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Desde El Salvador

Domingo 15 de febrero. De compras por el centro.

Antes de nada, debo cag**me en los p*tos cortes de electricidad de este rincón del mundo. Se me han ido a la m***da los diarios. Todo por hacerlos en el bloc de notas y no en Word, que aparte de revisarme la ortografía, tiene esa maravillosa función de guardado automático. Pero ya es suficiente, ahora uso Word.
Pues lo más destacable de este día fue eso mismo, fui de compras por el centro. En principio iba a ir con Alfredo al mercado negro a buscar un móvil, pero como Carlos (Colocho) se ofreció a acompañarme, Alfredo ya no vino.
Fuimos al mercado negro. Es una especie de mercadillo permanente, situado al lado del Parque Libertad, en el centro. Son muuuchos puestos bastante cutrecillos la mayoría, aunque hay alguno más decente que se asemeja a los típicos stands de la Expoocio y cosas así. El resto están hechos de madera y tienen por techo una chapa de metal. Los hay ridículamente diminutos, sólo cabe el vendedor sentado y su radio. Se venden sobre todo productos relacionados con la electrónica: móviles, radios para coche, televisores... Vamos, cosas que se roban y venden fácilmente. Hay un gran surtido de móviles de segunda mano, uno de los cuales quería conseguir yo, pero nada me terminó de convencer, así que me quedaré sin móvil hasta que vuelva a España.
Después fuimos a comprar alguna otra coseja. Comprar con Carlos no es tan eficiente como hacerlo con Érika, ésta se sabe dónde está cada cosa. Buscamos un plástico para cubrir la lavadora, pensamos en un hule de cocina. Me costó hacerle entender qué era un “hule”, porque aquí se usa como “goma” (botas de hule son las de agua). Ya ni recuerdo qué nombre tenía aquí el dichoso hule.
También buscamos horquillas para el pelo (ganchitos) y no me convencía ninguna, hasta que encontré unas que no me convencían mucho pero su precio sí. Tienen pegadas una mariposa brillante, como si estuviese recubierta de purpurina plateada. No son bonitas, pero me daban 12 por un cuarto de dólar y hasta el momento sólo me daban una por ese precio. Y como aquí son horteras por naturaleza, tampoco iba a encontrar algo mucho más bonito. Tendríais que ver cómo se pelean en las bodas y cosas así por el centro de mesa. No unas flores, sino la figurita de turno con los novios y decorada con perlitas, lacitos, encajes... Y luego la ponen encima del televisor. Prefiero los ceniceros de “Segovia”, “Toledo”...
Y por el camino encontré un puesto en el que vendían lana para bordar y me lancé: voy a aprender a bordar. Así que compré lanas de colores vistosos y un bastidor de bordado. Luego busqué la aguja y una camisa donde poder hacer mis primeros estropicios. La camisa más barata que encontré, fue una de uniforme de colegio. Colocho me felicitó por el regateo, dijo que se notaba que era de la escuela de Érika.
Fuimos a comer al Pollo Campero, donde por primera vez en un restaurante de comida rápida me iban a tomar la nota a la mesa. Creo que sólo lo hacen cuando hay poca gente, otras veces he tenido que hacer la cola como en todo Mcdonalds.
Después Carlos me acompañó a un ciber y se fue, no sin antes darme instrucciones muy precisas de cómo volver a casa y a qué horas hacerlo. El chico estaba preocupado porque hay zonas en las que no hay mucha gente los domingos y a saber qué me podía pasar. Pero le dije que volvería antes de que anocheciese.

Sábado 14 de febrero. Boda en Chalatenango.

