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Desde El Salvador

Sábado 6 de diciembre. Fiesta de Graduación de Alexander.

El comienzo de la mañana estuvo tranquilo. Vino Moisés (un amigo de Alex de la Cruz Roja del que ya hablé) a ayudar un poco también. Fueron a buscar mesas y sillas y los ayudé a descargar el pick up. Había una montonera de sillas de estas de metal plegables. Las apilamos a un lado y fueron a hacer otro viaje, quedaban más sillas todavía.
Vimos la tele hasta que llegase el tío de Érica y Alexander, hermano de Alicia. Resulta que trabajó como jefe de cocina en el aeropuerto, y eso debe ser algo importante porque todo el mundo hablaba de lo bien que cocina. Y yo no soy ninguna amante del catering de los aviones, pero es cierto que al final la comida salió bien rica. Aunque puede que supiese mejor porque sabíamos que habíamos colaborado para hacerla.
Cuando llegó, pasamos todo el día en la cocina. Pelando apio, untando el pollo con mostaza, friendo el pollo, cortando cientos de manzanas en daditos... Menos mal que éramos muchas. Habían llegado Cecile, Brenda (una prima que vive al lado) y Hada, una amiga de Érica y Alex que quieren mucho en la familia (Alfredo la llama nuera porque dice que es perfecta para Alex). Hada pudo practicar su francés con Cecile, pues el próximo año se va a Francia como ayudante de profesor de Español y la pobre está un poco perdida. Pero es un encanto de chica. Ya entiendo por qué Alfredo la quiere en la familia.
Mientras tanto, otras hacían los frescos de naranja y de melón (ñaaam). Al 60% del de naranja le pusieron "toque", vamos, alcohol. O más bien, como decía Gerónimo, combustible. Aquí lo llaman "chaparro" es una especie de aguardiente que creo que deberían usar en los hospitales para desinfectar. Pero con el fresco de naranja casi no se notaba y estaba muy bueno. Me tomé como 3 o 4 vasitos de aquel mejunge, aunque me dediqué más al de melón que era el que estaba rico de verdad.
Antes de que llegase nadie, me cambié de ropa. Me puse el vestido ese rosa desteñido que tengo. Los que lo conozcan, bien, los que no, ajo y agua :P Bueno, imaginaos. Hasta Alex que lo único que hace es meterse conmigo dijo: "nos tenías engañados, va a resultar que sí eres mujer al fin y al cabo". La verdad, me paso la vida con los pantalones de pintor y las camisetas de la comunidad de Cantabria. Y para una vez que me pongo decentilla... Eso sí, en cuanto llegó el Chele, me escondía para que no me mirase mucho.
Empezó a llegar la gente. Me iban presentando a todo el mundo, pero creo que sólo recuerdo el nombre de los tres primeros que llegaron. Qué barbaridad de gente, y llegaban hasta de otros departamentos, familiares de Alfredo que se habían hecho el gran viaje para poder ver a Alex y felicitarlo. Y por supuesto, traer regalos.
