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Desde El Salvador

Domingo 14 de diciembre. Baño en las pozas, museo de Perkín y viaje de vuelta.

Por la mañana oí ruidos y me animé a levantarme, total, no creí que pudiese dormir mucho más. Tan sólo estaban despiertos Maureen y Colocho. Maureen había pasado una noche horrible porque alguien se había llevado su saco de dormir (Érica) y Hada retiró la parte de manta que le correspondía a Maureen para taparse ella, ya que no tenía otra cosa.
Despertamos a Érica (que había dormido bastante bien) y Colocho reavivó el fuego de la noche anterior a base de soplidos en las brasas. Bravo por nosotros que no teníamos ni mechero ni cerillas. Pero pudimos poner el agua para el café y más tarde para el chocolate.
Mientras estábamos en esas, amaneció Gerónimo... Salió como una bala de la tienda, hecho una furia, como sale la vaquilla a la plaza, directo hacia las gallinas que picoteaban alrededor. Por poco no pisa una. En realidad, el blanco de su furia pretendía ser el gallo, que desde las 4.30 no había parado de cantar. Por mi parte, el canto del gallo lo tengo superado, en el CEDEFAR también es bastante madrugador y ya básicamente lo ignoro. Pero se ve que Gerónimo no pudo dormir bien a causa de esto.
Maureen se retiró a dormir de nuevo, ahora que había hueco en la tienda de Érica, con su saco. Adonai amaneció por entonces y ya empezaron las bromas con el "a saber que han hecho esos tres en la tienda ellos solitos toda a noche". Para continuar con lo del viernes, comenzaron a enseñarle a Gerónimo más español... Y no quedó títere con cabeza.
Estábamos hechos un asco, y queríamos ir a bañarnos al río, pero yo me negué en redondo hasta que no saliese un poco el sol: podíamos morir de hipotermia. Adonai no aguantaba más y fue a lavarse, pero volvió con tan sólo el pelo mojado... Demasiada gente y el agua demasiado fría. Ya lo sabía yo.
Avanzó un poco más la mañana, amaneció todo el mundo y decidimos que los chicos (menos Gerónimo, que no estaba por la labor) fuesen primero a lavarse y explorasen el terreno para aconsejarnos bien. En teoría iban a volver en un momentito, pero tardaron tanto que fuimos a buscarlos, dejando a Gerónimo a cargo de las cosas.
Venían de regreso justamente. Le dijimos al Colocho que en lo que nos bañábamos nosotras, preparasen el desayuno. Jejeje, Érica es toda una mandona cuando se lo propone.
Qué maravilla de pozas, había una con cascada y encima la gente ya casi se había ido. En la de la cascada se metió en seguida Marta, que no había traído bañador y usaba una camiseta y un pantalón corto. Miss camiseta mojada. Parece ser que sólo nos metimos a nadar las extranjeras. Allí estábamos disfrutando de la cascada. En una de las veces que me fui a tirar al agua, me picó una maldita abeja en la palma de la mano. Es que hay que ver, no me pican en el CEDEFAR que están cabreadas por quitarles la miel y me pican aquí, que no había ni una sola abeja.
El agua helada, eso sí, pero qué bien sentaba aquello. Nos daba lástima bañarnos en aquel lugar que (parecía que) estaba tan limpio. Pero la mugre que llevábamos encima por el viaje pedía a gritos que usásemos algo de jabón. Si es que acabamos rebozados en polvo durante el viaje...
Así que vimos a un muchacho por allá y le preguntamos si podíamos bañarnos por allí. Dijo que todo el mundo lo hacía, pero aún así nos dió pena y bajamos más abajo, donde ya no había pozas y corría el agua. Improvisamos una ducha a base de bolsas que llenábamos con agua, y por pareja y en turnos, logramos enjabonarnos y aclararnos. Con el bañador puesto, por supuesto.
Marta se quedó hablando con el chiquillo, que resulta que trabaja allí. El pobre trabaja por $3 a la semana y arroz y tortillas para comer. El dueño explota a toda la flota de chiquillos que lo ayudan, pero ellos ni tienen familia que se ocupe de ellos ni otro trabajo. Y o trabajan allí o probablemente caigan en alguna mara (pandilla).
Después del refrescante baño, subimos a desayunar. Colocho había preparado hacía siglos el desayuno y lo tenía metido en la hielera para que no se enfriase. Plátano asado, frijolitos machacados, queso, atún con vegetales y cómo no, tortillas. Por cierto, en este país se dice muchísimo lo de "cómo no!" para decir "claro", "por supuesto", etc. A mí se me ha pegado muchísimo, pero es que me encantó cuando lo oí y me esforcé en usarlo. También hay otra cosa que se usa mucho: "cabal" para decir "justamente", "precisamente". También se me ha pegado :P
A lo que iba, Colocho nos preparó todo, nos sirvió, nos insistía en que nos sentásemos que él ya hacía todo. Un cielo. Mientras, Gerónimo y Adonai dormían. Arnoldo también había colaborado para hacer el desayuno. Así que desayunamos (aunque casi era la hora del almuerzo) como unas reinas.
Recogimos el campamento y marchamos hacia Perkín, a ver el Museo de la Revolución Salvadoreña. Quedamos en que le hubiese venido mejor el nombre de Museo del Intento de Revolución Salvadoreña. Como en la mayoría de sitios del estado, los extranjeros pagábamos más que los del país. Me parece una medida adecuada, sobre todo sabiendo que hay muchos que no pueden permitirse casi ni los 50 centavos que cuesta a los nacionales.
El museo era algo cutre, la verdad. Por una parte, la primera sala estaba dedicada a los inicios y las causas del levantamiento, a los personajes más destacados de ambos bandos y a los mártires de la revolución. Consistía más que nada en fotografías, textos explicativos y algún recorte de prensa. Lo que pasa es que estaba bastante estropeado por la humedad y en muchos casos hasta faltaban los textos.
La siguiente sala estaba dedicada a cómo otros países habían ayudado a la revolución. Carteles de un montón de países invitando a charlas, manifestaciones, solicitando apoyo... Había unos cuantos de Cataluña y Valencia.
Otra sala era acerca de lo que se hacía en los campamentos de la guerrilla. Había desde fotografías de los entrenamientos a cuadernos en los que se veía las cosas que les enseñaban (por si se os pasa por la cabeza, no había nada de ideas comunistas sino ríos, geografía y matemáticas). También había material médico, cuadernos de códigos (la leche para transmitir un mensaje... y no entiendo cómo el enemigo puede descifrar esa cosas!)
El resto del museo eran armas. Entregadas por ambos bandos para el museo. Las del ejército solían llevar una anotación de "fabricado por EEUU". Había desde fusiles de asalto a morteros e incluso un cascote de avión. Fuera del museo había una bomba y el agujero que supuestamente había dejado. Jolín con el hoyito. También fuera, debajo de unos árboles, había unos soportes de madera a los que estaban clavadas unas hojas con testimonios anónimos de las diferentes matanzas que hubo a principios de la guerra por parte del ejército. Yo ya había visto cosas de esas en el libro que ya os dije que leí, pero Cecile y Marta se quedaron bastante asombradas de las barbaridades que hicieron.
En los baños, Marta se encontró con un tipo que la saludó así: ¿Qué eres, del Estado? - Sí, de la misma capital del Reino. Y tú catalán, ¿verdad? Yo los veía y me partía. A menudo veo gente por la calle y me digo: estos son españoles. Sobre todo gente joven.
Tomamos algo a la salida del museo y pasamos a visitar la iglesia del pueblo. Era muy sencillita, pero acogedora a más no poder. Me vais a perdonar que no me acuerde del nombre de esto que suele haber en muchas iglesias, las escenas de la crucificación en orden... ¿La Pasión? Lo que sea, así lo llamo para que me entendáis, ya me corregiréis. Bueno, el caso es que en esta iglesia, por cada ¿paso? (es que ya sabéis que no soy muy religiosa que se diga, jejeje) de la Pasión había una frase de Monseñor Romero que tenía (más o menos) que ver con el tema del cuadrito. Y es que el tipo este quería emular a su Señor en todo lo que hacía con su vida. Creo no obstante, que no logró hacer ningún milagro. Pobrecillo, asesinado en mitad de una misa (y sus misas eran multitudinarias), así cuando levantaba el Copón para bendecirlo.
Viaaaaje de vuelta. Paramos a comer en un río del camino. Unas ganas de bañarme... Pero si lo hacía el rebozado en polvo iba a ser completo, una mezclilla de barro y agua... Brrrr.
Nos aburríamos bastante así que estuvimos cantando los repertorios de canciones de Sabina, Perales, Serrat, Mercedes Sosa, Ricardo Arjona, rancheras... De todo. Procurando que todo el mundo las conociese. Antes de llegar, encontramos un atasco terribleeee. Un trailer se había cruzado en la carretera y estaba varado en el arcén. Imposible sacarlo. Pero esperamos, esperamos y esperamos más hasta que apartaron un poco del maldito trasto y los coches pequeños pudimos pasar. Se nos acabaron todos los repertorios de canciones y comenzamos con los poemas. Yo sólo me sé el de "Canción del Pirata" de Espronceda. Al menos es largo, aunque del final ya no me acuerdo... Pero Hada, Maureen y Érica se sabían unos cuantos...
Llegando a SanSal, paramos en Olocuilta, pueblo famoso por sus pupusas. Creo que no os he contado en que consiste una pupusa: Es como la tortilla, masa de maíz cocido, molida y amasada que se coloca en una superficie caliente (comal) y ahí se tuesta. Tiene forma redonda, un espesor de menos de medio centímetro y un diámetro de unos 12 cm, aunque estas medidas varían según la zona del país. La grandísima diferencia, es que las pupusas están rellenas. Rellenas de queso, de frijoles, de chicharrón o todo junto (revueltas). Están de muerte. Los que vengan a visitarme lo comprobarán.
El resto del viaje lo pasé durmiendo. Fuimos dejando a todo el mundo en sus casas y yo ni me enteré, pasaban por encima de mí pisándome y todo y yo implemente me revolvía. Estaba muertecita. Ya hasta quería quedarme a dormir en el pickup. Pero llegamos a casa y había que descargar todo para que Adonai se fuese a su casa. El pobre se pegó una panzada a conducir increíble, la verdad.

