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Desde El Salvador

Lunes 22 de marzo – martes 23 de marzo – miércoles 24 de marzo

Pues todo el mundo me toma el pelo con lo poco que falta para que llegue Pablo. Llega ya este jueves (mañana ahora que escribo) y la verdad es que estoy bastante nerviosa. Supongo que por las ganas tan horribles que tengo de verlo. Procuro pensar en otras cosas, pero a cada rato me friegan con ello y no puedo quitármelo de la cabeza.
El lunes me llevaron desde la oficina hasta la estación, aprovechando un viaje. Me puse a las 12 en Cara Sucia, y por los pelos agarré el pick up, que estaba abarrotado. Allí estaban Lucía, Óscar y Chepe. Con las prisas se me olvidó comprar agua, qué contrariedad.
Subimos apretaditos y encima hubo que hacer paso a un tipo que fue hasta la parte trasera para escupir sangre. Le habían sacado alguna muela y estaba amarillo, pobre. Yo pensé que estaba borracho y estaba vomitando, pero luego me explicaron.
Mimé a mis tomates, los podé, los entutoré, arranqué más (sí, más) plantas muertas... Ya hay un sector que se me ha muerto casi entero, qué desgracia de experimento. Tuve que rediseñar el invernadero y eliminé dos filas para no gastar tanto fertilizante.
El martes di clase de matemáticas de 8 a 12. Igual que el miércoles. Ya estoy con la división y con el sistema métrico. Tuve problemas con Miguel, uno de los chicos, a quién no hallé la forma de explicarle cómo se divide. Estuve como media hora con él, con una división que era algo así como 47:3 Cierto que no era exacta, pero según él, ya dominaba esas. Pero es que no sabía ni por dónde empezar. Creo que no soy buena profesora, porque lo expliqué de todas las formas posibles que podía y ni modo, no hubo forma y lo mandé con los que van más retrasados, aunque éstos están con las tablas de multiplicar todavía. No le vendrá mal repasarlas de todas formas.
El resto del tiempo lo he ocupado mimando a mis tomates, evitando a los muchachos de carpintería y preparando las cosas para el viaje con la familia.
Hablando de los de carpintería, parece que se han calmado. Mi indiferencia ha dado resultado. O eso, o por fin se han cansado, lo cual es igualmente positivo. El otro día estaba comiendo yo y pasaron la mayoría por delante de mí, diciendo “buen provecho”. Yo cuando no tenía la boca llena, les respondía con un “gracias”. El caso es que estaban todos comiendo, yo ya había terminado y pasé por detrás de ellos. No les dije nada. Primero porque no soy tan educada como lo son en este país, segundo porque a ellos menos que a nadie les dirigiría una fórmula de cortesía. En esto que uno de ellos suelta un “BUEN PROVECHO” cargado de bastante sarcasmo y no tengo más remedio que medio voltearme y mascullar un “buen provecho” a mi vez. Pero no sé por qué habría de ser yo educada cuando ellos han estado faltándome al respeto las últimas semanas.
El miércoles me animé a acercarme al camión de los helados. Resulta que siempre oigo la música y los altavoces anunciando los helados, pero nunca me planteé el comprar uno. Esta vez, había hablado el día anterior de ello con Luis, y cuando llegó el camión, me llamó para que fuese a ver. Compré uno de chicle y vainilla. Ninguna maravilla, la verdad, creo que no repetiré. Sólo tienen fresa, chicle y vainilla.

Domingo 21 de marzo. Elecciones presidenciales.