Cuando ya parecía haber suficiente gente, tocó empezar a servir. Qué jaleo servir tantos platos: una tacita de arroz, un trozo de pollo, un cucharón de salsa, una hoja de lechuga, sobre ésta la ensalada de manzana, espolvorear la ensalada con cacahuete molido y el toque final de tres pasas sobre la ensalada. Pues esa era la cadena de montaje de los platos. Cada plato tenía que pasar por todo eso. Y luego llevarlos a las mesas. A todo esto, las mesas y sillas estaban colocadas en el callejón en el que está la casa. Habían puesto un toldo de plástico atado de árbol a árbol. Quedó chulo.
Cuando por fin pudimos sentarnos a cenar, empezó a llegar más gente. Hubo que levantarse rápido para servir esos platos también. Pero pudimos disfrutar de la cena del tío Arnoldo. Estaba bien rico aquello.
Adonai me contó que el Chele le había estado hablando de mí y que él le dijo: ésa no es mujer para ti, no está a tu alcance. Yo no entiendo cómo no se da por aludido de una vez, ya todo el mundo se lo dice. Érica ya le ha dicho un par de veces que me deje en paz, y la última él dijo: si es que yo sé que está enamorada de mí, no lo dice pero lo está. AAAAAAAGGGGGGGGGGGGGG!!!!!!!!!. Realmente se quedó muy mal después del accidente.
En toda la noche, procuré huirle, y a la hora del baile, que intentó bailar conmigo, le dije que no pensaba bailar ni con él ni con nadie, entre otras cosas porque ya sabéis que no tengo ni puta idea de bailar salsa, merengue o cualquier cosa en la que haya que coordinar el pie derecho con el izquierdo. Pero bueno, al final bailé con dos hombres. Ais, esos sí que bailaban bien. Y qué manos tan suaves que tenían, me recreaba acariciándolas. Y hubo un momento en el que bailé con los dos a la vez. Y qué guapos eran. Bueno, pretendo daros envidia, supongo que el hecho de que uno tuviese 6 y el otro 4 años no importa mucho, ¿o sí?. Lo único malo era que como la mitad de la gente en la fiesta, eran familiares de Alex, y por tanto del Chele. Y el Chele empezaba a decirles cosas al oído para que me las dijesen a mí: "le gustas mucho", "dice que te va a dar un dólar" (supongo que el chaval entendió mal y que el dólar era para él, no pensé que tuviese pinta de prostituta, pero menos todavía de ser tan barata). Y por supuesto el Chele tampoco se callaba: "cuídala bien que es el amor de mi vida". Creo que en todo el rato que estuve en la "pista" de baile no lo miré ni una sola vez, tenía los ojos clavados en el suelo o en los chiquillos.
Cuando ya se fue yendo la gente, empezamos a recoger las sillas y mesas. Érica me dijo que insistiese a Alex para que abriese los regalos, que a él no le gusta hacerlo en público. Vamos, que era por joderlo un poco. Me apunté a la jodienda y entre todos logramos que se pusiese a abrir regalos: camisas, pantalones, pañuelos, un par de relojes, cinturones y las cosas más variadas. Nos reíamos mucho porque las tallas eran demasiado grandes para él. Se ve que la gente lo recuerda más alto de lo que es en realidad, y más ancho. Ni el cinturón le quedaba bien, le faltan agujeros para ajustarlo. Estábamos muertos de sueño, pero aún teníamos fuerzas para reírnos y hacer bromas. Se quedaron a dormir Moisés, su novia y Hada.