Sábado 13 de diciembre. Viaje larguísimo en pick up y acampada en el Llano del Muerto.

Amanecimos a duras penas hacia las 6 de la mañana. Yo desperté porque oí las voces en la cocina de Érica contando mis "hazañas" del día anterior a su madre y al Colocho. Una no puede hacer el ridículo sin que se propague a los 4 vientos, córcholis. Menos mal que soy la primera que se ríe de todas esas cosas. Y menos mal que sé vencer la vergüenza cuando hace falta. Porque si no, en este país, lo iba a pasar mal.
Comenzamos a preparar las cosas para la acampada: tiendas, sacos de dormir, comida, agua... Aunque teníamos pensado parar en San Miguel para comprar en un supermercado. Yo no tenía saco, así que me llevé la colchita con la que duermo. Había muchas cosas, y muchas más cuando llegó Adonai con el resto de la gente. En total, éramos 10. Cada uno con su mochila... Según comenzamos a apilar las cosas en el pick up, nos dimos cuenta de que iba a quedar poco sitio para nosotros allí dentro. Pero había que apechugar.
Quiénes íbamos: Érica, su primo Arnoldo, su amiga Hada Iris, Colocho, Marta, Adonai, Cecile, Gerome, Maureen y yo. Marta estaba cansada y se fue delante con Colocho, a quien mandamos ahí por ser muy alto y ocuapar mucho atrás.
Colocho colocó un toldo en la parte trasera para que los que íbamos allí no nos tostásemos al sol. Era una grandísima idea, pero en cuanto salimos a la autopista, el viento empezó a zarandearlo y aquello hacía un enooorme ruido y tuvimos que parar para quitarlo.
Pero sin adelantar acontecimientos, que la primera odisea fue meternos allí dentro. Sentados, yo fui a por un cojín para la espalda que no me golpease con la chapa del vehículo. Acto seguido todo el mundo quiso uno y dejamos a la pobre Alicia sin cojines en sus sofás. Descalzos, que no era plan de ir pisando a todo el mundo con las botas de montaña. Yo por precaución, hice el viaje en chancletas, fáciles de poner y quitar aunque para saltar del remolque y volver a subir en las múltiples paradas del camino, era bastante más complicado que con las deportivas.
El viaje fue... Laaaaaargo. Creo que en total fueron 7 horas de camino. Hicimos paradas para que Gerónimo mease. Creo que debe tener algún problema de retención de líquidos, era muy gracioso porque decía: "tengo pipí". Esto, un tipo de metro ochenta y unos cien kilos de peso. La primera vez, los de atrás nos dimos por enterados, pero pensamos que tampoco había urgencia y esperamos a la próxima parada. Sí que había urgencia y bastante. Gerónimo nos miró con cara de: TENGO PIPÍ! PARAD YA! y dijo algo parecido, pero ya sabemos que su español no es demasiado bueno todavía. Vamos, que hubo que golpear la cabina para que Adonai parase y explicarle la situación. Seguimos adelante, buscando algún lugar en el que se pudiese refugiar de miradas indiscretas, pero creo que ya comenté que la densidad de población de este país es tan alta que ni mear en un ladito de la carretera está fácil. Y Gerónimo se desesperaba más. Cuando por fin vemos un sitio donde podría miccionar. Y según está en ello, aparece una viejecita caminando hacia él. Nosotros nos partíamos de la risa desde el remolque. Aunque también estuvo gracioso al día siguiente en el camino de vuelta cuando era de noche. Érica también bajó a mear y se llevó una linterna, y con tan mala suerte que justo al encenderla lo primero a lo que apunta es a Gerónimo. Y todos vimos a Gerónimo meando.
Gerónimo también nos dió el viaje con otras cosas. Por una parte, se paso el viaje de ida emulando a Leo en Titanic y levantándose en el remolque, con todo el viento de cara, gritaba: ¡Soy el rey del mundo! con los brazos abiertos en cruz. De rey, pasó a ser emperador para el resto del viaje. Mientras nosotros poníamos nuestros nombres en los vasos para reutilizarlos, él rotuló el suyo con: Constantino, USA-France, Fuck off, I'm the best, Soy el imperador... su vaso estaba lleno de cosas así. Seguro que si miro un poco más, también encuentro alguna alusión al Señor de los Anillos y a Star Wars.
En el viaje hicimos parada para comer, para comprar coco, a repostar (el diesel lo patrocinaba FUCRIDES) y a volver a poner el toldito porque nos estábamos requeteasando. Cecile iba con una toalla en la cabeza, Gerome se sentía más valiente y sólo llevaba sus gafas de sol... Menos mal que logramos convencerlo para que se pusiese crema. Yo iba con mi sombrerito amarillo, se metían mucho con él. Érica no lo aceptó cuando se lo ofrecí porque decía que le daba vergüenza, que no iba a llevar un sombrerito de Gilligan. Peor para ella :P
Cuando llegamos a San Francisco Gotera, recogimos a Nidia, una compañera de Alexander y el Colocho, que vive allí y tiene una casa cerca del sitio en el que íbamos a acampar. Decía ella que era un cafetal, pero además de cafetal, tiene una señora casa que están arreglando para turismo rural. Al recoger a Nidia, ésta nos invitó a una botella de "Powerade" grande para cada uno. Estábamos muy sedientos, San Miguel es un departamento muy caluroso.