Me desperté a las 7.00 y a las 7.30 ya estábamos los tres bañándonos en el mar. Suena a que debía hacer frío, pero qué va... Una temperatura estupenda, las olas estaban divinas y en la zona en la que nos bañamos había menos rocas que esquivar.
Todavía nos quedaba la otra mitad de la playa por recorrer. Y qué delicia, todavía no pegaba el sol y paseamos tranquilamente mientras la marea se iba retirando y dejaba al descubierto grandes rocas y cuevas escarbadas en la pared. Perseguimos cangrejos ermitaños (ya olvidé cómo los llaman acá), molestamos a las caracolas que querían enterrarse cuando la ola se retiraba, escribimos nuestros nombres en la arena... Incluso puse a flote un pequeño barco hecho con la corteza de algún árbol de por aquí. Tenía una vía de agua y se hundió. Siempre pasa.
Paseamos hasta que nos entró hambre y entonces fuimos a desayunar. En Casa Frida no nos ofrecían nada especial de desayuno, así que para tomar el desayuno típico (frijoles, plátano frito, huevos revueltos y queso salado) nos fuimos de nuevo a la champa de al lado. A lo que yo no renunciaba era a los licuados de Casa Frida. Me tomé 3 en el fin de semana: limonada, sandía y melón. Encima la tranquilidad de que los hiciesen con agua mineral... Inmediatamente te sienta mejor al estómago.
Tardaron horrores en preparar los desayunos. Creo que fueron a cosechar el maíz de las tortillas o algo así. Esperamos como una hora, casi. Encima luego se habían confundido y nos puso plátano a todos, cuando Cecile y yo no habíamos pedido.
Marcelo tenía cierta prisa en salir hacia San Salvador, pero no nos podíamos ir sin darnos otro chapuzón en el Pacífico. Se nos hicieron las 11, así que fuimos a ducharnos a toda prisa y salimos volando.
Por el camino, por cada pueblo que pasábamos, se veía que era el día de las elecciones. Increíble, pero así como la gente va a misa en los pueblos, así iban a votar ahora. Algunos llevaban camisetas de sus partidos (sin nada que pidiese el voto, claro). En muchos casos los simpatizantes de un partido fletaban autobuses enteros para llevar a los votantes (de su partido) por los diferentes centros de votación. He de aclarar que no hay voto residencial, por lo que tu centro de votación te toca según tu apellido, por eso en muchos casos tienes que ir hasta la otra punta de la ciudad.
Cuando un pick up del FMLN se cruzaba con uno de ARENA, se pitaban y gritaban “vamos a ganar!” o “A la primera!” refiriéndose al lema de ARENA que pretendía ganar en primera vuelta. Yo tuve que calmar a Cecile en una ocasión en la que una chica de ARENA nos hizo la señal de “a la primera” que es un pulgar como diciendo ok. Cecile casi sale por la ventana del piloto para decirle: “va a ganar el Frente!”. Intenté decirle que si a la policía le daba la gana, podría deportarla por eso, pero a ella le daba igual. En fin.
Si yo tuviese que votar en este país, o lo hacía en blanco o votaba por la coalición de centro. El candidato es un ex “efemelenista” y fue alcalde de San Salvador bastantes años. Su campaña se ha centrado en decir que ellos son la alternativa realmente viable, que los otros dos partidos importantes sólo buscan repartirse El Salvador y que ellos buscan una solución conciliadora. Pero la verdad, mucho de su programa no he oído.
Nos dirigimos hacia la Feria Internacional, que es una especie de palacio de congresos en el que suele haber exposiciones temporales. Allí le tocaba votar a Marcelo y tuvimos la ocasión de acompañarlo.
Llegar allí costó lo suyo. No hubo ninguna clase de desorden como decían las malas lenguas, pero sí había mucho tráfico. Estuvimos casi parados bastante tiempo. Y es que en este país no están preparados para que todo el mundo vote. Resulta que la participación suele ser del 30%-45%(máx) y en esta ocasión, fue de cerca del 63%, vamos, que casi parece ya una democracia y todo.
Claro, los centros de votación son escasos porque piensan que no irá mucha gente, y en la Feria estaban la mayor parte de los apellidos. Toda esa gente tratando de llegar allá... Por cierto, por si no me he explicado bien, no es voto residencial pero sí que votas en la ciudad en la que estás censado (que suele ser en la que has nacido porque hacen un censo de Pascuas a Ramos).
El caso es que llegamos, buscamos la urna en la que tenía que votar Marcelo, éste ejerció su derecho al voto y nos largamos. De camino encontré una cámara de TVE, me hizo ilusión y medio grité “anda, televisión española!” claro, se dieron la vuelta y se me quedaron mirando. Qué vergüenza :P
