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Desde El Salvador

Viernes 28 de noviembre. Organizando la biblioteca y a buscar a los colombianos.

Manos a la obra, me llevaron a un cuarto que tiene FUCRIDES donde las oficinas y me enseñaron la montonera de libros que tenía que clasificar. Me llevé mi ordenador para esto. Hice un cuadro en excel y me pasé la mañana metiendo los datos de cada libro en la computadora. Al principio eran libros de agronomía, pero luego empezaron a salir novelas, y más tarde cuentos y libros de texto de diferentes donaciones. Me resultaba gracioso el ver que eran de chavales de Pozuelo los libros. A saber qué será ahora de esos chicos y chicas, pero yo puedo contarles dónde acabaron sus libros.
En el transcurso de la mañana, aparecieron por ahí Heráclito y Claudia, dos colombianos que están en el mismo programa de becas que yo, pero que por problemas de visado no habían podido llegar hasta ayer. Heráclito está en FUCRIDES, pero Claudia no. A Heráclito lo han destinado a Comacarán, bastante lejos de la capital, así que Claudia ha pedido a su organización irse allí. Ah, son esposos. A Claudia yo ya la conocía de las reuniones de antes de venir.
Quiá, no sé si hice algo más este día, no recuerdo. Supongo que estuve todo el día enfrascada en los libros. Sé que me llamaron mis padres para pedirme el número de pasaporte para los billetes, y que luego me llamó la de la agencia de viajes y ya acordamos que el lunes pasaría a por los billetes por la oficina de Iberia en la capital. Qué alegría, ya tan cerca de los billetes. No es que me desagrade esto, es que apetece mucho volver por Navidad como el de El Almendro.
Cuando salimos de la oficina, fuimos a dejar a los franceses (Alfredo y yo). Alfredo tenía intención de ir a dejarme a su casa y luego ir a por los colombianos, que estaban a tomar por culo hospedados (no sabemos por qué) y querían cambiarse. Le dije que sería dar mucha vuelta, que me iba con él y así le hacía compañía. No veáis lo que lo agradeció. La verdad es que era un largo camino y había hambre, pero nos prometimos el ir a cenar por ahí un buen filete (no de polloooo).
Al llegar al lugar vimos que Priscilla (otra becaria) también venía con ellos, así que todos al coche, más las maletas. Por el camino fui hablando con ellos, Priscilla me contó que había ido a Guatemala solita, aunque allí conoció a una australiana con la que pasó el tiempo. Qué valiente, o qué arriesgada...
Resulta que FUCRIDES les había reservado habitación en el mismo hotel que los franceses, pero estos dos no dijeron que se iban a quedar en casa de Priscilla. Allí estaban Consoli y Elena (más becarias) y conocí su casa, que está cerquita de "La Luna", el bar famoso entre los turistas.
Alfredo y yo fuimos en busca de nuestra deseada cena. Me llevó a "Mamá Chuz" un sitio donde sirven carne de res (nunca de ternera, siempre vaca vieja) bastante rica. Me puse hasta arriba, también me tomé una patata asada con queso y margarina. El camarero se encaprichó conmigo o algo, porque cada 2x3 pasaba por la mesa a preguntarme si estaba todo bien, si me gustaba, si el licuado "especialmente hecho para mí" me agradaba... Alfredo se quedó flipando de la buena atención. Ya le dije yo que por ser extranjera me atienden bien en todas partes. Un licuado de coco que tomé... Agggg, qué rico. Si encuentro en Cara Sucia quién me lo haga, abandonaré a la muchacha de los licuados de plátano. Invité a Alfredo, que hoy me había invitado a almorzar y no podía escaparse.
Llegamos a casa un poco tarde, pero allí estaban todos despiertos. Yo soy la rara que se acuesta a las 20 horas, jejeje, ya me acostumbré al campo. Es una familia estupenda. De verdad. Los voy a adoptar, ya he decidido que pasaré con ellos el 24 y 25. Todavía tengo que pensar qué les llevo de regalo.

Sábado 29 de noviembre. Descanso y juerga por la noche.