Bodaaaa, me dijeron que salíamos a las 7.30. A las 7 estaba ya lista, pero como siempre, en esta familia no se sale hasta hora y media después de lo previsto, por lo menos.
Estrené una camisa que me había comprado para la ocasión con pantalones negros. Qué mala elección con el calor que hacía, pero luego tampoco lo pasé tan mal.
Yo me fui en el picachús con Adonay y el Colocho. Teníamos la misión fundamental de recoger la cerveza y el hielo. La fábrica de hielo está al lado de la casa de Alfredo, así que allá fuimos. Aquello molaaaba. Las condiciones higiénicas no eran tan buenas como yo desearía. Aunque los empleados llevaban botas de goma, entraban y salían de la zona desinfectada cada dos por tres, y luego los bloques de hielo se deslizaban por donde habían pisado.
Lo primero fue recoger la cerveza, marca "Barrilito" aunque aquí todas las cervezas vienen del mismo sitio, "La Constancia". Hasta la Coronita se envasa ahí. Las alemanas y americanas ya no, pero las marcas nacionales... Pilsener, Regia... Todas allí.
Nos llevamos 4 barriles con sus correspondientes bombas y cuatro barreños para poner hielo y meter allá los barriles. Pedimos 12 quintales de hielo, que no sé qué cantidad es exactamente, pero salió una montonera. Primero te daban los bloques enteros (25x50x60 cm) y luego los hacían pasar por una máquina que los trituraba y según salía lo metían en bolsones. La máquina estaba muy chula. Primero enganchaba el bloque de hielo y lo hacía subir unos 2m por un plano inclinado que de vez en cuando tenía un saliente que era el que enganchaba el bloque. Después se metía por un canal, que tumbaba el bloque para entrar al triturador. Por último, caía dentro del triturador, se oía un gran ruido y en breve había un enorme chorro de hielo picado cayendo por la parte de abajo.
Acomodamos los barriles dentro de los barreños con hielo, para que cuando llegásemos la cerveza ya estuviese fría. Ya se nos estaba haciendo tarde y "de ribete" nos encargaron que fuésemos a buscar los "picheles" (las jarras), que al que se lo habían encargado no le cabía ni uno en el coche. Pensamos que debían ser barreños en vez de picheles...
Fuimos al sitio: "Alquileres Guadalupe". Yo la verdad es que jamás había pensado que unas jarras se pudiesen alquilar, pero está claro que en este país se alquila TODO. El señor mayor (el dueño) que nos atendió me cayó fatal. Ni se quitó los cascos para atendernos y además es un déspota. Nos indicaron dónde estaban los picheles y menos mal que Carlos (Colocho) los contó como tres veces, porque faltaba uno y seguro que nos lo hubiesen cobrado a la vuelta. Por otra parte, estaban llenos de arañas y suciedad, puaj. Por cierto, el tamaño era normal, pero venían en cajas de cartón. Aunque había alguna caja que seguro que le hubiese entrado en el coche... El caso era que siempre nos enmarronaban a nosotros. Bueno, en particular a Adonay, a Carlos y a mí era de rebote. A todo esto... Ya no llegábamos para la ceremonia ni de blas.
Por el camino encontramos un atasco, lo que nos faltaba. Pero Adonay, que se cree el rey de la carretera, se salió al arcén y se puso a adelantar por allí. Con un coche pequeñito lo hubiese entendido, pero con el peazo de camioneta que llevábamos... El caso es que logró adelantar un buen trecho, metiéndose en muchos baches, eso sí.
Como total, no íbamos a llegar y la comida no iba a empezar sin la cerveza, paramos un rato por el camino para tomarnos un licuado. Yo de melón, Adonay de guineo y Carlos de naranja con zanahoria (no miento).
Yo me estaba asando de calor en el camino, me daba el sol y se me pegaba la espalda al asiento por todo el sudor. Éstos estaban a puntito de pararse en la cuneta para pinchar la cerveza y saciar su sed. Menos mal que fui con ellos y pude impedirlo.
Cuando llegábamos, encontramos a toda la comitiva que iba en sentido contrario y nos dijeron que los siguiésemos. Justo a tiempo, se acababa de terminar la ceremonia.
Lo primero, servir la cerveza. No entiendo de cerveza, pero creo que los barriles estaban agitadísimos y por eso no lográbamos que saliese más que espuma. Ni con mimo, ni dejando que resbalase, ni nada de nada. Sólo espuma. Cuando ya se logró sacar algo más que no fuese espuma, todos empezaron a servirse un par de vasos de cerveza por cada jarra que llenaban. Como no me gusta la cerveza me dediqué al agua, pero era una tarea más difícil todavía, no veía el agua potable por ningún sitio.
Empezaron a servir la comida: carne asada con arroz y chimol (muy insípido, por cierto). Alfredo nos insistía en que dejásemos de comer arroz y que les pidiésemos a los que asaban la carne un buen trozo a cambio de cerveza. Vaya si aceptaron... Yo no tenía mucha hambre, pero alguno se puso de carne hasta arriba. Como siempre, la carne de vaca dejó restos entre los dientes de todo el mundo. Se necesita soga dental para sacarlos.
Yo me fui a curiosear el lugar. Había baile en la otra zona así que fui allá. Con cuidado porque me habían dicho que el Chele andaba por algún lado y yo no quería encontrármelo. Pero me encontré con Omar, otro primo de la familia, que insistió en sacarme a bailar y llamaba a un amigo que yo no veía. Claro... Debí suponerlo. Omar trabaja en el Canal 52 y le habían encargado que grabase la boda. Estaba llamando a su amigo el cámara. Qué corte más grande. Ahora todo el mundo se podrá dar cuenta de que realmente no sé bailar. Imagino a Érika pasando las imágenes a cámara lenta para regocijarse.
Cuando volví donde estos, cada uno tenía una jarra entera de cerveza para si. Me senté con ellos hasta que... Vino el Chele. -Hombre, cuanto tiempo, Tirma.-Ah, sí, mucho.-No nos hemos visto nada.-Ya... Y me dediqué a hablar con esta gente para ver si salía del atolladero. Logré arrastrarlos a todos a la pista de baile, Marta y Cecile ya tenían ganas de dar un paseo o algo.
Éramos el centro de atención de la fiesta, ni la novia ni nada... Los extranjeros. Encima como no conocemos a nadie, la vergüenza la dejamos atrás y hacemos el mono de lo lindo. Pararon el baile un rato y volvieron a sus cervezas, pero luego volvimos porque iban a lanzar el ramo y el liguero (no sé cómo se llama aquí, pero creo que no dijeron eso).