Y seguimos nuestro ajetreado viaje. En el camino, dejamos a Nidia en su cafetalito. Llegamos al Llano del Muerto, donde hay parcelas en las que han montado "Turicentros", en algunos hay piscinas, en otros hay río. Fuimos al del río con las pozas aunque costaba el doble, $2 per capita. hubo que lidiar además con el "encargado" del lugar, que era un feroz negociante. Un chaval de unos 10 años al que más tarde dejamos encargado de vigilar nuestras cosas, a riesgo de que devolviese un 200% del valor de lo que desapareciese. A la mañana siguiente también negociamos con él las tortillas del desayuno. Madre mía que espabilado.
Había que montar el campamento antes de que anocheciese y era un poco lío, porque había una canadiense que había que empalmar con celo los palos y dos iglúes que no tenían piquetas decentes. Pero lo logramos y terminamos de organizar las cosas. A todo esto, Marta estaba algo nerviosa, porque habíamos quedado con Mario en El Mozote hacía ya horas, pero con lo que nos había llevado el camino...
De nuevo al picachón para ir a El Mozote. Cargamos algo para hacer allá la cena y algo de abrigo, que ya estábamos a bastante altitud y el vientecillo en el remolque es traicionero por la noche. Pasamos a recoger a Nidia para que nos guiase.
En El Mozote esperábamos encontrar una gran fiesta por la vigilia. Pero no había nadie. Preguntando preguntando, averiguamos que la fiesta había sido por la mañana, que ahora solamente había en Perkín proyecciones de alguna película sobre la guerra, pero que ya estarían acabando. Nuestro gozo en un pozo, y más el de Marta, que no pudo averiguar nada acerca del paradero de Mario. Pero visitamos el memorial.
La matanza fue en el año 1981 y no se comenzaron a exhumar cuerpos hasta 1992, cuando acabó la guerra. En 1993, con la amnistía que instauraron, una política de "borrón y cuenta nueva", se dejó de extraer cuerpos de las fosas comunes, aunque ya en el 2001 se reanudaron las tareas, como "recuperación de la memoria histórica". En este país no les gusta remover viejas cenizas en general, pero parece ser que menos todavía a la parte del ejército que a la de la guerrilla. Por algo será. Yo hablo con la gente de FUCRIDES, en su mayoría fueron guerrilleros, y no dejan de admitir que se hicieron muchas burradas por su parte, pero que al menos no tienen entre sus "hazañas" ninguna matanza como las que hizo el Estado. La famosa técnica de "tierra arrasada" o "dejar sin agua al pez" se convirtió muchas veces en matanzas de poblaciones enteras, pues la guerrilla acudía a las poblaciones a abastecerse. Allí no quedaba nada con vida. Ni seres humanos ni animales.
El memorial consiste en las siluetas en metal pintado de negro de los componentes de una familia: padre, madre, hijo e hija. Debajo hay una placa que dice:
---Ellos no han muerto, están con nosotros, con ustedes y con la humanidad entera.---
Detrás, en placas de madera, están los nombres de loc cadáveres que ha sido ya exhumados, en cada placa los nombres de los que se encontraron juntos.
Maureen y Hada Iris se pusieron a preparar sandwiches de tomate, mortadela, aguacate y mayonesa. Bien ricos, sobre todo con el hambre que teníamos. Los devoramos y aún había mucha hambre.
A la vuelta, Nidia le dijo a Adonai que fuese por otro camino. Los que íbamos en le remolque lo flipamos. Vaya camino de cabras. Yo me lo pasaba como una enana, gritando como si estuviésemos en el parque de atracciones. Colocho tenía una cara de susto que no podía con ella, porque se supone que él y Érica eran responsables de lo que nos ocurriese, y ya se imaginaba que por ese camino acabaríamos despeñados barranco abajo.
Al llegar al campamento, yo me retiré a dormir de una vez. Estaba machacada por el viaje y ni siquiera esperé al rico chocolate que iban a preparar.
Para dormir, yo no tenía saco, había traído una mantita y Hada había puesto una peazo de manta de estas de peluche en el suelo de la tienda. tuve que dormir con la sudadera y el pantalón largo por el frío que hacía. Lo poco que pude dormir, vamos, porque hubo unas cuantas distracciones:
-- Por una parte, la parcela en la que estábamos estaba también ocupada por una congregación de locos evangelistas o algo así. Hasta bien tarde estuvieron reunidos alrededor del fuego alabando al Señor a grito pelado. Aleluyaaaa!!!! A Érica lo que la mató fue una de las veces que el tipo gritó: ¡¡Ya viene el fin del mundo!! y todos corearon ¡¡¡Aleluya!!!.
-- Por otra parte, en la parcela de al lado estaban acampados un grupo bastante numeroso, cuyo payaso oficial tenía una muy potente voz. El muy hijo de p*** se pasó la noche entera puteando a todo el mundo: ¡¡¡Reclutas!!! ¡No he dicho que puedan dormir! ¡Todo el mundo fuera de sus tiendas!
-- Pero los que ya me conocen saben que esas tonterías no son capaces de quitarme el sueño. Lo que a mí me impidió dormir fueron los putos ronquidos de Cecile, que estaba a mi lado. En su saco dormía como un angelito, pero roncaba como un hipopótamo la jodía. Encima se pasó la mayor parte de la noche girada hacia mi lado. Cada 2x3 comenzaba a empujarla para que se espabilase un poco y dejase de roncar, cambiase de postura o algo así. Pero poco duraba. Y precisamente me había olvidado de los tapones para los oídos, que últimamente siempre cargo conmigo. Vaya noche la de aquél día.

Viernes 12 de diciembre. Despedida con los de la oficina en El Boquerón y bailoteo nocturno.