Viernes 5 de diciembre. Terminé con la biblioteca.

Por cierto, de los abdominales nunca más se supo. El deporte nunca ha sido y nunca será para mí.
A las 6 am ya estaba yo esperando el pick up hacia el desvío. Tan galana yo con mi maleta esperando en el camino de tierra. Parecía de película. Pasó casi vacío, tres personas en la parte de atrás, a dos de los muchachos ya los conocía yo de otras veces. Uno de ellos ha hablado conmigo alguna vez y todo. Me da rabia no saber sus nombres.
Luego, en el bus hacia Sonsonate, me puse a buscar página por página canciones en el librito que me había dejado Érica. La mayor parte son religiosas, pero las de "convivencia" van desde "Viva la gente" hasta "La cucaracha" en su versión marihuanera y pasando por "un velero llamado Libertad". Apunté los números de las canciones para luego copiármelas aparte. El tipo que viajaba a mi lado debió de sorprenderse de mi lectura.
En el bus hacia SanSal, pusieron "Como Dios" que yo no había visto todavía. Creo que fue la primera vez que me dió pena no poder acabar de ver la película. Es lo que tienen estos trayectos de una hora. Aunque tampoco era tan importante el final. El día que pongan una en la que esté realmente interesada, creo que no tendré más remedio que alquilarla después. Por supuesto, BlockBuster está en este país, cómo no iban a haber llegado si hasta hay un Zara.
Fui por primera vez desde el bus hasta la oficina yo solita. Qué orgullosa estoy de mí misma, jejeje. Al llegar, me puse rápidamente manos a la obra para terminar de poner las etiquetas a los libros. Estuve toda la mañana y gran parte de la tarde.
A la hora de comer, pregunté a Gerónimo qué había hecho con la iguana. La había soltado. ¿Quéee? Pues eso, que le dió pena tener un animal salvaje así y la soltó en el barranquillo que hay detrás de la oficina, sonde hay más iguanas y puede vivir en familia. Le tomé el pelo un rato con ello: que ya lo podía haber pensado antes, que si cada lunes iba a comprar una para soltarla, que si el agua del barranco está contaminada y no iba a sobrevivir, que si las otras iguanas no la iba a aceptar y la iban a matar en una lucha a muerte... Algunos ya conocéis las historias que me monto. Con lo feliz que era la iguana con sus montones de comida cada día. Lo único que necesitaba era un terrario decente, no la caja de zapatos en la que se la habían vendido.
Después de comer me escapé un ratito a un ciber para mandar un documento a mi profesor, pero maldita la gracia, no lo llevaba en el disco ese. Bueno, pero charlé un poco con Pablito.
Por la noche al llegar a casa, felicité al Colocho y a Alexander. Este día se graduaban. Los de la imprenta de la universidad metieron la pata hasta el fondo, y los pobres son ahora Ingenieros "Agronómos", lo cual es más o menos cierto en el caso de Alexander, que por lo bajito puede pasar por un primo de David, pero Colocho mide su metro ochenta. "Pendejos" fue el calificativo más suave que les dedicaron a los inútiles que no se habían fijado. Por lo demás, el título está chulo, hecho en cuero de vaca, con sus letritas góticas y todas esas babosadas. A saber lo que tengo que esperar yo para que me den el mío y seguro que no está ni la mitad de elaborado que este. Claro que en esta promoción eran 17 agrónomos los que se graduaban. Nosotros solemos ser unos cuantos más.
Me acosté prontito porque al día siguiente era la fiesta de graduación de Alexander, vendrían como 100 invitados o más y yo me había comprometido a ayudar en los preparativos. Alexander y Carlos se fueron a celebrar su graduación con el resto, en una fiesta privada en la que correría el guaro (alcohol) por galones. Junto con Érica, antes de dormir, preparamos los cubiertos de plástico envolviéndo cuchillo y tenedor dentro de una servilleta.

Jueves 4 de diciembre. Con el guacal en la cabeza a la comunidad de arriba.