Las chicas nos colocamos para recibir el ramo. Mario amenazó a Marta para que no lo cogiese aunque le cayese en la cabeza. Yo sin embargo estaba dispuesta a luchar por él, me convertí en una más de aquellas hienas hambrientas que esperan que el león acabe con la presa para poder ir a robar algún deshecho. Así era el ambiente... La novia hizo como mil tiros de mosqueo y se adivinaba la tensión. Cuando por fin lo lanzó (muy lejos de mi alcance así que ni me moví al final) las hienas de alrededor se lanzaron unas sobre otras. Dicen (es que no lo pude ver con tanta gente enmedio) que en realidad lo había cogido una pero otra se lo arrebató de las manos.
Luego el turno de los chicos. El novio caminó de rodillas unos tres metros, se las apañó como pudo para levantar el vestido de la novia (que estaba sentada) con la boca y meter su cabeza por debajo y luego suponemos que se dedicó a quitarle el liguero (siempre con la boca). Lo logró y se dispuso a lanzarlo. Muchas ganas de matrimonio no tenían nuestros chicos porque se colocaron al final del todo y casi ni miraron cuando lo lanzó.
Oh, el pastel, tocaba el pastel. Cometí el error de acercarme a verlo. Ni me había dado cuenta de que el Chele andaba por allí. Me preguntó si podía hacerse una foto conmigo y le dije que no. -¿Por qué no?.-Porque no y ya. Menos mal que en ese momento llegó Omar a salvarme, me agarró del brazo y dijo: "Chele, NO, déjala en paz" (juas, casi como si fuese un perro "Toby, no! Eso no se hace") y se me llevó aparte. Por desgracia ni por esas logré librarme de él.
Después de luchar por un trozo de pastel (¿he comentado que en este país la gente es tan maleducada como yo? Me siento en mi salsa) descubrimos que habían robado (aquí dirían "se habían robado") la reserva secreta de cerveza. Habría que buscar otra cosa que hacer. Por suerte volvió a sonar la música y esta vez a ritmo de rock & roll, así que corrimos allí a desmelenarnos como tenía que ser.
Cerramos el baile del todo, éramos los únicos pidiendo "oootra, ooootra" y la gente que quedaba ni hablaba, sólo nos miraba. Decidimos que ya que se había terminado la música, lo mejor sería ir a buscar a los mariachis para cantar con ellos.
Los mariachis estaban en la única mesa que quedaba con gente, el resto se había ido ya. Descubrí que no tengo ni idea de rancheras ni de canciones mejicanas, por mucho cielito lindo y allá en el rancho grande que me sepa. Pero para alegrarme la fiesta no me hacían falta mariachis, con el Chele que quería hablar conmigo bastaba.
Primeramente me presentó a su primo Marvin. Más lelo que él si cabe. Y allí nos dejó a solas hablando. Como tonta no soy, metí en la conversación a la pobre Cecile y a la primera de cambio la dejé a solas con él. Qué coñazo de hombre.
Pero el Chele volvió al ataque: -¿por qué no te caigo bien?.-Porque eres un PESADO.-(risas) ¿Un pesado?¿Por qué? Si sólo quiero que vayamos un día los dos a cenar.-Mira... No sé en tu cultura, pero en la mía una cena de dos es una cita. Y no quiero ir a cenar contigo.- Pues a comer....- Que no, que pesado. En estas llegó otro primo del Chele diciendo: -Mira, este hombre es un buen tipo, yo te lo recomiendo...-Tú mejor te callas porque en este momento le estoy diciendo lo pesado que es y encima llegas tú a dar coba... Es que hay que joderse. Se largó con el rabo entre las piernas.
Y Edwin (así se llama el Chele) seguía con lo mismo. -Pues un día voy al CEDEFAR y comemos juntos. - A ver... Que NO. Que no quiero comer contigo a solas. -Pues no a solas, con todo el mundo. - Pero que no vayas por el CEDEFAR, tú que sabes si ese día tengo trabajo o he salido o qué, no hay forma de saberlo porque no hay teléfono. NO vayas por el CEDEFAR.
A todo esto, Adonay se estaba riendo del Chele... Edwin lo agarró por banda y me dijo: ¿Y él? Con el sí que vas al concierto, no?-Pues sí, con él y con Óscar y con Alberto. No es ninguna cita, es salir con los amigos, porque esa es la diferencia, él es un amigo y tú no. Claro, se quedó planchado. Y por favor... Espero que le haya quedado claro del todo de una vez por todas. No lo entiendo... De veras que no lo entiendo. Alfredo y familia se habían marchado a las piscinas y decidí dirigirme allí, ya se venía todo el mundo.
Piscinas... Con el agua tibia, un peazo de tobogán enorme, con saltitos... Y yo no tenía bañador. Alicia me dijo que me lo había recordado el día anterior, pero juro que no recuerdo nada de eso, supongo que no la oí. Marta también se moría de ganas. Nos resignamos a mojar los pies en el agua. Marta se quitó las sandalias y se arremangó el vestido. Yo los zapatos y los calcetines y arremangué los pantalones. Pero claro... Los efluvios de la cerveza flotaban en el aire y los chicos se creían muy, pero que muy graciosos... Efectivamente, del bordillo de la piscina pasamos al interior, con toda la ropa. Qué cabrones. La verdad es que el agua estaba de muerte y ya que estábamos dentro aprovechamos para nadar con la ropa y todo. Marta se quitó el vestido y se quedó en ropa interior. Yo me quité la camisa y me quedé en sujetador, pero llevaba un tanga y NO pensaba quitarme los pantalones. El resto empezó a quitarse la ropa y en calzones se tiraron al agua. Menos Adonay que siempre se baña con camiseta, supongo que porque le da vergüenza estar tan delgado. Cecile al final se quitó los pantalones y se tiró al agua con camiseta y bragas. Vaya espectaculo.
Teníamos las piscinas casi para nosotros solos. Alfredo y Alicia se partían con nosotros. Cuando fuimos al tobogán ya fue la leche. Qué divertido! Subimos un montón de veces, yo paré cuando decidí salir del agua para secar un poco los pantalones... Pero el resto se fue a un trampolín en el que casi se dejan la cabeza en más de una ocasión.
Llegaba la hora de irse y yo seguía calada. Menos mal que Mario me dejó una camiseta y al menos iba seca por arriba.
No fuimos directamente a San Salvador, sino que fuimos a casa de un familiar de por allí cerca donde nos dieron una pequeña cena y nos quedamos charlando. La casa era muy bonita, con un patio interior con plantas frondosas, una original distribución y hasta tenía cierto gusto en la decoración, cosa que por el momento nunca he visto en las casas de por aquí. Pero se notaba (y mucho) que allí llegaba pisto de EEUU.
El viaje de vuelta lo hice medio durmiendo en el asiento trasero del jeep y casi empalmé el sueño al llegar a casa, a esas horas los pantalones estaban casi casi secos.