Pues en principio no tocaba descanso, sino más bien trabajar muy duro. Íbamos a ir a Las Lajas a poner los plásticos del invernadero, pero resulta que estábamos esperando una llamada a las 6 am para saber si íbamos o no. Todo dependía del viento. Resulta que estos días ha estado haciendo bastante viento, y en esas zonas mucho más, así que para poner los plásticos, imposible con el viento. Llegó la llamada salvadora que dijo que huracaneaba. A la cama un rato más.
Yo vagueé toda la mañana, leí y vi la tele. Luis llamó diciendo que en el CEDEFAR también había huracaneado y el viento había tumbado unos cuantos papayeros que estaban cargados, así que Alfredo y Carlos (Colocho) tuvieron que ir allí a traer las papayas y los pollos de engorde (iban a venderlos a una señora pero al final se echó atrás).
A las 3, fui con Erica (hija de Alfredo, 24 años) al centro a hacer alguna compra. En el super conseguí otro repelente diferente, que creo que tampoco hace mucho, aunque me costó la friolera de 5 dólares.
En las callejuelas del mercado Erica me llevaba de la mano para que no me arrastrasen dentro de las tiendas, porque era alucinante el ver cómo tiraban de mi brazo para llevarme y enseñarme. Regateamos como fieras. Entre otras cosas, logré llevarme un vestido de fin de año bien bonito por 23 dólares (unas 3000 ptas). Inicialmente eran 30. Y en otra tienda querían venderme uno por 75 dólares. Dice Erica que ven un turista y se ponen como Tío Gilito (aquí llamado McPato), con el símbolo del dólar en los ojos. Pero no saben que Tirma no es tonta del todo, y sobre todo a la hora de gastar pasta, jejeje.
Por la tarde-noche, llegó el Chele a casa. Creo que ya conté quién es este individuo. Es un primo de Erica y Alex que el primer día que me conoció se empeñó en que yo era gringa y pronunciaba mi nombre con acento americano. Eso aparte de tirarme los trastos descaradamente y encima sin ningún arte ("anda, llevas una camiseta amarilla, yo también, ¡ya tenemos algo en común! ¿ves?") y todo ello a pesar de que todo el mundo le repetimos una y mil veces que tengo novio. Llama a la casa para saber cuándo voy a llegar por allí, y ellos le mienten todo lo que pueden, pero al final acaba descubriéndome.
El caso es que íbamos a salir con los franceses y el Chele se apuntó. No estaba mal del todo porque así nos llevaba en coche, pero es que justo antes de salir, me contó los 14 accidentes de coche que ha tenido. En uno de ellos quedó "pallá" durante 3 meses, que no sabía ni quién era ni cómo bañarse. Está claro que nunca lo superó y aunque ya sabe hablar, no entiende mi idioma, porque no sé cuántas veces le dije que tengo novio, que no insista. Le corté tan tajantemente que se enfadó conmigo y después de recoger a los franceses y dejarnos en el bar al que íbamos decidió irse a casa. Pensé que con eso bastaría, pero no: me dió su tarjeta y me insistió en que lo llamase.
A todo esto, como quería hablar conmigo y yo estaba sentada en el asiento justo detrás de él, se giraba en redondo cada 2x3 y madre mía la de volantazos que dió. Yo estaba acurrucada en el asiento medio muerta de miedo y de risa. Carlos y Erica decían que es que debería haberme puesto delante. Los miré con cara de "estáis locos? los primeros que mueren son los de delante".
Gerónimo estaba muy cansado y no vino, así que Cecile, Erica, Carlos y yo fuimos a "Pueblo Viejo" una especie de restaurante con sala de baile. Resulta que esa noche fue la más aburrida de todas las noches de ese restaurante. Al menos eso decían Erica y Carlos para disculparse por la música del local. Yo me tomé unos nachos con guacamole (y frijoles, cómo no) y un licuado de sandía (de muerte). Luego salimos a "bailar". Creo que la francesa era la que mejor bailaba de todos nosotros. Qué vergüenza, jejeje. Yo al menos ya había avisado de que yo no bailo, yo "me muevo en el sitio" y olvídate de coordinarme con otra persona, que podemos acabar hechos un ocho.
Había que acabar la consumición así que pedí un capuccino para espabilarme, que ya bostezaba. Nada, ni el café puede con mi sueño.
Fuimos a cambiar de local, pero el que buscábamos no estaba donde pensábamos que estaba, así que decidimos ir... a La Luna, que seguro tenía buen ambiente. Por el camino (fuimos andando) pasamos por bares en los que sonaban Héroes del Silencio (Teresa, pensé en ti) y en los carteles del nombre tenían los escudos del Real y del Barça. El día del partido eso va a estar repleto de gente. Hasta se pelean al salir del restaurante correspondiente a su equipo, los bobos.
Llegamos a La Luna y había un especial Ricardo Arjona que emocionó a Erica. El grupo versioneaba al tipo este. Yo encontré un sofá en el que una pareja me hizo un hueco y me puse a dormir felizmente. Cuando me despertaron llamaron al Chele para que viniese a buscarnos. Increíble, pensé yo, hasta lo habrán despertado. El caso es que no, porque estaba trabajando. Yo me hice la dormida en el viaje a casa para evitar al tipo, pero al llegar ya no pude escaparme. -Llámame, llámame. -Para qué te voy a llamar si ya te veo mañana.-Puede que no, tengo que ir a otro lado.-Yupiii (pensado). Ah, bueno (dicho).
Y a la cama con tapones en los oídos para no despertarme con el jaleo matutino.

