipaje y sacudí las cosas de hojas (no en ese orden), ya barrería al día siguiente.
Creo que no conté que la gata tuvo los gatitos en mi dormitorio. Debajo de un montón de somieres, casi no se podían ver. Lo malo es que entrar en mi dormitorio es complicado. La gata lo lograba por las noches, pero no sé muy bien cómo. El caso es que Fui a ver qué había pasado con ellos, aunque me temía lo peor. Así fue. En mi ausencia, nadie le había abierto la puerta a la gata, y supongo que se cansó de trepar por sitios extraños y dejó de amamantar a los gatitos. Lloré y todo al verlos allí muertos. Encima no se pueden sacar fácilmente.
Frijoles con arroz, ya los echaba de menos y todo. Para volver a adaptarme a mi nueva vida, me acosté a a las 19 y pico, después de ver, cómo no, la Gata Salvaje. Poco me duró el sueño. A las 20.30 llegaba Óscar gritando que había llegado la de AVON con mi pedido (un pijama). Le dije a Óscar que le explicase que yo estaba durmiendo y que mejor que volviese mañana. Pero lo peor fue el puto viento, que no dejó de soplar y hasta que no me levanté, encontré los tapones y volví a adormilarme, no pude descansar.

Jueves 8 de enero. Viaje en avión y llegada.

Fue un día largo y cansado. Mucho avión. Me había llevado conmigo para entretener el camino "Lo mejor que le puede pasar a un cruasán" (os lo recomiendo, es muy divertido, aunque desvaría un poco hacia el final), pero con tan mala pata que me lo terminé bastante antes de llegar a Miami. Ahora tengo que cargar con un libro ya leído. Había pedido puerta de emergencia, así que pude estirar las patas a mis anchas. Esta vez no tuve la buena suerte de que me pasasen a primera por el morro (y gracias a mi adorado tío), pero al menos los dos chicos que iban a mi lado estaban de muy buen ver. Uno puertorriqueño y el otro de Florida, pero con padre sevillano. Por supuesto, eran gays. Demasiado bueno como para tocarme a mí.
Yo estaba bastante pachucha, la verdad, así que dormité todo lo que pude, sin respetar los horarios a los que me tenía que adaptar. En viajes así de largos, tengo la teoría de que lo mejor es cambiar el reloj a la hora del lugar al que vas a llegar y empezar a adaptarte en el mismo avión. Pero mi cuerpo no me lo permitía esta vez.
Pasé los controles en Miami sin mayor problema. Al oficial que me tenía que interrogar en inmigración, le estaba dando en ese preciso momento un yuyu en la espalda y creo que ni me miró la cara, al menos tenía los ojos cerrados por el dolor y muy biern no creo que me mirase.
En San Salvador tampoco tuve muchos problemas. Tuve algo de suerte, creo yo. Salí escopetada del avión porque llegaba con retraso y ya sabía yo que Alfredo no me habría hecho ni puñetero caso en lo de llamar a Iberia antes de salir y estaría esperando allí desde las 20.15. Fui la primera en llegar a migración y le conté al tipo que estaba becada y estaba estudiando haciendo investigación. Un rollo de aquí te espero, vamos. Parece que con todo el rollo, ni se fijó en que ya me habían dado en la otra ocasión 90 días para regular mi estado en el país. Y casi vi un brillo de arrepentimiento en sus ojos al ponerme el sello con otros 90 días. Me soltó la charla de que tengo que pasar por inmigración y blablabla y ya. Menos mal, porque a Marga resulta que la última vez que entró en el país, le dieron sólo 15 días para pedir una prórroga. Creo que había entrado y salido demasiadas veces y encima debió meter un poco la pata en el interrogatorio: dijo algo así como que estaba trabajando. ERROR. A nadie le gusta que les quiten el trabajo los extranjeros, y menos a los oficiales de inmigración.
Quedaba el peor trago: la aduana. Resulta que yo llevaba un trozo de queso manchego para Alexander. Ese tipo de productos suele ser de los que el oficial aduanero no te deja meter en el país. En el papelito de la declaración jurada de aduanas, yo había puesto con todo mi morro, que no llevaba productos alimenticios. Es que si pones que los llevas, te hacen pasar por mil papeleos que yo no estaba dispuesta a sufrir. Claro que al mentir me arriesgaba a cosas peores, pero yo pensaba decir algo así como que ni se me había ocurrido que aquello pudiese ser ilegal. El caso es que la aduana funciona con el "sistema del semáforo": te plantas frente a un semáforo, pulsas el botón y si sale luz verde, pasas, con luz roja te registran todo el equipaje. Y quedaba pasar por aquello... A pesar de todo lo rápida que fui, una salvadoreña pasó primero por el semáforo: luz roja. Uffff, si ya le ha tocado a ella, hay menos probabilidades de que me toque a mí. Luz verde, menos mal.
Allí me esperaba el Colocho que empezó por disculparse por no haber llamado para despedirse. Érika (ya sé definitivamente que se escribe así) le había comido la cabeza con que yo estuve muy triste por que no llamó y que no le había perdonado. Qué malvada puede ser :P Llegó Alfredo en el coche y pronto me pusieron en alerta: Jerome (también sé definitivamente que se escribe así), Gerónimo para los amigos, había aprendido mucho español en mi ausencia, y nada bueno. Con decir que su maestro había sido Adonay... Y además, cuidado porque parece que sus niveles hormonales están por encima de lo aconsejable. Yo estaba hecha papilla del viaje, pero me animaron bastante las historias. De todas formas, al llegar a casa, di los saludos de rigor y me fui rápidamente a la cama.