Viernes 13 de febrero. Viernes 13 pero no ocurre nada nefasto.

Por la mañana fertilicé mis tomates por primera vez. Qué alegría, qué alboroto, otro perrito piloto. Lo dejé todo preparado para que durante el fin de semana no le faltase nada y Chepe se encargase de ello.
Volví a mis clases de matemáticas y aunque tenía dos alumnos atrasados en la resta, pasé a la multiplicación. Qué desastre, dicen que sólo se saben hasta la tabla del 5... Y eso los que más (bueno, Glenda dice que todas pero ordenadas). Una buena parte sólo podían (aquí se usa el verbo "poder" como "saber" o "saber hacer algo") la del 1, la del 10 y la del 5. Víctor y Huber sólo la del 1 (y aún dudaban).
Estaba yo ayudando a Víctor con sus restas cuando el chaval del día anterior (mierda, nunca me acuerdo cómo se llama... Manuel?, vamos, el del mandado de las clases de karate) y Osmín (otro) empezaron a reírse. Yo me mosqueé inocentemente con ellos, diciéndoles que no tenía gracia el que se riesen de un compañero que no sabe restar. El caso es que después de comer el tal... ¿Manuel? me esperaba en el camino hacia mi dormitorio, sentado en medio del camino. Me dijo que si quería saber por qué se estaban riendo antes y le dije que sí. Pues bien, no se reían de las restas sino de que Víctor estaba haciendo el amago de pasarme el brazo por encima. En fin... Habrá que prestar más atención a la retaguardia :P
Me dolía mucho la cabeza, supongo que del resfriado que llevaba arrastrando desde el sábado. Así que decidí echarme un buen rato y no irme en el bus de la una, sino en el de las tres menos cuarto. Antes de acostarme, llegó Adonay, venía a dejar unos vidrios y unos sacos de granza de arroz para los criaderos de pollo. Así que decidí esperarme y que él me llevase a casa. Más cómodo, rápido y entretenido.
Ni con la siesta se me pasó el dolor, y no tomé un paracetamol por estúpida, pensando que ya se me pasaría. Preparé todas mis cosas, me dí una buena ducha (qué calores empiezan a hacer aquí) y Adonay por una vez en su vida estaba listo a la hora acordada.
Por el camino casi no hablé por el dolor de cabeza. Pasamos por una cooperativa lechera y Adonay me invitó a un helado de chocolate. Jo, que rico, no era de hielo, era de lecheeee. Añoro la leche.
Fuimos pasando por la universidad de Adonay (ingeniería industrial, pero nada que ver con la española... Aquí es fácil) para que recogiese unas fotocopias. Unas 4 páginas de preguntas que tenía que resolver para el día siguiente y encima sin libros (porque no tiene, no porque no le dejen usarlos). Se compró un "pan mataniños", vamos, un perrito caliente de los callejeros (lo de mataniños es por lo abortivo). A mí se me antojaron unos tacos, así que fuimos a buscarlos. En Metrocentro encontramos un lugar y pude saciar mi antojo.
Llegué a casa de Alfredo y cuando oyeron el picachús cayeron en la cuenta de que Adonay había ido al CEDEFAR y por eso yo me venía con él y llegaba bastante tarde. Alfredo es lo más despistado del mundo, de verdad. Yo suelo ser su agenda "Tirma, recuérdame que el lunes haga fotocopias de esto".Y cabal, si no se lo recuerdo yo, se le olvida.