Jueves 27 de noviembre. Visita de los franceses y marcha a SanSal.

Comencé por la mañana colando arena, sólo interrumpida por las contínuas visitas de los muchachos para enseñarme sus "capturas". SAben que me encanta fotografiar bichos raros y cada vez que encuentran uno lo cazan para mí. Fotografié un gusano del tamaño de mi dedo índice, una araña que parecía una viuda negra (pero estoy casi segura de que no lo era) y un lagarto que aquí llaman "garrobo".
Antes de comer llegaron Humberto, su hijo José (12 años), Marta y dos franceses: Gerom (no sé si es así, Alfredo que es incapaz de pronunciarlo lo llama Gerónimo) y Cecile. Estos dos están aquí porque en Francia ellos eran estudiantes de los CEDEFAR de allí, y ahora vienen a ser monitores de los de acá. Supongo que no recordaréis el primer mail que envié, pero ahí explicaba que lo del CEDEFAR no es un lugar único, hay otros en Guatemala, Nicaragua, Honduras y sobre todo en Francia, de donde viene la idea. El caso es que en Chalatenango van a hacer otro, al que irá Cecile cuando sepa hablar mejor español, para hacer encuestas en la zona acerca de las necesidades educativas. Y Gerónimo va a Guatemala a una comunidad indígena. Pobrecito, porque este sí que no tiene ni papa de español, aunque va aprendiendo muy rápido, pero de poco le va a servir con los indígenas que hablan dialecto, y el español que hablan está muy influenciado por esto.
Ya dejé la arena cociendo y fui a acompañarlos por las instalaciones. Es el CEDEFAR más bonito que han visto nunca, y en Francia conocen unos cuantos. Edith estaba torteando y fuimos a que lo viesen, hacer la masa y tortear. Animé a Marta a que hiciese su primera tortilla, y casi no pudo esperar a comérsela según salía del comal (plato de barro para cocinar las tortillas).
Avisé a los chavales de que venía Marta y que les iba a gustar mucho. Marta entró en la clase de costura sin saber dónde se metía, jejeje, sólo la silbaron un poco. No sé cual de los de-sastres (todavía no saben coser muy bien los pobres y así se llaman a sí mismos, otro juego de palabras salvadoreño) preguntó que si éramos hermanas. Menos mal que no preguntaron lo mismo al llegar los franceses. Los franceses son rubios, ojos claros y blancos como la leche los dos.
A la hora de la comida descubrí que Gerónimo es un tipo raro. Empezó a emocionarse con noséqué comentario de vampiros y a contar historias. Creo que hizo una especie de tesina sobre el tema. Al día siguiente me contó que tiene TODAS las novelas y cuentos de Tolkien. Confirmé mi teoría de que era un friki (papá, mamá, si no sabéis qué es un friki, preguntad por ahí).
Yo me iba a ir con ellos a SanSal, así que fui a preparar las cosas. Metí toda la ropa sucia en la maleta con la idea de llegar a casa de Alfredo y meterla en la lavadora. Cuando Lucía me vió aparecer con la maleta pensó que me iba así sin avisarla. Todos se reían de mí por llevarme la ropa sucia, pero se ve que ni Marta, ni Humberto ni los franceses han tenido que lavar a mano en mucho tiempo.
El viaje fue un poco largo por el tráfico de entrada a la capital. Dejamos a Marta y fuimos a cenar, que era tarde. Como íbamos con los franceses, tocaba llevarlos a una pupusería a que probasen las pupusas. Hasta arriba se pusieron de pupusas y licuado de zapote. Después fuimos a dejarlos a su hotel. Se había hecho tarde y Alfredo vive en la otra punta de la ciudad, mientras que Humberto vive al lado de los franceses, así que le dije que si le venía mejor, me quedaba a dormir esa noche en su casa y ya me iba al día siguiente a la de Alfredo. Eso hicimos.
En su casa no había nadie todavía, pero enseguida llegaron su esposa María Elena y su hija Claudia. Majísimas ellas. Claudia me dejó su habitación y se fue a la de su hermano que tiene una cama nido. Estaba bastante cansada así que me fui a la cama prontito.