Eliseo, Lucía, Luis y yo estábamos invitados al almuerzo de despedida que se había planeado el último día que estuve en la oficina. Salíamos a las 8 de la mañana para poder llegar a las 11 y comer a las 12 en el volcán. Pero los medios de transporte no nos fueron muy benignos y el bus hasta Sonsonate tardó siiiglos en llegar y encima cuando llegó estaba hasta arriba. Tocó ir de pie buena parte del camino, hasta que al lado de Luis quedó un sitio libre y me pasé a la parte trasera. Voy a hacer lo que hace Luis siempre, se cuela por la puerta trasera y suele encontrar sitio. Además, aquí la puerta trasera está justo en la parte de atrás del bus. Es una lucha colarse por ahí. En realidad, montarse al bus suele ser siempre una lucha.
En el bus a SanSal pusieron "George de la jungla" pero básicamente la dormí entera, creo que me libré de una buena al hacerlo. No sé si el resto disfrutó la película, aunque a Luis lo oía reir de vez en cuando.
Al llegar a SanSal, agarramos un bus hacia la oficina: ¡qué caos! Aparte de que casi no había sitio (la nuestra era una de las primeras paradas y había, pero luego empezaron a meter gente a presión), el conductor, para coger más gente y evitar el atasco, se metió por otro lado. La verdad es que el atasco era grande porque había protestas por los tratados de libre comercio con EEUU, pero no era normal el cómo iban metiendo gente y más gente: "¡¡¡tópense (júntense) que llevan ropa!!!" "tópense tópense, entren por atrás que hay sitio!!" y una mierda sitio, tal vez estaban menos aplastados, pero vamos, qué odisea para salir del puñetero bus. Luis y Eliseo bajaron una parada antes de llegar y Lucía y yo, que íbamos cargadas con todas las bolsas, nos costó salir un triunfo o dos. Yo creo que me paré encima de toda la gente (los pisé). Pero en estos casos: ajo y agua.
Total que llegamos media hora tarde. Entre eso y la """proverbial puntualidad salvadoreña""" (muchas comillas) acabamos por salir de la oficina a las mil. Eso sí, llevábamos platos de comida caliente, ron, champán, cerveza, coca-cola y aperitivos.
A mí me había tocado ir en el jeep con Alfredo, pero me parecía mucho más divertido ir en el pick up grande con los chicos, que el jeep de Alfredo estaba lleno de vejestorios de la oficina. De todas formas, no permitieron que fuese en la parte de atrás, yo creo que más por miedo de que me comiese la comida (que la llevaban ellos, otro punto más a su favor) que por galantería. Así que con Adonai y Luis en la cabina y Colocho, Jesús y Eliseo en el remolque.
Paramos en una gasolinera a repostar y justo allí estaba Humberto con el otro jeep. Fuimos a comprar alguna guarrería a la tienda de la gasolinera, que ya hacía sed. Me pidieron permiso para comprar unas cervezas, yo no entendía por qué me tenían que pedir permiso a mí para ello, pero me dijeron que tal vez me molestase el olor o verlos beber.
Cuando llegamos, sólo quedaba por llegar el ingeniero Figueroa y los vejestorios que lo acompañaban. Bueno, también iba Maureen con ellos, que había sido invitada aunque no tuviese mucho que ver con FUCRIDES. Yo me alegré de tener una chica de mi edad por allí, ya que Marta no había podido venir porque estaba organizando una cumbre de rectores en la UES.
Nada más llegar, nos ofrecieron una copa de champán. Yo la rechacé porque preferí inclinarme por el ron con coca-cola. Tomé algún aperitivo para que no cayese en estómago vacío, pero rápido se me subió a la cabeza.
Para comer: carne asada, casamiento (frijoles con arroz), chimol (tomate con cilantro y alguna otra cosa que no identifico) y un chorizo argentino (se parece al chorizo criollo). Bien rico aunque la carne hubiese que comerla con los dedos pues los cuchillos de plástico no funcionan con la carne de este país. Pero como ya estoy acostumbrada a comer todo con las manos... Pues tranquilamente agarré el filete entre mis dedos y me dediqué a meterle bocados cual troglodita.
Y mietras tanto más ron... El ingeniero se ofreció a rellenarnos los vasos a Maureen y a mí. Dijo que nos pondría "ración de dama". Joer, pues si esa era la de dama, hay que ser MUY hombre para beber la de hombre. Estaba cargadita de veras. Claro, ya no estaba segura de poder levantarme del montoncito de hierbas en el que estaba sentada para comer. Porque estábamos sentados en la ladera del volcán, que hay un jardín precioso y aunque hay alguna mesa y bancos, son pocos y nosotros éramos muchos.
Bueno, las risas se empezaron a multiplicar por todas partes. Conmigo se reían mucho porque insistían en enseñarme nuevas expresiones salvadoreñas, y nuevos chistes:
--En qué se parece el dolor de muelas a hacer el amor? En que aunque duela no quieres que la saquen.
--¿Cuál es la diferencia entre "lástima" y "lastima"? El tamaño.
Como podéis suponer, aquello degeneró en meterse con la vida sexual de cada uno. Creo que el peor parado (por ser con el que más fregaron) fue Gerome (Gerónimo) que acabó con el cartelito de "Gatorade". Sólo pronunciad el nombre en inglés para saber a qué se refieren en este país con eso.
Cuando ya se fue haciendo tarde, comenzó la gente a irse. Nosotros fuimos los últimos, esta vez nos llevamos a Maureen con nosotros, pobrecita, no iba a volver con las momias de los ingenieros y el doctor. Ambas teníamos las cosas en la oficina, así que quisimos pasar por allá cuanto antes. Mal asunto, porque ni estaban sus papeles ni mi maleta, que se la había llevado Alfredo a casa. Así que rumbo a casa, esta vez ya con Alexander. Antes de irnos, decidimos que esa noche iríamos a bailar a una discoteca que se llama "Dolce Fierro" y quedamos con Adonai, Luis y Eliseo allá.
Al ir a casa (Maureen se vino también) logré convencer a Érica de que se viniese con nosotros, aunque al Colocho no logramos animarlo, estaba cansado. Se suponía que al día siguiente íbamos a salir a las 7.30 am rumbo al "Llano del Muerto" donde íbamos a acampar y desde allí ir a la vigilia de "El Mozote" en conmemoración de una gran matanza que hubo allí al comienzo de la guerra. Así que había que madrugar. Pero da iguaaaal, se madruga y ya dormiremos en el viaje. Eso pensábamos, jejeje.