Jueves 12 de febrero. Me hago profesora.

Debería al menos apuntar en algún sitio las cosas más significativas que me pasan cada día, para no tener que hacer este esfuerzo de estrujarme los sesos. Total, luego me confundo de día y tengo que estar cambiando las cosas de sitio.
Sé que este día bajé al pueblo. Compré jeringas para los fertilizantes, eché la carta (definitivamente es mejor no enviar las cartas a Cara Sucia, perdí 4 ya) y fui al ciber para imprimir un par de formularios que Luis me tenía que llenar en calidad de "director de beca". 35 ctv por cada página impresa. Y eso que era texto solamente... Qué precios más abusivos. Pero claro... No hay otra, o me lo imprime el tipo este, o me quedo sin ello...
Este día empecé a tener problemas con los tomates... De forma más o menos seria. Unos se me marchitaban, aunque los regaba igual que al resto. Les daba un riego extra y a lo bestia y se recuperaban, pero al día siguiente estaban igual...
Ah, ya me acuerdo qué hice este día... Empecé a dar clases de matemáticas a los muchachos. Los hay de todos los niveles así que hay que ir tanteando hasta donde llega cada uno para ayudarlo a que alcance a los demás. Comenzamos con sumas... Eliseo les había dejado unas cuantas sumas en la pizarra. Algunas de ellas con truco, es decir, no bien colocadas:
25
2345 +
321
________ Pues el resultado de la mayoría de ellos fue:
237735
Hubo que dejarles claro cómo se suma. Aquí yo me sentí perdida, me decía "pufff, estos están muy mal". Pero poco a poco vi que fue sólo un desliz.
Con la resta surgieron algunos problemas más. En particular dos chicos, Huber (¿se escribirá así?) y Víctor, que tenían problemas con el "prestar". Yo no entendía a qué se referían con lo de prestar hasta que me lo explicaron. Es que a mí nunca me enseñaron a restar "prestando". Al menos no usábamos esa expresión. Para los que sean de mi escuela: restemos 345-78
345 3(3)15 (2)13 5 2 45
-78 - 7 8 - 7 8 - 78
________________________________
7 6 7 2 67

El caso es que se presta (entre paréntesis el prestador) una de las 4 decenas a las unidades y luego una de las 3 centenas a las decenas. Fácil, pero yo no lo conocía.
Les dejé unas cuantas operaciones mútiples: 4376+543-256+78-3=??? con las que todos se hicieron un lío, hasta Glenda, la alumna aventajada (ha llegado hasta grado 9). La que les dejé para el día siguiente la habían copiado unos de otros. Ya entiendo cuando mi profesora decía que estaba claro que habíamos copiado. La verdad es que es harto evidente, sobre todo cuando es matemáticas y pones el resultado final y no tienes ni una sola hoja para justificar tus cálculos. Y cualquiera de nosotros somos capaces de hacer eso de cabeza, pero os aseguro que estos chavales no. Así que con esto inaguré el curso escolar.
Apunté el que tenía que hacerme con algún libro de matemáticas de primaria, porque por mucho que yo sepa multiplicar, dividir y todo esto, no sé cómo se enseña.
Después de comer, uno de los muchachos (de los que mejor van, por cierto) me habló: "¿se fijó usted en el muchacho que vino ayer con la camisa roja?"
-¿Uno con bicicleta? (lo recordé porque Chepe jugaba con su bicicleta el día anterior)
-"sí, ese"
-¿cómo se llama?
-"Francisco. Dice que usted le cae muy bien. Dice que como le cae muy bien quiere enseñarle karate, para su defensa personal."
- (Yo me aguantaba la risa) Aahh, karate, pero yo es que ya sé karate. Soy cinturón amarillo con raya naranja de karate (vamos, una mierda, es el segundo cinturón y nunca me examiné del tercero). Y no tengo mucho tiempo para... Recibir clases de karate.
A todo esto, yo al chaval de la camisa roja no lo conozco de nada, que yo sepa, así que no sé de qué le caigo bien. Pero como el otro era un mandado, pues me lo contó, aunque se fue entre risitas.