Miércoles 26 de noviembre. Cociendo arena y partido de fútbol.

Tempranito me puse a cocer más arena, todavía me quedaba muuucha y va lento. Me costó horrores encender el fuego, la gente pensaba que ya no iba a desayunar de tanto que tardé. Estuve con eso toda la mañana.
Mientras vigilaba el fuego, leía el libro que me había dejado Lucía acerca de niños desaparecidos en la guerra. Gracias al libro, tengo más idea de cómo fue la guerra en este país. Hay muchos testimonios de gente que vivía en la zona de conflicto que te cuentan cómo huían del ejército y de las masacres que hacía éste.
Hay una comida típica aquí que se llama "tamal" consiste en una pasta de maíz que se cuece dentro de una hoja de plátano. Puede llevar pollo o verduras dentro. El caso es que se debe hacer parecido a como yo cuezo la arena, porque todo el mundo que pasaba por allí me preguntaba que para cuando iban a estar listos los tamales. Fue la coña de ese día y el siguiente.
Después de comer bajé al pueblo a comprar agua, un mechero e ir al ciber. Me costó encontrar agua, todo el mundo me mandaba para un lado y cada vez era hacia el contrario. Necesitaba el mechero porque el que había comprado por un colón (11 centavos) se me había rajado en el bolsillo. Tendré que tener más cuidado, porque este que compré tb era de esos.
Se me olvidaba. Me pasé por la oficina de correos porque el martes Luis había ido a echar una carta mía y le habían cobrado 1.19$ cuando ya tenía los sellos y todo. Yo enfadadísima les iba a echar la bronca por estafarme, pero estaban los que me atienden a mí siempre, no el viejete que atendió a Luis, y me devolvieron el dinero, aparte de entregarme 2 cartas de Pablo (creo que por eso los perdoné al instante). Pero a saber el vejete que pretendía, porque nadie le había pedido que mandase la carta express, que una cosa es que no se fije en que tiene sellos y otra que le ponga más cargo sin venir a cuento.
Subí al CEDEFAR y Luis justo regresaba de Sonsonate y subió conmigo. Pudo ver cómo los paisanos me "enamoraban" como dice Luis. Uno se salió del pick up, para colgarse de los barrotes pero por fuera, frente a mí y empezar a decirme "hola gringuita, Ai lofyu". Estuvo a punto de ser derribado un par de veces por ramas que chocaban contra el auto.
Al llegar, los chicos se preparaban para jugar un partido de fútbol. La "cancha" es pequeña, y las porterías más: 0.75 de alto por 1 de largo, más o menos. No sé cómo hacen para meter goles. Israel se estaba escondiendo detrás de un árbol porque había llegado yo. Resulta que el pobre estaba jugando en calzones, pero eran de licra y marcaban que no veas. Además, el chaval es de los de 18 años, ya mayorcito. Pero qué risa viéndolo esconderse detrás del árbol sin saber hacia dónde moverse. Depués de repetirle unas cuantas veces que no me importaba, que ya he visto muchos hombres en mi vida y blablabla, salió a jugar.
Qué animales, algunos jugaban descalzos, otros con tacos, otros sólo llevaban una bota de tacos, porque compartían la otra con otro. Cada 2x3 se les iba la pelota al quinto pino y allí que se metían a buscarla entre la maleza, descalzos o a la pata coja. Encima la cancha es de tierra y acabaron todos empolvadísimos y con el sudor se hacía un barrillo la mar de pegajoso.