Pasamos a buscar a Cecile, que se apuntó también a la juerga. A las 21.15 llegamos a Dolce Fierro, pensábamos encontrar allí a los tres mosqueperros, pero todavía no habían llegado. Yo pedí una ración de nachos con guacamol y un jugo de naranja para amortizar los 7$ de la entrada, de los cuales 5 eran de consumo obligatorio. Ah, que no he explicado como era el lugar: había muchas mesas largas en las que la gente se sentaba a cenar o tomar algo, al final de las mesas había una pista de baile donde había un grupo tocando y muuucha gente bailando. El sitio estaba decorado un tanto tropical y había bastantes extranjeros pululando por allí así que Cecile y yo no éramos bichos raros (al menos no tanto). A todo esto, Cecile canta bastante más que yo: rubia, 1.68 (muy alta para este país), blanca como la leche y ojos claros. Ésa no se escapa. Pero a mí me da igual ser castaña y estar un poco más morena, porque igual siguen pensando que soy gringa...
Llegaron Adonai y Luis, Eliseo se quedó a dormir que al día siguiente madrugaba mucho. Yo dije que de ahí no me movía hasta que no acabase con los nachos, y así fue por mucho que me rogasen estos que saliese a bailar, yo no me levanté. En parte porque tenía hambre de verdad y en parte porque me daba vergüenza salir a bailar, porque yo no sé bailar. Y creo que muchos de vosotros lo sabéis. No soy capaz de coordinar mis pies izquierdo y derecho sin mirarlos fijamente. Aunque creo que esto ya lo he comentado a propósito de la excursión a la otra discoteca. El caso es que se ríen de mí por eso. Por una parte Érica insiste en que sí sé bailar, porque me ve moverme: pero eso no es suficiente. Por el otro, se ríen porque me recuerdan los abdominales y que yo quería bajar la tripita y sin embargo me ven poniéndome ciega a nachos con guacamol, carne asada y todo lo que caiga en mis manos. Ya trato de decirles que soy una persona complicada y que no vale usar los mismos estándar que con todo el mundo.
Cuando ya por fin me animo a ir a bailar, más risas con el "menos mal que no puede bailar, que si pudiese...". Y encima Alexander, que baila estupendamente insiste en que baile con él. Ahí sí que la hemos liado, porque yo moverme sola puedo, pero coordinar esos movimientos con otra persona? Juas. Como todos pretenden dejarme en ridículo empezando a dar palmas para animarme y gritando mi nombre, acepto rápidamente, pero con la condición de que sea muuuy paciente conmigo. Así que con paciencia empiezo a "bailar". Creo haber entendido que tuve mucha suerte porque sólo era merengue lo que estaba sonando. No me hagáis mucho caso que yo de esto no entiendo, pero como que el merengue es más calmadito que la salsa.
Cuando ya había cumplido con el bailar con Alexander, fuimos un rato a descansar a la mesa, pero rápido que había que seguir bailando. Al volver a la pista tuve menos suerte. Un tipo de metro noventa (qué raro salvadoreño) insistió en que bailase con él. Yo traté de darle toda clase de explicaciones acerca de que yo no "puedo" (se dice en lugar de "saber") bailar y blablabla, pero creo que como si realmente fuese gringa y le estuviese hablando en inglés: le daba igual. Así que de nuevo le expliqué que debía ser paciente... La leche, dijo que entendió, pero madre mía. Encima: salsa. Vamos, que giré como un trompo. Menos mal que me llevaba todo el rato, que si no... Pero joer no se cansaba de bailar conmigo, oye. Vamos, que tuve que decirle que me iba un rato a descansar porque si no no se iba. Y mientras tanto, me iba preguntando por mis aventuras y desventuras en su país.
Mientras bailaba con el tipo este, esta gente me dedicó un par de canciones, la primera, "tu cucu" o algo así. "Qué lindo y sabroso es tu cucu". Yo muerta de vergüenza mientras todos me hacían corrillo cantándomela. O me moría de vergüenza o hacía algo, así que solté al gigante y me puse a menear el cucu mientras me partía de la risa. Pero qué mala gente. Sé que no es que tenga un culo precisamente pequeño y discreto, pero no es como para dedicarme una canción... Quiero creer.
La segunda, fue más para que escuchase la letra. Trata de un barbero que amplía su negocio y pone a funcionar el local de arriba también. Y cuenta los carteles que tiene puestos de publicidad: se arreglan las uñas, arriba y abajo. Se corta el pelo, arriba y abajo.Y así muchas más, pero la que ya me mató de la risa, que me doblé y todo en el suelo, fue: Se pintan los labios, arriba y abajo.
Y luego canciones de esas de amor que me decían: esta es adecuada para Pablo y tú. Y yo a escuchar al letra. La mitad de las veces les tenía que decir que noooo, porque hablaban de infidelidades y cosas de esas.
Bueno, y me usaban a mí para pedir canciones y dedicatorias. Resulta que ellos habían pedido una dedicatoria para FUCRIDES y hasta al cabo de media hora no la habían dicho. Me insistieron en que subiese a la cabina para pedir algo de salsa. Yo dije que por qué yo, y ellos me dijeron que seguro que a mí me hacían caso. Ya ves si me lo hicieron, le comenté al dj que pusiese un poco de salsa para una española que se aburría y casi no me dió tiempo a salir de la cabina cuando estaba dando saludos a la gente de España (creo que fui la única que gritó con las manos al aire) y poniendo salsa. Cómo se pudieron reír de eso todo el fin de semana, del caso que me hacía el dj a mí por ser extranjera. A Cecile también intentaron usarla, pero no se dejó. Así que cuando hubo que pedir merengue, Tirma fue allá. Y al cabo de una canción: merengue.
A todo esto, había un muchacho de camisa roja y no muy mal parecido que estaba rondando por allá solito. Yo pensé "me está mirando", pero ya me parecía excesivo aquello y seguí bailando con esta gente. Pero ya ves, poco a poco se fue acercando hasta que ya se animó y se acercó a pedirme bailar. De nuevo puse mi excusa famosa, le expliqué que no era gringa sino española y acabé por bailar con él. Encima, más salsa. Y de nuevo a explicar cuánto tiempo llevo aquí, por cuánto tiempo me voy a quedar, que Cecile no es mi hermana por mucho que se parezca (?¿?¿?¿?¿?). Menos mal que ya decidimos irnos a la cama y sólo le duré 4 canciones. A todo esto, todos se reían de mí porque era la única a la que habían sacado a bailar. Mira que Érica y Maureen son guapas y como buenas salvadoreñas saben bailar, Cecile baila mil veces mejor que yo y es muuucho más llamativa. Pues yo debo ser la única pardilla que se aleja lo suficiente del grupo como para que la ataquen (como hacen los leones con las cebras) y es que una necesita cierto espacio extra para bailar si no quiere pisotear a todo el mundo.
A puntito estuvimos de quedarnos otra hora más, pero acabamos por apiadarnos de Cecile y Maureen que estaban bien cansadas y nos fuimos a casa a dormir lo poco que podíamos.