Viernes 9 de enero. Jet-lag y fiesta de bienvenida.

En la mañana no hubo nada digno de mención. La pasé dormitando, haciendo la colada y comiendo una sopita de verduras para mi maltrecho estómago. Más tarde, Érika comenzó a preparar lo que sería la cena de esa noche: panes con pollo. La verdad es que le quedaron de muerte. Para cenar iban a venir: Cecile y Jerome, Maureen, Hada Iris y su ""amigo"" Pábel, Marta y Mario y Adonay. Una especie de bienvenida para mí. Hasta me hacen sentir importante, ¡qué sólo me fui 13 días!.
Todo el mundo insistía en que he adelgazado. Supongo que la diarrea galopante que tuve en España debió contribuir a ello, aunque creo haberme pesado antes de volver y pesaba lo mismo que al llegar. Misterios de las básculas. Ya recuperaré todas mis redondeces con unos cuantos frijoles con su cremita correspondiente. Aunque tampoco hay prisa, jejeje.
Adonay llegó con 12 rosas (rosas) y se pasó la noche intentando endilgarle las flores a cualquier otro, como si le diese vergüenza el que fuesen suyas. La verdad es que no es el tipo de detalle que se esperaría de él, tendríais que conocerlo para entenderlo. Le había traído un gran paraguas naranja de España (cortesía de EXPERT, ais, que no, que ya no hace falta hacerles publicidad) para los partidos de fútbol, para que no se "asoleasen" tanto. El naranja, por supuesto, obedece al color del equipo, el Águila.
Jerome se había afeitado la barba y hasta tenía un nosequé de atractivo. Menos mal que ya lo conozco y sé que detrás de los pelos de su barba se esconde un chaval de 16 años. Pero a alguna que no lo conozca, hasta podría engañarla, qué peligro. A mitad de la noche se metió en el cuarto de Alex a jugar algún juego y grabarse un cd de música.
Yo intenté a marchas forzadas recuperar mi salvadoreño sentido de los dobles y triples sentidos (valga la redundancia). Es que una no puede decir que estuvo vomitando porque el chorizo le había sentado mal sin que le saquen punta al asunto... Al final de la noche, a pesar de lo muerta que estaba, Adonay y Érika me dieron el aprobado de nuevo. Estaba en forma. Aunque creo que voy a tener que ejercitar muuucho más, porque hay una nueva radionovela en la que salen puyas de esas todo el tiempo y esta gente insiste en que tengo que aprendérmelas todas. Con sólo la primera que me explicaron, supe que iba a ser muuuy complicado. ¿A alguien se le ocurre qué es "la bajada del payaso"?. Abro ahora mismo un concurso y prometo dar alguna chorrada de premio al primero que lo acierte.