Como pensé que esta gente no volvería del río Paz hasta las 9 am mínimo, me quedé durmiendo hasta las 7.30 lo menos. Cuando me desperté, oí ruidos de escobas y me dí cuenta de que debían haber vuelto antes. Incluso vino la niña (se usa como sustituto de "señora") Edith a ver si estaba viva. Dijo así muy suavecito junto a la puerta: Vengo buscando a Tirma, ¿está Tirma?. Jajaja, no sé a quién esperaba encontrar. Ya salí y le dije que me había quedado sopa, que no se preocupase por el desayuno.
Desayuné en mi cuarto los cereales que me quedaban. Total, como tomo leche en polvo, no necesito refri (geradora). Bajé a saludar a todo el mundo que andaban asustados porque no sabían dónde estaba. Jo, una no puede quedarse dormida sin que piensen que la han secuestrado.
Me puse a pasar las cuentas de Luis y Lucía a Excel y en esto Lucía me ofreció subir a Ahuachapío (el caserío que está hacia arriba de esta finca) a vender "menudos" de pollo (patas, cabezas, mollejas, buches, hígados...). Acepté porque así tenía la oportunidad de conocer aquello bien. Subimos en el busito y ni tuvimos que pagar, por un viaje tan cortito no nos cobraban.
Fuimos primero a una tienda donde tenía apalabradas unas cuantas libras de pollo. Allí tenían un molino eléctrico donde las mujeres de la zona iban a moler el maíz para hacer las tortillas. Se paga a la dueña en función de la cantidad de maíz que quieres moler. Había una cola de mujeres que esperaban con su guacal (balde de plástico o metal) lleno de maíz cocido, listo para moler.
Lucía me compró un "choco-banano", un plátano congelado y bañado en chocolate con un palo pinchado. Está rico eso. Me han dicho que ya venden el chocolate para hacerlo. Tendré que comprar y probar a hacerlo algún día.
Luego subimos hasta arriba a otra tiendecita donde le debían dinero. No nos compraron más pollo, pero por el camino me encontré con la chica que había subido conmigo el día que subí en la parte de arriba del bus. Se llama Kenia y me confundió con una estadounidense que está en el pueblo para no-sé-qué, pero que de momento quiere formar un equipo de fútbol de mujeres. Después de confesarle que de fútbol no sé nada de nada y sacarla de la duda de qué idioma hablamos en España, creo que quedó claro que yo no era gringa, aunque aún así me decía: "es igualita a usted, sólo que más delgadita". No fue la única que me dijo eso. DE hecho, esa mañana lo oí como 5 veces. Tomé la decisión de que debo conocer a mi "gemela". Lucía, que ya me conoce más, dice que no me parezco en nada de nada, tan sólo en lo chelitas que somos, pero por el resto, en nada. Pero supongo que se da el efecto "chino": cuando no conocemos una raza, todos nos parecen iguales, aunque en realidad no tengan nada que ver.
Fuimos vendiendo de casa en casa. Lucía me iba presentando a la gente de las casas mientras gritaba "menudos, llevo menudos". Llegó un momento en el que insistí en llevar yo el guacal con los pollos. Aquí los llevan en la cabeza, haciendo equilibrio. Tienen una habilidad impresionante. Yo para no ser menos, también me lo puse en la cabeza, pero no encontré ese punto en el que se tenía que quedar quieto. Le toqué la cabeza a Lucía para ver si estaba plana, pero mi decepción fue bastante grande cuando vi que no más que la mía. Así que lo llevaba sujeto con una mano, que iba cambiando a cada rato para que no se cansase. Pero yo creo que daba el pego. Cuando ya iba más vacío el guacal, hasta logré llevarlo sin manos y subir escaleras y todo, pero bailaba un poco todavía.
La gente en las casas insistía en que nos sentásemos, nos sacaban sillas y se ponían a platicar con nosotras. Claro, a ese ritmo se nos hizo la hora del almuerzo y la gente ya estaba comiendo, había matado ya una gallina o similar y la venta no prosperaba mucho.
En una casa nos ofrecieron fresco de melón. De muerte. Divino. Los melones de aquí son de los pequeñitos redondos naranjas. Deliciosos. Voy a añorar mucho la fruta de aquí cuando me vaya. A mí me gustan las frutas dulces más que las ácidas. Y aquí la fruta tiene hasta más sabor. Qué ricas sandías he probado, nada de agua de color rojo como las de allí, sandías con sabor a sandía.
Encontré varias caras conocidas, algún estudiante del CEDEFAR, la chica de AVON que viene por El Mangal (la finca del CEDEFAR) y la casa-tienda con gansos a la que vine con Adonai y Luis hace ya unas semanas. Creo que si conozco a la gringa, me meteré más en la comunidad a través de ella. No sé, me parece más fácil.
Quedaron sólo dos libras por vender, pero ya era muy tarde, no era plan de preocupar a todo el mundo de nuevo. Volvimos y Lucía estaba bastante cansadilla de la caminata. La mujer ya está mayor a pesar de la energía que parece desprender por todos los poros de su piel.
Por la tarde terminé las cuentas de Luis y me puse a hacer el equipaje para el viernes, tenía que irme pronto en la mañana para poder llegar a la oficina a una hora decente y acabar lo de la biblioteca. Y el equipaje lleva su tiempo, a ver cómo meto toda la ropa sucia en la maleta pequeña. Jejeje, esto de tener lavadora los fines de semana me ha salvado el cuello. Me encanta poder tener mi ropa limpita sin haber frotado nada de nada.