Jueves 11 de diciembre. Se vacía la miel de las colmenas y yo hago un semillero de chile.

Por la mañana, Luis me preguntó que si podía ayudarlo con el semillero de pimiento que tiene que hacer. Le han encargado 4000 plantitas de chile y hay que ponerse a sembrarlas. Manos a la obra. Él ya había colado el sustrato: estiércol de vaca bien maduro mezclado con arena, había que preparar las bandejas
Me pasé toda la mañana y parte de la tarde haciendo eso: rellenando las bandejas, de 200 hoyos, con estiércol; apretando con el dedo en cada hoyo para compactar el sustrato; regando con una regadera que se acababa cada 3 bandejas y había que ir a llenar a un grifo que estaba roto y costaba un triunfo cerrar; colocando una semilla por hoyito, que era lo más difícil porque se pegaban y por fin, tapando todo con más estiércol.
Y mientras tanto, habían llegado los apicultores y colocaron una malla alrededor de las colmenas para que no se escapasen muchas abejas. Aún así, por el horno no se podía ir porque andaban muchas abejas enfurecidas porque les quitaban la miel.
Eso sí, sacaron muchísima miel. El apicultor decía que era una barbaridad, que él tenía 40 colmenas y en nuestras 13 íbamos a sacar más. Me llevaron panales llenos de miel para que probase. Recién extraídos. Jo que delicia morder el panal, chuparlo hasta extraer toda la miel y luego escupir la cera del panal en una pelota.
Ese día también habían venido los de SalvaNatura para hacer capacitaciones y de nuevo estaba todo lleno de gente. Muchos de ellos dijeron que se llevarían miel, así que había que prepararla.
Los únicos recipientes que había eran una docena de botellas de "Vodka Troika", producto nacional. Pero quitarles el tapón era una odisea. Llevaban tapón de este dosificador de plástico. Sebastián se puso manos a la obra con la navaja, aunque se cargó algún tapón. Yo sugerí quitarlo con un hierro al rojo, pero tampoco sabíamos bien cómo iba a quedar.
El apicultor era un personaje gracioso. Como olía a miel las abejas le rondaban todo el rato. Tendrá sus sesentaymuchos años, creo yo. A la hora de la comida se puso a plantearme acertijos, os cuento:
--un gavilán estaba sentado en un palo (árbol) seco, pensando en el hambre que tenía y tanto pensaba en ello que pasó una bandada de palomas por debajo de él y casi ni se percató. Cuando se dió cuenta de la ocasión perdida, se resignó y se despidió de las palomas diciéndoles: Adiós cien palomas!!. Las palomas se dieron la vuelta y pasando volando por debajo de él le dijeron: No somos 100 palomas, sino que nosotras, más nosotras, más la mitad de la primera parte de nosotras, más la cuarta parte de la primera parte de nosotras, más usted, somos cien. El gavilán se quedó pensando en ello y de nuevo perdió la oportunidad de llevarse un buen bocado. Y allí se murió de hambre pensando en el problema. ¿Cuántas palomas había?
Yo tuve un fallo muy estúpido al hacer la cuenta y no lo pude sacar (aclaro: el fallo era gordo, la estúpida fui yo por no darme cuenta), porque por más que repasaba y repasaba no veía el fallo. Pero está fácil. Os reto, podéis dejar vuestra respuesta en los comentarios del blog.
-- ¿Cómo se escribe en número milnovecientoscien?
Es una tontería!!
Y ya no recuerdo que más pasó. Supongo que hice el equipaje para el viernes, que temprano iría a SanSal.

Miércoles 10 de diciembre. Mucha gente en el CEDEFAR!

Pues sí, aunque ahora mismito no recuerdo muy bien ese día, pues ya ha pasado casi una semana (qué desastre soy), he logrado recordar que ese día alquilábamos el "rancho" a SalvaNatura, una ONG local bastante fuerte, que usan el recinto para dar clases de "capacitación" a líderes comunales. Allí empezaron a llegar coches y gente. Yo ya pasé de saludar a nadie, pues eran un montón. Tanto pasé, que cuando por la tarde me dijeron: esta señora es la madre de Sebastián, me tuve que disculpar, pues había pasado por delante de ella como 5 veces y no le había dicho nada porque pensé que sería de SalvaNatura.
Por la mañana estuve limpiando el rancho con Lucía. Barríamos y barríamos pero jamás acababa de salir polvo de allí. Yo creo que desgastábamos el suelo con la escoba. Yo hasta me hice una ampolla bastante fea en la mano izquierda. Qué mal esto de no estar acostumbrada al trabajo duro.
Como ya había tomado la inercia de barrer, me puse a barrer el dormitorio. Buuufff, el puñetero viento del norte trajo muchísimas hojas, polvo y sobre todo ceniza de caña quemada. Eso es inaguantable. Tengo una litera para mí, en la parte de arriba hay un colchón con una sábana para poder dejar cosas allí, y yo duermo en la de abajo. Bueno, a la de abajo no cae ceniza y además tiene la mosquitera, pero la de arriba... Cada vez que la sacudo, a los 20 minutos contados, ya hay alguna ceniza más de caña. Además, son trozos bastante grandes. Yo no me explico cómo aguantan tanto en el aire enteros y justo cuando quiero quitarlos con los deditos, se desmenuzan.
Por la tarde bajé a mandar las cosas y menos mal que en la oficina de correos me dieron una carta, que si no me los como. De todas formas, tengo que quejarme, porque faltan 2 cartas entre medias. También fui a comprar frijoles y huevos para la cocina y ya puesta, compré cereales y una camiseta por $2.22. Me gustó el precio.
AL subir, encontré que la señora Lucía también estaba de capacitaciones. Había enseñado a las señoras a hacer "pan dulce" y horchata (de la de allí). El pan dulce es un pastel básicamente. Estaba aquello de muerte, sobre todo el relleno que era con "atado de dulce" que es un dulce que se saca de la caña de azúcar y que se presenta como envuelto en las hojas de la caña, parecido al tamal. Está bien bueno, a mí me recuerda un poco al dulce de leche.
Conocí a la madre y hermanitos pequeños de Sebastián, que les había dado por venir desde atomarporc*** (nombre maya del pueblo) para ver dónde trabaja su hijo. Menos mal que había barrido y quitado la mierda al dormitorio esa misma mañana, porque me hubiese dado mucha "pena" (vergüenza) que llegasen y estuviese lleno de hojas.
Por la noche, se despertaron a las 4 am para irse de vuelta. Obviamente, me desperté yo también, entre el ruido de la cadena del "hoyo-sanitario" que se oye casi desde Cara Sucia y el de la ducha... Y ya casi no pude conciliar el sueño. La verdad es que últimamente me despierto a las 3 am y luego me cuesta horrores volver a dormirme. Cierro los ojos pero a los 15 minutos ya estoy en pie de nuevo.

Martes 9 de diciembre. Aprendiendo a hacer tamales.