Domingo 23 de noviembre. Concierto de Maná

Por la mañana me puse a limpiar el cuarto, iba a bajar andando hacia el desvío a las 12pm, así que tenía tiempo. Barrí un par de cucarachas, un par de milpiés muertos, toda la tierra de las abejas asesinas excavadoras (que creo que se están estinguiendo por culpa de las avispas asesinas cazadoras), alguna polilla muerta... Y de recogedor usé un cartón, porque la última vez que quise usar el de la cocina, al levantarlo salieron muchos bichos. Demasiados incluso para mí. Aquello era repulsivo. Creo que dejé la habitación decente. Sacudí hasta el colchón no fuese a haber alguna chinche. Total, para lo que sirve limpiarla... Se pone chuca (sucia) enseguida.
Hablando de suciedad, ya sé de dónde viene el nombre de Cara Sucia. Resulta que todas estas tierras pertenecían a un mismo dueño que tenía la hacienda cerca del pueblo de Cara Sucia. Este hombre tenía unas vacas extranjeras que su cara era completamente blanca. Pero con el tiempo y la mezcla de razas, en la cara les aparecieron manchas, y las llamaban "vacas de cara sucia" y ya se referían a la finca como la de las vacas de la cara sucia, y de ahí se quedó sólo lo de Cara Sucia. Yo pensé que como por aquí suele pasar frecuentemente, sería por alguna virgen que tenía la cara sucia y no se la podían lavar. Menos mal que fueron un poco más originales esta vez.
Una leyenda de vírgenes que me han contado es la del pueblo de Izalco, que está próximo al volcán del mismo nombre. La lava avanzaba hacia el pueblo y lo iba a destruir, la gente se preparaba ya para evacuar el pueblo, pero un paisano de por allá, se acercó a la lava y colocó cerca de ella una estampa de alguna virgen. La lava avanzó y avanzó hasta llegar a la estampa, y de allí no pasó.
Y otra es la de la fundación de una ciudad que se llama Santa Tecla, bastante importante. Era algo de unos campesinos que se llevaban a la virgen a otro sitio (no sé si su pueblo había quedado destruído). En el camino, pararon a descansar y dejaron la virgen en el suelo. Cuando quisieron reanudar la marcha, no podían levantar la vírgen, se había vuelto demasiado pesada. Interpretaron que la vírgen quería quedarse allí y allí fundaron la ciudad.
A lo que iba. Fui a bajar andando hacia el desvío, 45 min de camino bajo el sol (exagero, hay muchos árboles por el camino). Pero a los 5 min pasó un pick up con dos hombres. Los miré (con un poco de cara de lástima, he de añadir) y me ofrecieron bajarme. El copiloto se pasó al remolque y yo me senté a charlar con el conductor. El tipo es director de no sé qué por parte de ARENA (el partido de derecha que gobierna) y estaba haciendo una visita a un líder de una comunidad cercana. Me empezó a contar que una vez anduvo con unos españoles después del Mitch, que venían a traer ropa para los niños. Me habló de su gran amigo Manuel Fuentes, un pintor que vive en Mallorca. Me hablaba de él como si yo fuese a conocerlo, jejeje, qué inocente. Ya buscaré en internet a ver si existe. Según llegamos al desvío me ofreció llevarme más alante, a lo que yo me negué alegando que entonces el bus estaría más lleno (eso son reflejos). Me aclaró que así podría conocer su casa. Me faltó añadir que precisamente eso era lo que quería evitar. De todas formas, era buen tipo.
El bus llegó hasta los topes. Estaba medio colgando en la puerta delantera cuando veo que un chico me llama la atención. Le entendí que si quería que me colocase la mochila en la rejilla, le dije que "no gracias". El tipo que estaba a mi lado me aclaró que el tipo era el cobrador, y que quería cobrar el billete. Qué corte. Le di 50 centavos, pensando que me devolvería 4, pero aaaahhhhh, era fin de semana así que me faltaban 7. Qué corte de nuevo.