Miércoles pero en la tarde

Bajé al pueblo a enviar todo lo que tenía que enviar. A la subida fui hablando con la madre de Elvira, la costurera del CEDEFAR, que me invitó a su casa, me decía que cualquier día Elvira se pasaba a buscarme para que fuese a su casa. Es fascinante como la gente quiere que entres en su casa. Y no es que con Elvira me haya tratado mucho, no es eso. La gente del pick up me pregunta que por qué no subo al "caserío" (municipio=pueblo>cantón>caserío). Yo les digo que porque no conozco gente allá y no sabría dónde ir ni qué hacer. Pero Lucía y Luis también quieren que vaya para sus cantones, a conocer.
Cuando subí, sólo el señor Simeón quedaba, se habían ido ya todos al río Paz. El señor Simeón, el carpintero, tiene fama entre los del CEDEFAR de ser huraño y nada agradable, pero yo me he planteado como un reto el caerle bien. Y parece que más o menos lo logro. Me da los buenos días cuando se los doy yo. Es mucho más de lo que parece, a Luis una vez que se le ocurrió decirle "buenos días" él le respondió: "hasta que llegó usted". Imaginaos.
El caso es que me sentía con ganas de platicar un poco con el hombrecillo este y saber algo más de él. Y lo logré. El hombre es nicaragüense, vivió en varios países de centroamérica hasta que aprendió el oficio de carpintero y su maestro se lo trajo a El Salvador. Aquí estuvo sin papeles hasta no se sabe cuándo, pues en aquellos tiempos eso de los papeles no era importante. Formó una familia, aunque creo que su esposa o bien murió o se separó de él, pues no me la mencionó. Me habló de los terremotos también. Yo le conté a él algún chisme sobre nuestra familia real, él me preguntó. En definitiva, creo que no le debo de caer tan mal como el resto. O puede que le pillase en un buen momento. A saber.

Miércoles 3 de diciembre.

Ya haré los abdominales en otro momento.
Hoy me he levantado menos dolorida que ayer, pero todavía me duele mucho. En teoría, hoy íbamos al río Paz de nuevo, pero yo he decidido pasar del tema, es mucha paliza para mi dolorido cuerpo.
Por la mañana, todos estaban pelando pollos. Conociéndome, no me acerqué mucho, porque me podía dar un yuyu al ver los pollos recién degollados. Todavía me dan naúseas al recordar las ovejas de agrónomos y el agujero que tenían en el abdomen para estudiar la digestibilidad de diferentes piensos.
Desayuné y me puse a pasar a Excel las cuentas de la señora Lucía. Jeje, dice que es que la calculadora no funciona bien y le da resultados incorrectos. La leche, juas. La explicación es que se inventa los números. Sin querer, pero le bailan.
Más tarde bajaré al pueblo a enviar todo esto.

Martes 2 de diciembre. Estoy hecha mierda.

Mi cuerpo sólo dió para 75 abdominales.
Por la mañana Alfredo me llevó a la terminal de buses. Yo iba bastante cargada, pero la maleta me sirvió de apoya-pies. La peli que pusieron era Operación Swordfish, que yo ya había visto. Intentaba dormir pero entre el jaleo de la peli y el de la música del conductor no pude.
Llegué a sonsonate y justo salía un bus hacia Cara Sucia. Sólo tuve que esperar para subir al CEDEFAR, algo más de media hora. Tenía compañía pero no era muy agradable, era un chaval de la zona, que yo ya conocía de vista. El pobre tiene síndrome de Down, pero su familia lo tiene abandonado, no le hacen casi caso así que es casi una bestia. Estoy segura de que no lo han bañado en un mes lo menos. Se sentó a mi lado y yo de vez en cuando le decía algo, pero o no entiende o no quiere entender.
Subí en pick up y al llegar, oh sorpresa, los vientos huracanados del fin de semana que habían tirado los árboles de papaya, habían llenado mi dormitorio de hojarasca. Tooodo estaba lleno de polvo y hojas, así que tocó barrer.
Aparte de todo esto, mi cuerpo estaba hecho MIERDA de los abdominales. No podía ni reír tranquila. Me pasé la tarde tumbada. Y por la noche, os escribí todo esto.