Por la mañana se supone que íbamos a hacer tamales, pero al final se aplazó a la tarde y yo no lo sabía, así que estuve cerca de la cocina pululando a ver si me enseñaban. Para matar el rato, terminé de escribir la carta al novio. Pero cuando me dijeron que no íbamos a hacer tamales hasta la tarde, me puse a hacer alguna otra cosa.
Lucía estaba mirando los árboles de carambolas. Estaban cargaditos y no hacíamos fresco con ellos. Me puse a ayudarla a recogerlas, para así poder venderlas si salían muchas. Allí estaba yo subida al pobre arbolito que tenía que soportar mis (realmente ahora no sé cuantos, pero deben rondar los 60) 6X kg. Y también la ayudé a extender las hojas de plátano para los tamales.
Os cuento qué es un tamal: es masa de maíz cocido (cómo no) un poco más líquida que para las tortillas. A ésta se le grega manteca y se cuece (hay diferentes versiones de cómo se hace, pero esta es la que me han enseñado) un rato. Por otra parte, se hace un caldo de pollo con trocitos de pollo pequeños, pues luego hay que meterlos en los tamales.. Y por otra, se licúa tomate y pimiento verde. Todo esto último se mezcla bien. Para preparar los tamales (estos son de gallina) se necesitan hojas de plátano que no estén rotas por el viento. Eso es algo difícil de encontrar, porque entre que son muy débiles y que últimamente sopla el Norte que de gusto, las hojas están todas rajadas. Se toma un trozo de hoja de plátano de unos 40x30 cm y en el centro se pone un pegote de masa de maíz. Se le va añadiendo el liquidíto del pollo y tomate licuado y algunas verduras (papa, güisquil y ejotes), en el centro se coloca un trozo de pollo, se cubre bien y luego hay que enrollar todo con la hoja de plátano, para que el paquete no se deshaga. Eso luego se cuece y se sirve cortando por un lateral la hoja de plátano y empujando desde el otro como si fuese pasta de dientes.
Después del almuerzo me subí a escribir el diario y cuando pensé que sería la hora, bajé a ver si podía hacer tamales. Y los hice. Y me quedaron bien bonitos y ricos, que los cené. La niña Edith me enseñó paso a paso, aunque en el primero olvidé poner un trozo de pollo. Bueno, tamal vegetariano.
Mientras hacíamos los tamales, la señora Lucía enseñaba a unas mujeres a hacer pastel con dulce. Les quedó de muerte. Vale, que digo lo mismo de todo, que todo me gusta y todo está buenísimo. Pero es que soy de buen comer y las cosas diferentes me ilusionan. La verdad, no sé por qué carajo intento adelgazar algo, si no hay forma humana de que lo logre si lo intento. De hecho, creo haber adelgazado pero sin proponérmelo, más que nada por la comida de acá, que casi es todo verdura. Eso sí, llego a intentarlo a propósito y no bajo ni una libra. Estoy segura de ello.
Y así terminó el día. Mañana intentaré bajar al pueblo para mandar la carta, intentar mirar en el zulo de la oficina de correos por si veo mis cartas secuestradas, y comprar alguna cosa de gran necesidad (como galletas o algo así).

Lunes 8 de diciembre. Vuelta a Cara Sucia.

Alfredo y yo fuimos a la oficina mientras Alex y el Colocho iban a dejar las sillas y mesas. Al llegar a la oficina, me puse a terminar de ordenar los libros, separando los que iban hacia el CEDEFAR, los que se quedaban en la oficina y los que irían en un futuro al CEDEFAR de Chalatenango. Luego me puse en un rincón a escribir la cartita dichosa de Pablo, que todavía no había empezado. Es broma, cielo, sabes que me encanta escribirte.
Llegó Luis a la oficina y decidí irme con él. Siempre es aconsejable no viajar sola si se puede evitar. Así que me fui a comer al "comedor de los pobres" donde se va la mayor parte del personal de la oficina porque es más barato que el que suelen frecuentar Alfredo y Humberto. Nosotros solemos comer con Alfredo, pero como pensaba irme con Luis, con él fui a comer. Mientras comíamos, vimos el Chavo del 8. Hay cosas que no cambian.
La película del bus era Minority Report, que también había visto. Menos mal, porque en esa sí que jode no ver el final, aunque cuando llegamos a Sonsonate iba a mitad de película. Debe ser muy larga.
En Sonsonate, en la misma estación, compramos queso y yo me agencié un helado de dulce de leche, cuya bola se cayó "plof" según me lo dieron. Pero como tuve suerte y cayó sobre mi maleta, y yo cada día me hago más salvadoreña (falta de escrúpulos), la cogí con la mano y la volví a colocar sobre el cucurucho. Creo que Rocío y Nayra recordarán un episodio de nuestras vidas en el que no lo solucioné tan fácilmente, pero en el que nos reímos bastante más.
El andén del bus para Cara Sucia estaba hasta arriba. Pero yo ya me había aprendido que esto era la ley del más fuerte y que ni las señoras mayores dejan de empujar, así que me fui corriendo detrás de Luis para colarnos por la puerta trasera según llegó el bus. Por suerte ya me había terminado el helado.
Perdimos el pick up hacia El Mangal, así que fuimos hasta el pueblo para esperar al de las 16.30 Yo fui a la maldita oficina de correos donde tienen secuestradas las cartas que me manda Pablo (si no, no lo entiendo) pero se ve que nadie había pagado el rescate y no me dieron ninguna. Luego fui a por Luis al banco, donde sieeeempre hay una enorme cola. No sé cómo lo hacen. Supongo que cada ciudadano del pueblucho va dos veces al día a sacar dinero.
En el pick up de subida, una chica llamada Glenda se puso a platicar conmigo. Yo me puse a curiosear acerca de su vida: 6 hermanos varones, uno de los cuales subía con nosotros allí, quiere ser enfermera, saca buenas notas, vive en El Refugio (un caserío que está encima de Ahuachapío) y sólo piensa tener 2 o 3 hijos. Bastante para un viaje en pick up. Aaahh, y que no se me olvide! El piropo más chulo que me han echado: "ay qué rica está, pa' agarrarla con tortilla caliente" Si no fuese porque era el pirado del otro día que se colgaba del pick up, me hubiese gustado más.
Subí y deshice el equipaje antes de que se fuese la luz. Esa noche me fui prontito a dormir.

Domingo 7 de diciembre. Excursión al Boquerón.