Al llegar a Sonsonate busqué una cabina de Telefónica, que son de los únicos que ando tarjeta. Intenté llamar a Marta, pues mi idea era quedarme esa noche en su casa, pero no había nadie en la casa. Qué raro pues son por lo menos 5. Llamé a Adonai para decirle que agarraría un bus a las 14, para que me esperase a las 15 y poco en la terminal. Luego fui en busca de algo de comer. La estación está llena de gente que vende comidas, refrescos, guarrerías varias... Yo le había echado el ojo a unos licuados y me pedí uno de plátano. Aggg, qué rico. Y mientras busqué desesperadamente unas pupusas de queso, pero todo el mundo las tenía revueltas (queso, frijoles y chicharrón). Mi gozo en un pozo, pero me resigné y pedí unas de esas. Tuve que envolverlo todo precipitadamente (y no lo hice muy bien pues chorreaba por todas partes) porque me di cuenta de que tenía que agarrar un bus! El tipo que se sentó a mi lado debía tener la tripa revuelta de verme comer aquel amasijo de pasta de maíz, frijol, queso y chicharrón con los dedos en el bus. Y con la otra mano sujetaba el licuado de plátano, que como estaba en una bolsa de plástico, si lo soltaba se caía.
Qué horror de película. Algo de un virus en la sangre que vuelve locos asesinos y mediozombies a quienes se contagian, y parece que todo el mundo está igual menos unos pocos que sobreviven como pueden. Justo lo que me faltaba para digerir las pupusas. Menos mal que tenía el licuado, si no, echo la pota allí mismo.
Adonai estaba esperándome. Fuimos a la oficina a llamar a Marta, no había nadie tampoco, así que llamé a casa de Alfredo para quedarme con ellos. Sólo estaba su hija Erica, pero sin problema, ya hay confianza.
Después fuimos a buscar a sus amigos. Alberto (17 años) llegó, pero Óscar (30 años) no había salido de trabajar (curra en una maquila de electricista), así que fuimos a buscarlo. Alberto me preguntó si me gustaba el fútbol, porque resulta que yo estaba enterada de la mitad de los resultados de los partidos de la liga española. Juas. Pues claro que estoy enterada, son las únicas noticias que recibo de allá, como para no absorberlas por completo.
Por lo visto estos cheros eran auténticos fans de Maná. Se sabían bien las letras. Yo aclaré desde un principio que sólo me sabía algún estribillo, pero luego me sorprendí a mí misma cuando vi que me sabía bastante más de lo que pensaba.
El concierto era en el estadio Flor Blanca - Mágico Gonzalez a las 7 pm, pero allí estábamos a las 5pm buscando aparcamiento. Como no encontrábamos, decidimos ir a comprar algo de comida. Casi se enfandan cuando yo no les dejaba pagar por mí mi comida.
Aparcamos cerca del estadio donde unos chavales cobraban por vigilar los carros.No estaba caro y estaba cerca. Al mirar las entradas, oh sorpresa la que me habían comprado era para el fondo sur y el resto tenían el norte. Menos mal que lo de la reventa funciona estupendamente y por dos dólares pudimos cambiarla. Allí la gente por la calle grita "boletos! boletos para grama!". Y la poli al lado. Me han aclarado que esos polis no se ocupan de eso, por eso no pasa nada.
En la entrada, nos dicen que ni comida ni bebida. A dejarlo en el coche. Yo logré colar chocolate y caramelos en la mochila. Decían estos que si hubiese llevado todo también me hubiesen dejado meterlo. No creo, la verdad, me resgistraron la mochila bastante bien, lo que pasa es que al llegar a las bragas que estaban en el fondo, la poli dejó de mirar. Justo debajo estaban mis chocolatinas Nestlè. Entramos al estadio y la verdad, estábamos bastante lejos del escenario, pero se podían ver las pantallas que habían colocado. Daba igual, pues el ambiente que había lo compensaba.
Estuvo muy bien el concierto. Hasta los teloneros me gustaron. Estos cantando las canciones emocionados, las chicas histéricas (y ahora afónicas) de al lado y detrás, y yo que cuando me sabía la letra me ponía a chillarla, más que cantarla. Alberto y Óscar lograron sonrojarme a base de piropos. Por ejemplo, me puse una bandana de maná que regalaban (con la marca del periódico, y amarilla fosforita, una horterada) a modo Rambo en la frente, y el comentario era "a una preciosidad como tú todo le queda bien". Yo en realidad sabía que debía estar patética, pero esa era la idea. No hubo forma. Creo que ya me voy acostumbrando a esto. Volveré con el ego como un globo aerostático y me daré de bruces al ver que en España no soy exótica como en El Salvador. Volveré a ser una más del montón. Cachis...
Según acabó el concierto (por cierto, adiviné que las dos últimas canciones serían En el muelle de San Blas y Clavado en un bar) me dejaron en casa de Alfredo, Erica estaba despierta y me abrió.