Miércoles 11 de febrero. Día vacío

Poco que decir. Claudia se fue por la mañana, se ve que se aburría y que esto no iba con ella y se fue un día antes de lo previsto. Si es que no sabe buscarle el encanto a la paz y tranquilidad de este lugar.
Yo escribí carta, diario e hice el ganso de diversas formas, además de poner silicona en las cubetas de riego y de dar un par de riegos más a mis tomates, que los que tenían menos raíz se están marchitando.
Lucía me había ofrecido ir con ella a San Antón, unas tres horas de camino, para ir a buscar a las otras muchachas que iban a venir. Pero yo tenía que escribir todo esto y vigilar mis tomates, así que no pudo ser. La verdad, no me apetecía mucho.
Por la mañana, Lucía le quitó los puntos a Óscar. Trató de no gritar ni llorar porque estábamos todos atentos, pero decía Lucía que con la enfermera era mucho más quejica y no paraba de gritar. Ahora camina un poco menos "deforme" pero se ve que le va a quedar una buena cicatriz. No había visto los puntos, pero vamos, como si cosiesen un saco de arpillera, madre mía qué cordel usaron y vaya puntadas más grandes.

Martes 11 de febrero. Plantación de tomates.

Por la mañana estuvimos reponiendo una de las cubetas de riego que se había rajado. Qué mala suerte. Cuando lleguen los vientos seguro que se quiebran. Quedaba muy poco para terminar la instalación del invernadero, así que decidimos transplantar por la tarde.
Vinieron unos hombres preguntando por Luis. Él se había ido a Cara Sucia a por concentrado para los pollos, así que Eliseo me pidió que les enseñase yo el invernadero y les explicase. Los hombres encantados, cuando llegó Luis dijeron que casi mejor que no hubiese venido, que estaban muy a gusto. En fin... Hasta los señores mayores respetables (ingeniero y doctor) me toman el pelo. El doctor dijo algo de que conocía a una española de Médicos del Mundo en Sonsonate. Y llamó a una amiga suya para que le diese el nombre y el número de la mujer para que nos conociésemos. Qué manía, como si yo tuviese interés en conocer españoles si llevo 22 años de mi vida conociéndolos. Ahora, si esta mujer tiene una pata de jamón en su casa y quiere compartirla conmigo... Yo no diré que no, jejeje.
Claudia ayudó a los muchachos a preparar el campo en el que se sembrarán las sandías en un futuro. Creo que a la vista del tipo de colaboración que podía hacer (trabajo duro) decidió irse al día siguiente. Yo no suelo ponerme a ayudar a los muchachos, por vaga y porque es parte de sus clases, tampoco me he metido a recibir clases de corte y confección.
Por la tarde me puse con Miguel a transplantar y llegaron Claudia, Glenda y Óscar y se pusieron a ayudar. Creo que algo salió mal porque sobraron plantas de las que no tenían que sobrar... Ais. Bueno, me tengo que preparar para que muuuchas cosas no salgan bien en este experimento. Creo que si obtengo un sólo tomate tendré que darme por satisfecha. Qué triste.
Di un riego a las plantas antes de subir a cenar, y di por inagurado el invento.
Ya por la noche me escabullí porque querían que hiciese alguna otra dinámica, pero yo me había ido antes a dormir. En realidad no dormía, estaba leyendo, pero logré evitarles.

Lunes 9 de febrero. Bienvenida a la nueva promoción del CEDEFAR.