Mira que me puse los tapones en los oídos, mira que lo intenté de veras, pero no pude levantarme después de las 9 am. No hay forma, en este país no voy a lograr dormir más allá de esas horas. Será por que estoy acostumbrada a despertarme (que no levantarme) a las 6 am. No quiero imaginarme el jet-lag que tendré estas Navidades.
Bueno, como el Colocho no hizo nada ayer, el trato era que él recogía y limpiaba. Nosotras nos pusimos a ver la tele, pero no hay forma, a las 10 am pusieron "KISS contra el fantasma del parque". Película de culto total. Vamos, que ni Blade Runner. No sé si la conocéis, yo desde luego no había oído hablar de ella. Pero imagináos un parque de atracciones donde KISS va a dar varios conciertos, y el inventor de los autómatas es despedido y quiere vengarse de todos (obviamente está loco) empezando por los KISS. Para que la historia tenga aliciente, cada miembro de KISS tiene un poder sobrenatural: el Diablo echa fuego por la boca, la Estrella rayos láser por los ojos y no sé si el Gato o el Rayo tenía poderes mentales de telequinesis y teletransportación. Todo esto, con los súperhiperultramolones efectos especiales de la época. Ah, y se me olvidaban los talismanes mágicos que son los que les dan estos poderes y la moraleja de la película: todo el mundo tiene un talismán mágico pero no lo sabe. No te jooode. En fin, que nos reímos mucho, por no llorar de pena.
Y para continuar la sesión de cine... "Los gemelos golpean 2 veces". En ese punto me dediqué a dormitar para recuperar el sueño que llevaba, que no era poco. A las 15hr íbamos a ir al volcán de San Salvador de excursión y había que estar descansado.
Llegaron Adonai y el Chele, cada uno con un pick up. Adonai empezó a tomar el pelo al Chele con que íbamos a ir al estadio a ver el partido de fútbol (Águila vs otroquenomeacuerdo). Y aunque éste decía que no le gustaba el fútbol, decía que sí, que guay, que quería ir él también. Alguien acabó por confesarle que era "paja" y se fue bastante mosqueado. Pero al menos nos libramos de él por esa tarde, porque yo ya veía que se acoplaba con nosotros. La verdad es que me parece un tanto cruel, pero el chico se lo tiene bien merecido por plastaaaaaaaa.
Alex y Adonai se ueron a buscar a los franceses y a Marta y Mario. Nosotros nos quedamos un poco más en casa y les dijimos que ya llegaríamos. Se supone que íbamos a pasar por una piñata de cumpleaños de un familiar, pero decidimos dejarlo para después del volcán.
El volcán de San Salvador tiene varios cráteres. El más grande de todos es conocido como "El Boquerón". Está ahí al lado de la ciudad, tiene las antenas de radio y televisión de varios canales. En los últimos terremotos murió gente allí, pues tenían sus casas en la ladera interna del cráter, y con los movimientos de tierras, se organizaron aludes que enterraron a varias personas.
Llegamos allí incluso antes que los otros, creo que Marta los entretuvo un rato. Subimos al mirador y guaaaauuu, que impresionante el cráter. Se veía el centro del cráter y unas piedras colocadas allí decían: "PNC.com", es un partido político. Se ve también una senda que rodea todo el borde superior del cráter. Ésa tengo que hacerla alguna vez.
Cuando llegaron los demás, fuimos a buscar la senda que baja hasta el fondo del cráter. La maldita senda está escondidita y la que lleva a ella no es que sea muy ancha. Yo me quedé impresionada con Alfredo. A Adonai me lo podía imaginar saltando y brincando por esas veredas, pero a Alfredo... Cómo se nota que fue guerrillero y se pasaba días enteros huyendo por los bosques y cerros así. Pero rápido como una gacela! Yo pensé que se torcería un tobillo o algo así.
Al fin la encontramos, la senda bajaba bastante, pero se ve que luego desaparecía, por culpa de los aludes de los terremotos. En la entrada a la senda estaban las cruces con los nombres de los muertos en el terremoto. No muy alentador para comenzar la bajada, la verdad. Nos fijamos en que las letras al fondo del volcán estaban cambiando, ahora ponían: NINJA. A saber quién sería el estúpido que firma con ese nombre.
La vuelta la hicimos por otro lado, más abajo. Por el camino pasamos por algunas casas (de la ladera de fuera del volcán) y preguntamos que tal iban los partidos. El Águila había empatado a 1 y el Alianza había perdido 3 a 1 con el FAS. Jejeje, sé que no os importa, a mí tampoco, para ser sincera.
Al volver al punto de encuentro, donde habíamos dejado a los que no quisieron venir de paseo, Érica me llevó a un puestecito donde servían chocolate caliente. La verdad es que allí arriba refrescaba bastante, y eso nos iba a sentar de muerte. Todos estaban con el jersey, menos yo, que no sé cómo, encontré un punto cálido y seguía con tirantes. Ya puestos, pedimos unas enchiladas: masa de maíz como la de las tortillas, pero en vez de tostadas, fritas en abundante aceite. Luego se le pone una capita de guacamole, otra de frijolitos molidos (cómo no), una rodaja de huevo duro y queso rallado por encima. Pedí una, pero luego me arrepentí y pedí otra más. Estaba muy bueno aquello. Claro, se rieron de mis dietas y mis abdominales.
Cuando ya acabamos de comer, según íbamos de vuelta, alguien le dijo a Alex que había alguien atrapado en el cráter del volcán, que se les había hecho de noche y no podían salir. Bingo, el estúpido de NINJA y su guía. Alex como es de la Cruz Roja, sacó su espíritu de buen samaritano y buscó como loco un celular para avisar a alguien, como no había, fue a retransmitir por radio a la Cruz Roja. Todavía me pregunto cómo lo hizo, subiría a una antena para hacerlo?
Mientras bajaba, como hacía bastante frío, hicimos una hoguera y como yo me sentía con ganas de hacer el payaso, me puse a cantar alrededor. Entre que Marta se sabía otra versión de "Viva la gente", que no se acordaba bien del villancico del "yo me remendaba yo me remendé" y que no logré encontrar otro villancico que se supiesen los niños de allí, yo era en definitiva la única que cantaba allá. Y con lo mal que canto. Pero me gustaba que todos los niños estuviesen pendientes de mí, jejeje. Y me lo estaba pasando pipa yo solita.
Por fin bajó y encima resulta que lo esperamos para nada, porque nosotros íbamos a la piñata y lo íbamos a llevar a él, pero prefirió quedarse para hacer el rescate con la CR. Para eso había hecho un curso durante los últimos fines de semana en el que los habían matado de cansancio.
Fuimos a la casa de Caren, la madre del niño de la piñata. Ya no quedaban niños más que los de la casa, pero vi unas grandes piñatas fuera, una de Hulk y otra que era una especie de burro naranja. Por lo visto, lo de las piñatas es muy típico aquí. El otro día me contaban que en una boda de "penalti" (aunque aquí no conocen el término, y eso que una boda sí otra no son de penalti) uno le regaló al novio una piñata llena de preservativos y cosas así: "para que tuviese algo que romper la noche de bodas". Yo me partía de la risa.
Estuve contándole al Colocho y a Érica nuestras costumbres de Navidad, y ellos a mí las suyas. Hacen cosas bien curiosas, como "pedir posada". Os cuento: los niños llegan a tu casa y cantan una canción de posada, en la que María y José piden posada pero no se la quieren dar hasta que se dan cuenta de quienes son y los dejan pasar. Los niños llevan una figura de yeso, grande, de María y otra de José. Pasan a la casa y dejan las figuras bajo el árbol o algún lugar así. Entonces cantan algún otro villancico o rezan algo y los dueños de la casa les dan algo de comer, algún dulce o así. Luego se llevan las figuras y vuelta a empezar. Bastante más elaborado que lo nuestro de ir a pedir el aguinaldo. Hacen otras cosas bien curiosas, pero en otras fechas. Celebran el día de la Cruz, que es el 3 de marzo. En realidad es una mezcla de costumbre maya mezclada con la excusa de que ese día (supuestamente) se encontró la Cruz de Cristo o algo así. La gente pone una cruz de madera adornada con guirnaldas y flores y debajo ponen frutas. Entonces alguien llega a la casa, reza un padrenuestro para la familia en la cruz y a cambio puede llevarse una pieza de fruta. Y otras costumbres mucho más elaboradas que ya ni me acuerdo yo.
En la casa nos invitaron a tomar unas pupusas, y después nos largamos. Llevamos a Caren a hacer un recado que tenía, y nos contó que en el parque Cuscatlán hubo una inaguración el día anterior de un monumento en memoria a los civiles que habían muerto o estaban desaparecidos por la guerra civil. Ella encontró el nombre de su padre entre los desaparecidos. Qué putada, porque si te dicen que está muerto, pues bueno, ya pasó, lo debieron enterrar... Pero desaparecido... Siempre queda la duda. En el acto cantó Mercedes Sosa y otros. Esto lo hace alguna asociación de recuperación de la memoria histórica.
Volvimos a casa y fui directita a la cama. Estaba un tanto agotada.