Martes 25 de noviembre. Hoy tocaba currar en serio.

Pues sí, mientras los chavales se hacían colchas y camisetas en la clase de corte y confección, yo he terminado de colar toda la piedra pómez y me he puesto a pasarla por vapor para desinfectarla. Todo el día cargando la pala. Por lo menos también he aprendido a "echar" tortillas, que es básicamente amasarlas y ponerlas al fuego. Me salen no tan redondas como debieran ser, pero bastante decentes. Eso sí, en lo que yo hago una, Lucía o Edith hacen 4 o 5.
Luis me ha estado contando más acerca de las infidelidades en este país. Dios mío, es increíble la de chismes que he aprendido. Y es que no se libra nadie (pero nadie) de toda la gente que conozco en FUCRIDES. O tienen dos mujeres, o hijos con diferentes parejas, o líos entre compañeros de oficina... Terrible. Y dice Luis que no conoce a nadie que no haya sido infiel a su mujer al menos una vez. Eso, claro, lo incluye a él. Tremendo lo de este país. Hasta el ingeniero que vino de España para ayudar a montar los invernaderos se ha echado querida en el país. De hecho, cuando Alfredo y Adonai estuvieron en España, para que se viniese le dijeron que seguro que se podía hacer a alguna. Yo le dije a Luis que no pienso contagiarme.
Por la tarde me preguntaban por Pablo los chavales y me pidieron ver alguna foto. Les enseñé una en la que estamos vestiditos para una boda y otra en la que hace el ganso. Ya de paso les enseñé a Nayra, y están deseando que venga. A Pablo lo calificaron de "galán" y pudieron apreciar que sí que es bastante más grande que yo (y que todos ellos, jejeje). Pablo, para que no digas que no voy marcando tu territorio.
Mañana seguiré cociendo piedra pómez (haciendo tamales, como dicen que parece que hago) e intentaré bajar al pueblo por la tarde para enviar todo esto.

Lunes 24 de noviembre. Oficina de FUCRIDES y CEDEFAR.