Alexander me dejó en la estación de buses a las 5 am. No había especial, así que me acomodé como pude y me puse a dormir hasta Sonsonate. Allí, ya subida en el bus a Cara Sucia, me encontré con Luis, asombradísimo de verme tan temprano por allá. Vaya fama que tengo. Le expliqué que la otra opción era venirme con Humberto que tenía que llegar por allá en algún momento de la mañana para dar una charla a los nuevos estudiantes, pero que conociéndolo, llegaría tardísimo. Así fue.
Fuimos a Cara Sucia, nos sobraba mucho tiempo para coger el pickup. Yo fui a una farmacia a buscar vitamina C. Bueno, en realidad fui a buscar algo para el resfriado. Le decía a la muchacha que si tenían algo con paracetamol y vitamina C (miento, le dije primero ácido ascórbico, pero como vi que no se enteraba de nada, le dije vitamina C)... Bueno... Qué ineptitud, por dios. Primero me miraba con cara de "no le entiendo nada" así que procuré hablar más despacio, a ver si era mi acento. No era eso. Llamó a la "jefa" o lo que fuese, que sin preguntarme ni nada, me dijo que no, que no había, que había paracetamol y vitamina C, pero por separado. Digo, bueno, pues dígame que medicamentos tiene para el resfriado. Y me saca Paracetamol 650mg. No, mire, si paracetamol solo ya tengo yo, no me interesa, quiero un medicamento para el resfriado. Y me dice que no tiene nada. JUAS. Lo siento, pero no me lo creo. Pero como la chica ya había demostrado su total ineptitud, decidí hacerme mi propio frenadol y compré vitamina C, que ya me tomaría un paracetamol al tiempo y lo apañaríamos.
Otra cosa curiosa es que en este país no te venden las cajas enteras de un medicamento, lo venden por comprimidos. Lo cual me parece estupendo económicamente, pero la gente acaba con miles de pastillas sobrantes en casa sin prospecto ni nada. El domingo en casa de Alicia como tenía dolor de cabeza por el resfriado le pedí algo así, sacaron una cesta en la que se mezclaba todo tipo de medicamentos, desde desparasitantes a laxantes y medicamentos para el corazón. Y muchos tenían un trozo de cinta aislante pegada en el que ponía para qué servía: "alergias" pero ni efectos secundarios, ni contraindicaciones ni nada de nada. Encontré uno que se llamaba Algidol, con Paracetamol y vitamina C, que fue el que pedí al principio en la farmacia, pero al sacármelo me enseñaron el medicamento y tenía "diclofenac" que supongo que es el diclofenaco antiinflamatorio. Así que ni por el nomrbre del medicamento te puedes fiar.
No había desayunado así que fui en busca de una quesadilla y un licuado de plátano. La primera fue fácil de conseguir, aunque el chico que me la vendía me timó. Yo sabía que lo estaba haciendo, porque cuestan 50 ctvs y él me cobró 75, pero el descaro con que lo hizo me dejó sin palabras. La chica que me atendía me estaba envolviendo la quesadilla y él se metió por enmedio y dijo: son 75 ctvs. Yo ya sabía que eran 50 pero me daba igual. Pero es que la chica le echó una mirada de "no es eso" y él una mirada de "cállate, yo soy más listo que tú". Así que fui a darle los 75 ctvs a la chica. Pero el otro, estirando el brazo que casi se le descoyunta, pone la mano enmedio y se lleva el dinero. No pude reaccionar, no fui capaz.
El licuado tuvo que esperar, pues no habían abierto todavía el puesto. Pero la quesadilla calentita estaba de muerte y cuando por fin conseguí el licuado... Ojalá todos mis desayunos fuesen así en lugar de frijoles con huevo, queso y tortilla. Aunque en casa de Alfredo el otro día compré cereales y leche en polvo para desayunar. Que si no, dependo de la hora a la que hacen el desayuno y no suele venirme bien. Además, así varío un poco.
Al llegar al CEDEFAR, habían llegado sólo dos muchachos, faltaban muchos por llegar. Le dije a Luis que el resfriado me estaba matando, que esa noche no había dormido casi por no poder respirar y que estaba muerta. Así que me dió permiso para irme a dormir hasta que comenzase el acto de inaguración del nuevo curso escolar.
A las 10 ya me llamaron. Poco descanso tuve. Comenzamos presentándonos, presentándose ellos (y ella, que de momento hay una chica, aunque se esperan más) y explicando las normas del centro. También dimos una vuelta por las instalaciones y por fin llegó Humberto, acompañado de los dos colombianos, Heráclito y Claudia, también becarios como yo. Claudia venía a quedarse unos días para conocer el centro y la vida aquí. Heráclito tenía que irse porque tenía una reunión al día siguiente. He de decir que la pareja esta me repatea un poco. Como dirían aquí, son un poco "fresa" (pijos) y lo peor es que en su trato aparentan ser un poco superiores. Yo me alegré de que Claudia se quedase aquí unos días, a ver qué tal le sentaba un poco de cura de humildad, usando las letrinas y comiendo poco más que frijoles. Lo solucionó dejando la mitad de la comida aunque al final ya no pudo aguantar más y tuvo que usar las letrinas. Esa prueba sí que la superó. Pero me hacía gracia, vestida de arriba a abajo de Coronel Tapioca.
Los chicos se sentían un tanto incómodos al principio, no se conocían todos y era un poco complicado. Pero algunos empezaron ya a tomar alguna confianza. Claudia intimó más con ellos que yo. Yo quiero mantener las distancias por si me toca darles alguna clase, quiero que me respeten un poco.
Yo pasé el día fatal por el resfriado. Además, se me hace muy raro el estar tan resfriada con este calor. A base de paracetamol y respir sobrevivo bastante bien, pero a ratos me pega fuerte y la gente me mira con cara de pena.
Por el día estuvimos limpiando los dormitorios. El mío estaba hecho una pena porque yo sólo barro mi cuarto y la parte del cuarto de baño que utilizo, así que había una polvareda enorme en el resto. Pero es que las veces que he barrido todo, se ha vuelto a llenar de polvo por los vientos, y es deseperante. En este caso se iban a quedar tanto Claudia como Glenda, la chica estudiante así que había que adecentar todo.

Por la noche Eliseo me pidió que hiciese una dinámica con los muchachos para que se conociesen mejor. Hice una adaptación de un juego que solemos hacer en AFS con los estudiantes. Los puse por parejas de desconocidos (en la medida que pude, siempre tocaban algunos conocidos) y los mandé a la oscuridad a que se sentasen y se contasen sus vidas. Después les tocaría contar la vida del compañero a los demás. Lo que más cuesta con esta gente es que hable alto. Les da tanta vergüenza que hablan al cuello de la camisa, así que hice mucho énfasis en ello, que además yo estoy medio sorda con el resfriado.
Me fui a la cama a las 9... qué cansancio. Dormí como un bebé.

Domingo 8 de febrero. Más playaaaa.