Lunes 1 de diciembre. Terminar con la biblioteca.

Bajé a 100 abdominales.
Por la mañanita fuimos a la oficina, donde terminé de clasificar los libros del cuarto aquél. Después de romperme la cabeza para hallar la forma de crear un código para los libros en Excel y de terminar de deshacerme los sesos investigando cómo se hacen etiquetas en Word, logré hacer un archivo de etiquetas para los códigos de los libros. Pero hacían falta las etiquetas. Esperé porque ya era la hora de comer.
Fuimos al comedor de al lado y allí vimos a Gerónimo que se había comprado el también una iguana. Lo dicho, el tipo es rarito. Si luego no se la podrá llevar a Francia! Dice que la cuidará los 9 meses que esté aquí y luego se la regalará a alguien.
Después de comer, Alfredo me acompañó a Iberia a por los billetes. Hasta pude reservar los asientos: ventana hasta Miami, y puerta de emergencia y ventana hasta Madrid. Qué suerte.
Luego me puse a imprimir etiquetas. En ello estaba cuando apareció la peor de mis pesadillas: el Chele. Qué carajo hacía ese hombre en la oficina de FUCRIDES es algo que no me puedo explicar, pero que el tipo llegase hasta donde estaba yo mientras su compañero le decía que se apurase que tenía mucha prisa, sólo para decirme: llámame, eh? -no ves que estoy liada? -bueno, me llamas en la noche, eh? -que noooo -vale, te llamo yo, adiós. AGGGGGG, qué horror. Y encima me entero de que en casa esa mañana le habían dicho que yo ya me había ido al CEDEFAR. Si es que me lo veo apareciendo un día por aquí. Puta. Por la noche llamó a casa, pero debió de pensar por un momento que yo no estaba interesada en él y no preguntó por mí, sino por la francesa, porque un primo suyo (que dicen que es peor que él) quería enseñarla a bailar salsa. Le dijeron que dajase a la francesa en paz, que no sea pesado, que me deje en paz a mí también y etc. Pero seguro que un día aparece por aquí.
Por la tarde me fui de la oficina con Alexander y Mario. Alfredo se había ido al aeropuerto a buscar la maleta de los colombianos que habían perdido. Fuimos a una especie de megaferretería donde compraron sustrato para semilleros y una maza.
Al volver a casa, cené y me fuí a la cama directamente. Estaba muertecita.

Domingo 30 de noviembre. Planes de Renderos y la Puerta del Diablo.