Sábado 10 de enero. Vagueo

Amanecí tardísimo, cosa así de las 9. No he tomado todavía frijoles, mi desayuno consistió en una quesadilla y chocolate con leche (de beber, lo de con leche hay que especificarlo, porque suele ser sólo con agua). Después de ducharme y despejarme, descolgué toda la ropa del día anterior. Algunas cosas habían desteñido, qué horror, para una camisa pijita que tengo y está manchada de amarillo fosforito y rosa fucsia. Ya no me puedo poner decente... O eso o la tiño de algún color oscuro.
Aparte de pasar el día entero en el sofá viendo la tele, quería que me diese algo el aire, así que invité a Érika al cine. $2.40 vale la entrada, para los que me preguntan cuánto cuestan las cosas. Vimos la nueva de Peter Pan, tampoco había mucho más para elegir... De todas formas salimos contentas, la historia era la de Peter Pan de toda la vida, pero nos reímos mucho y la peli era muy bonita. En particular, Campanilla molaba mucho, y si no fuese porque es un niño, diría que Peter estaba para mojar Pan.
Por ir al cine, nos perdimos en la tele "Hormiguitaz" (Hantz (sic)). Yo ya la había visto, pero a Érika todo el mundo la mortificaba con: "qué bonita la película", "te la perdiste, qué pena"... Tenían envidia porque nosotras habíamos ido al cine a ver la maravillosa sonrisa de Pan y ellos no.
Anda, todavía no os he contado que tengo otro enamorado. Otro más, sí. Este pregunta por mí siempre que me voy y disfruta recordando los besos que le doy. Pero he batido un récord, porque casi ni sabe hablar: casi 2 años tiene, pero ya me llama "Tima, Tima" "dónde ta Tima?" "Allá Tima" (en la casa de su tía, que es el hijo de la prima de Érika) Y le preguntan, "cómo te da los besitos Tima?" y él pone unos morritos lindísimos. Antes se asustaba de mí cuándo intentaba hablar con él, pero ahora si le digo algo, pone una sonrisa enoorme y se acerca a mí. Se llama Gerardo y todo el mundo augura una dura competencia entre él y Pablo.

Martes 13 de enero. Preparando las macetas.

Pues toca trabajar. Primero, barrer la habita, que al andar van crujiendo las hojas secas. Después, preparar cosas para el invernadero. Las macetas. Hay que pintarlas de blanco, que de negro... puff, se me fríen los tomates. Para hacerlo, busco a Chepe que me explique cómo usar la bomba y la cal para hacer pintura. Óscar viene a ayudarme y a cambio de escuchar todas las historias de los accidentes que ha tenido estas vacaciones, tengo alguien que le de presión a la pintura. Al principio parecía que no estaba quedando muy allá, pero según secaba, se notaba cómo la cal tapaba el negro.
Acabamos los dos bañados en pintura. Óscar, que es bastante negro, parecía Michael Jackson. Encima él se divertía restregándose la pintura por todas partes. Acabó bien chele. Pero tenía que ducharse muy a su pesar, hoy es el primer día de cole y a las 12.30 tenía clase.
Después de comer, tocaba tapar los agujeros de las macetas. Qué horror de tarea. Me llevé el discman y una silla. Tuve que estar cortando trozos de cinta americana (no se corta tan fácil como otras) y pegarlos en los agujeros. 4 agujeros por maceta y encima había que pegar por dentro y por fuera. Todo para que al final se salga el agua, fijo. Y encima la cinta no dió para todas. El tiempo que estuve yo sola se me hizo terrible. Ya me estaba entrando una depresión y ganas de volver a casa de una vez. Menos mal que volvió Óscar de la escuela y se puso a cortar la cinta, de forma que sólo tenía que pegarla... Muuucho más rápido así.
Mientras llegó "la gringa", la de AVON, vamos. La llaman así porque se tiñe de rubio (se pinta el pelo, dicen aquí). Le pagué el pijama y como para la pobre debo ser su mejor cliente, le encargué un brillo con sabor a sandía, por hacerle el favor. A saber qué birria de porcentaje sobre las ventas se llevan, pero puede que hasta le dé para vivir y todo.
Venía con un par de niñas que la llamaban "mami", y parecía tan ... no sé, pero no le pegaba tener niñas. Más que nada porque me han contado que tiene fama de ser la que "inicia" a todos los muchachos del pueblecito. Asaltacunas en castellano. Pero claro, supongo que si es tan promiscua, es lo más normal del mundo que tenga críos.

8 de enero. Madrid. De vuelta a la aventura.

Después de un receso vacacional, durante el cual no escribí nada de nada de los últimos días (y no porque no pasasen cosas interesantes, sino por el simple hecho de que soy una vaga redomada), mañana vuelvo a embarcarme rumbo a El Salvador y seguiré contando muchas cosejas. Si me termino de animar, que lo suyo cuesta y hasta yo me sorprendo de haber escrito todo lo que hay aquí.
Seguiré con esto :)