Hada y yo nos levantamos para ver el amanecer en la playa y decidimos no esperar a nadie para no perdernóslo. Yo iba en pijama aunque me llevé algo de abrigo, chocolate y agua. Todavía quedaba bastante para el amanecer y encima no salía por el mar sino por encima de un saliente de tierra que había justo allí. Mala suerte. Pero caminamos hacia el este por la playa, un buen paseo y precioso. Acabamos con el chocolate, la leche condensada (soy así de golosa) y cuando salió el sol, dimos media vuelta.
Era precioso, veíamos a los pelícanos en bandadas, formaban una fila y seguían la cresta de la ola buscando pescado. El suelo estaba lleno de caracolas que había dejado la marea. Trataban de meterse bajo tierra y mantenerse en la zona a la que llegaban las olas. También había cangrejillos que corrían a unas velocidades... Y perros que jugaban con las olas y se acercaban juguetones a nosotros, aunque no se dejaban tocar.
Después, fuimos a ver si nos echábamos una siesta mañanera en las hamacas, hasta la hora del desayuno. Con tanta guarrería yo no tenía mucha hambre así que cuando llegaron las muchachas de la cafetería para saber si queríamos algo, yo les dije que me guardasen algo de leche que ya llegaría por allá. Fruta no tenían, cachis.
Después del desayuno, engañé a Hada para ir a darnos un baño en alguna de las piscinas. Nos acercamos al jacuzzi, pero no lo ponían nunca en funcionamiento, qué pena. Así que nos metimos en una normal y Hada me pidió clases de natación. Imaginaos lo que hice en 5 minutos... Y ella estaba más que contenta, cuando llegaron Érika y Ricardo les hizo una exhibición de sus nuevos "pasos de natación". En realidad le quedaba muy bien, pero no aguantaba más de cuatro metros, jajaja. Y siguió nadando a perrito, que es el estilo nacional. Tanta playa y que no sepan nadar... Me parece delito.
Desde la piscina pedimos unos cocos helados, que nos trajeron al ratito. Bajo el sol, en bañador, con un coco con pajita en la mano... Me sentía como estrella de cine en su mansión de Beverlly Hills. Después fuimos a la cafetería a que nos los abriesen para comernos la pulpa. El mío era el más maduro, menos mal porque no me gusta mucho el
"moco" de cuando están tiernos.
De nuevo, engañé a hada para que fuésemos a la playa. Ella era la única que se animó, Carlos por ejemplo ni pisó la playa. Ellos se lo pierden. Adonay también se bañó, pero solo y creo que para que se le pasase la goma (resaca).
Fuimos a tostarnos, cosa que yo logré literalmente porque como soy así de astuta no me puse protector. Aquí dicen "como un camarón" en vez de cangrejo. Así me quedé. Pero no me molestó más tarde y se transformó al día siguiente en un estupendo morenito aunque con las mejillas coloradas.
¿He mencionado que me encantan las olas aquí? Son de película, aunque no son muy altas, rompen así como las de los suferos, formando un túnel dentro y hacen muchísima espuma. Es divertidísimo saltarlas porque hay muchísimas y algunas enormes que te dan unos revolcones que te dejan desorientado y todo. Hada decía que qué loca que estoy, pero yo me sentía muy segura porque hacía pie y no notaba ninguna corriente en esa zona.
Tocaba comer... Restos. Pero después de una mañana de playa cualquier cosa sienta estupendamente. Después me eché en una tumbona, esta vez con protector solar, para broncearme de lo lindo. Media hora antes de salir me di un buen chapuzón en lapiscina que me sentó de muerte.
El viaje de vuelta fue hablando de música sobre todo. Puede que vaya a un concierto de Mago de Oz el 27 de febrero. Me hace ilusión ir a algo así, me gustaría haber ido a alguno en España y el poder ir aquí me emociona muchísimo más. Siempre que uno está en el extranjero le emociona ver cosas de su propio país.
Quedamos para ver Mystic River por la tarde, al final Érika y Ricardo no aparecieron y fuimos Pábel (que pasó a buscarnos en coche), Hada, Alex y yo. En el cine me encontré con "toda la peña". Es decir, todos los españoles que conozco y que hacía mucho que no veía. No los becarios que están conmigo, sino a los que había conocido en otras ocasiones: Josete, Miriam, Xabi, Alejandro... Había muchos más españoles por allí, pero a esos ya no los conocía. La verdad es que la sala era prácticamente mitad y mitad.
A mí la película me gustó. Los salvadoreños decían que "psa" y los españoles, como son de estos tope alternativos-voluntarios-cooperantes, pues salieron echando pestes. Creo que tengo algún problema con la crítica del cine ya que me trago casi lo que sea y salgo contenta. Al menos no tengo Armaggedon entre mis películas favoritas (va por Pablo). Yo es que voy al cine para entretenerme, no para sacar ninguna colclusión acerca de los problemas del mundo ni para ponerme a pensar si el personaje es creíble o no... Hay veces que es inevitable el que un personaje, el argumento o lo que sea, te choque demasiado. Entonces sí que critico, pero creo que hay gente que va al cine sólo para eso: para hacer la crítica. Pues que se dediquen a ello si tan buenos son y ya de paso reciban un salario por ello.