Amanecí a las 9 am, qué tarde! Pero como no había nada que hacer, no pasaba nada. Con Alfredo, estuvimos viendo una película de Hércules y yo seguía en pijama. Hacía muucho tiempo que no me pasaba una mañana en pijama, qué gustazo, ya lo añoraba, aquí siempre tengo prisas por cambiarme.
Después me hice 125 abdominales para ver si el vestido que compré me queda un pelín mejor. La meta eran 200 al día, pero yo no estoy hecha para el deporte. Una duchita relajante y a ver otra peli de dibujos. Pensé al principio que era "La espada mágica", pero aunque también iba sobre Excalibur y todo eso, era otra peli. Bastante rara, y encima se ve que los domingos no paran de poner anuncios. Joder, cada 5 minutos había pausa comercial. Al menos son de sólo 3 minutos o así, excepto cuando ponen el anuncio de la "Teletón" (es una tele maratón para conseguir dinero para los niños) que es una canción bien larga y asquerosamente pegadiza ("te estamos esperando -con los brazos abiertos..."). Qué horror.
Por la tarde, Alfredo fue a buscar a los franceses y fuimos todos (Alicia su mujer, Erica, Carlos y Alfredo) a Planes de Renderos, un pueblo al lado de San Salvador, que está en la montaña y que tiene un mirador sobre SanSal espectacular. Es famoso por las pupusas también. Lo del mirador lo dejamos para la nche, para ver SanSal iluminado, y fuimos a la Puerta del Diablo.
La Puerta del Diablo son dos peñas enormes entre las que hay una buena caída. Mucha gente va allá a suicidarse. Hay muchas leyendas del lugar, pero no encontré a nadie que me contase una entera, así que os quedáis sin saber.
Subimos a la peña más alta. Gerónimo subió a toda pastilla, como si fuese una competición. Yo subí a mi paso, con Erica y Carlos, que por el camino me contaron la historia de Panchimalco, el pueblo que se veía desde la peña. Era un pueblo indígena, de los pocos que quedaban, donde la gente hablaba Nahuatl y todo. Estaban ahí establecidos porque tenían unas cascadas que les proporcionaban agua, pero la compañía de agua del estado, se apropió de las cascadas y entonces fueron desapareciendo de allí. La última señora del país que hablaba Nahuatl debió morir hace unos años.
Al llegar arriba del todo... Qué vistas. Se veía el lago Ilopango, la ciudad de SanSal, el volcán de San Salvador (tb conocido como Boquerón), los volcanes de Santa Ana, Izalco y Chinchontepeque, y el Pacífico. Realmente el país debe ser pequeño para ver todo eso desde ahí, pero se hace grande cuando viajas por él.
Tomamos las fotos de rigor y comenzamos a bajar antes de que se nos llevase el viento, que soplaba muy fuerte y allí arriba no había vallas ni nada, a pesar de ser lugar turístico. En la bajada encontramos una chica que llevaba una iguana al hombro. Me la prestó un rato para que nos hiciésemos fotos. Qué linda era, me miraba así de ladito y me sacaba la lengua.
Al llegar abajo, nos esperaba Alicia que no había querido subir. Estos fueron a subir la otra peña, pero yo decidí pasar del tema, ya había visto lo que había que ver y allí cerca estaban dando mazorcas de maíz asadas. Jeje, el estómago puede. Bien ricas con sal y limón, pero estaba fría, jo. La verdad es que hacía bastante fresquito en el lugar, yo iba ya con manga larga, así no me extraña que se enfriase la mazorca.
Fuimos al mercadillo que había por allí, para los turistas. Gerónimo empezó a comprarse collares y todas esas cosas. El otro día se compró un sombrero de cuero. Erica y yo nos compramos algodón de azúcar, que tenía una pinta terrible por la de colorante que debe llevar. Estoy convencida de que el de color rosa brillaba en la oscuridad.
Un grupo de música así como andina empezó a tocar en la placita. La verdad es que sonaban muy bien. Gerónimo me contó que él tiene tb un grupo. Bueno, que en realidad son sólo dos, pero porque hacen música con sistetizador. También me decía que en la Bretaña son bastante famosos, y que han vendido 17 copias de su cd en Austria (por internet). Por si os ha entrado la curiosidad, no recuerdo el nombre del grupo porque estaba en latín, pero el del disco era "La letanía del cuervo", claro que en francés. Si lo dicho, un tipo raro este Gerónimo.
Cómo no, había que comer pupusas y allá fuimos. Por fin las pude tomar de maíz, que siempre había tomado de arroz porque no tenían de maíz. Me gustan más las de maíz. Tomamos un chocolate caliente porque algunos ya estábamos congeladitos del frío. Increíble pero cierto. Yo creo que era sobre todo por el viento.
Fuimos al mirador... Qué bonito, encima en algún lugar de la ciudad estaban tirando fuegos artificiales... Preciosísimo. Pero un viento tremendo que a mí me terminó de congelar, y me acurruqué detrás de la balaustrada para que no me diese. Y encima Alfredo no llegaba a buscarnos, brrrr, qué frío. Y lo peor de todo!!! Había averiguado que en el canal 2, a las 20hrs del domingo, ponen CSI!!! Y ya llegábamos tarde. CSI es la única serie que intentaba seguir en España.
Al llegar a casa, Erica (tb fan de la serie) y yo nos abalanzamos sobre el televisor, pero a los 10 segundos, me di cuenta de que ya había visto ese episodio. Por lo menos no me molestó perderme el principio.