Por la mañana fuimos a la oficina a trabajar un poquejo. Pusimos al día las actividades del CEDEFAR y quedamos en que para el jueves vendrían y yo me volvería con ellos a SanSal, para poder el viernes ordenar la biblioteca y el finde ayudar con el invernadero del hogar de parálisis cerebral.
A la hora de comer, fuimos a celebrar el cumple de Ceci, una de las secretarias. Fuimos al "Pollo Campero" una cadena de pollo frito que en este país derrota al KFC por mucho. Y son de aquí. Me hizo gracia el que Telepizza está en sus locales. Y el pollo... Bien rico, pero el de Chepe estuvo mejor. Eso sí, las papas fritas mejores que las mías, jeje.
Teníamos (Luis y yo) que salir a las 14 pm para enganchar el último pick up hacia el CEDEFAR. Se enredó con facturas y salimos a las 14.30. Claro, al final no lo logramos, aunque pasó otro después que nos subió. Y no tuve suerte tampoco con la peli. Una de vampiros. Y con lo que odio yo las sanguijuelas, salían muchas.
El conductor del bus desde Sonsonate no colaboró mucho a que llegasemos a tiempo. El tipo ponía punto muerto en las bajaditas, y luego le costaba horrores meter una marcha. Sonaba fatal aquello, e iba lento. Un tipo se subió a vender vitaminas que parecían el remedio para todos los males. Como en las pelis del oeste el típico señor con maletín que cuenta historias maravillosas acerca de su producto. Igualico.
Los estudiantes del CEDEFAR habían llegado ya. Estaban segando y recogiendo la soja a machetazo limpio. Me invitaron a unirme, pero decliné la oferta respetuosamente.
Esa noche estuvimos contando chistes y adivinanzas. Me siento el centro de atención cuando nos reunimos unos cuantos en una mesa. Y ya hasta el más chico me sacó los colores esa noche. Hablábamos de un anuncio de unas galletas que se llaman "boquitas" y que va de un tipo que parece que está diciendo a una mujer "ais, que boquita más linda, me la voy a comer" cuando al final, agarra la galleta y la mujer se queda con un palmo de narices. Le dieron a elegir a Chepe entre la galleta y la mujer y eligió la galleta, y yo pregunté si es que la mujer era fea. Me dijeron que no, que era bien bonita. Y salta Chilolo (el más pequeño) casi tan bonita como Tirma, verdad? Joer, no aprenden rápido estos ni nada.
Encima me he enterado del chisme que corre por el pueblo sobre mí. Resulta que cuando Mario vino, preguntaron a Eliseo (Eliseo dice que los chicos "se interesan por mí") que quién era ese. Mario es alto, con pelo largo y rizado y barba. Eliseo, por tomarles el pelo les dijo que era el de Maná. -¡¡¡¿Síii?!!! -Claro que sí. -¿Y qué hace aquí? -Viene a ver a Tirma. Así que piensan que estoy liada con el de Maná. Encima el otro día me vieron en el bus y preguntaron a Eliseo que dónde iba y él les daba coba con que me iba a ver al de Maná. Y yo sin saber todo esto, ayer me paseaba con la pañoleta hortera en el pelo "Maná en concierto"... Lo que me he podido reír cuando me lo ha contado.

Viernes 21 de noviembre. CEDEFAR. No pasa realmente nada.

Día tranquilo, por la mañana ayudé a limpiar el maíz, a quitarle el "olote" (creo que son las hojas y restos de mazorca que quedan con el grano) y los granos podridos. Un trabajo de chinos, la verdad. Mientras limpiábamos, escuchábamos la radio. Emisoras guatemaltecas la mayoría, que aquí se pillan bien. Y la música... A mí me parecía toda igual. No había ni una que no hablase de mal de amores, o de lo mucho que quiere a la mujer de su vida, o cosas así. Y ya canciones de navidad... En fin, acabé un poco mareada, sobre todo cuando empezó a sonar la de Titanic, una de Grease... Todas versiones en español. Puuffff, demasiado pal body.
Después de comer, estuve mirando el plan de estudios del CEDEFAR en los últimos años. Luis tiene que elaborar uno nuevo para este año que entra y me ha pedido ayuda. Qué jaleo de programas. Y encima hay que detallarlo casi día a día.
Me avisaron de que fuese a ver una culebra que habían matado, estaba en un árbol de papaya. Era verde, preciosa, de más de metro y medio de largo. Tenía dos bultos en el cuerpo, de nuevo doné mi navaja para la ciencia y extirpamos: dos pollitos. Le habían machacado la cabeza, pero la cola aún se movía. Yo estuve jugueteando con ella, se enroscaba en mi mano. Molaba mucho.