Bueno, explicaré cómo se vota. En los periódicos, en la televisión y en la radio anuncian desde bastante antes cual será tu centro de votación. En internet o llamando al TSE puedes consultar cuál es tu urna. Al llegar, las urnas (que son de cartón, por cierto) están colocadas de una forma más o menos ordenada, cada una comprende una serie de apellidos. Frente a cada urna, un tablón en el que están listadas las personas que votan en esa urna, con su nombre, número de identificación y (esto es nuevo) su foto. Una vez que te reconoces el careto en el tablón (y ya de paso el del ministro de interior que está a dos filas de ti), te acercas a la mesa donde están los del TSE y vigilantes de cada partido. Si tienes suerte (nosotros no la tuvimos) te toca algún observador internacional (puede que no hubiese ninguno porque era la hora de comer). En la mesa, enseñas tu DUI (documento único de identidad, que tiene foto, chip y código cifrado y que dicen que contiene todo tu historial, jejeje, habría que verlo) y te entregan la papeleta. Arrancan una papeleta del bloc y te la dan. Una por persona. La papeleta tiene las cuatro banderas de los cuatro partidos que aspiran a la presidencia, a todo color y bien grandes. Para votar, hay que marcar una cruz (sin salirse o es voto nulo) sobre la bandera de tu partido. Por eso a mí me hacía gracia cuando veía anuncios en la televisión y veía que tachaban su propia bandera. Para marcar, hay una especie de biombos de cartón, a los que está pegada la urna. Luego doblas la papeleta y la metes (como puedes) en la urna de cartón. Y listo.
Pudimos ver cómo los Boy Scout llevaban en volandas a un paralítico para que votase. Aquello de la votación en familia era realmente así. La gente llevaba a sus niños pequeños y después de que los papás votasen, llevaban a los niños a un centro comercial donde también podían votar ellos. “Votaciones Infantiles”. Una campaña que me parece terrible, porque puede que sea útil enseñar a los niños desde pequeños a votar, a que se conciencien de que es un deber y enseñarles cómo deben hacerlo. Pero no votando por los mismos partidos por los que votan sus padres!! Las papeletas que usaban eran iguales sólo que con un sello de “votación infantil”.
No sé si he comentado ya lo politizados que están los niños ya desde pequeños. Claro, con esto ambos partidos ganan adeptos, y sobre todo el que está en el poder. Es como el fútbol. El papá lleva a su hijo a animar a su equipo, le compra la gorra del Real, hace que celebre con él cuando gana... Y el niño de mayor es del Real, claro. Qué otra opción va a tener. Cómo va a ser un chaquetero...
Pues con los partidos igual. A ver, si al niño lo vistes de rojo en elecciones. Le haces gritar Viva el Frente! (o Patria sí, comunismo no! que gritan los areneros) y le haces presenciar tu odio hacia los del otro partido... Pues está claro que están condicionadísimos. Aquí la política no es que roce el fanatismo, es que es fanatismo puro. Es terrible ver cómo la gente no tiene ni idea de lo que dice el programa de su partido pero son fieles seguidores de sus colores.
Volviendo a lo de los niños, la televisión estuvo allí, claro. Y sólo había que ver lo que respondió una niña cuando le preguntaron que por quién había votado “pues... por... por el más grande y más importante, claro”.
Y hablando de preguntar por quién se ha votado... Es tremendo, lo de que el voto sea secreto y tal, aquí a la gente le importa tres pepinos. Te preguntan a la mínima de cambio. Por ejemplo Alfredo... Si no quieres responder “ah, vos sós arenero, verdad?” Y te fuerza a responder como sea. Es terrible. Todo el mundo sabe lo que vota su vecino. Claro que en la mayoría de los casos no es muy difícil averiguarlo, cuando lleva camisetas o ha puesto una gran bandera ondeando en lo alto de su casa (o banderines en el coche).

Sigamos... Marcelo nos llevó a casa de Cecile, donde preparamos una ensalada y después de que Pablo me llamase hasta allá, fuimos a un ciber. Del ciber fui a casa (sí había transporte urbano, no paralizan tantísimo las cosas) donde la gente estaba colgada de la televisión esperando recuentos. Caras de desolación por toda la casa, ARENA estaba arrasando desde los conteos iniciales, y aunque más tarde se acortó la diferencia, ganaron en la primera vuelta.
Por supuesto, cuando les dije que era lo más probable que podía pasar, me llamaron arenera. Pero es que ARENA había hecho una campaña terriblemente fuerte y el Frente no supo contraatacar a la política de “meter miedo”. Era de esperar, aunque yo no pensé que lo lograsen en la primera vuelta.
Otros resultados destacables fueron que los otros dos partidos no consiguieron el mínimo de votos para seguir existiendo legalmente (un 3%). Y ahí se terminaba la carrera del PCN, el partido de conciliación nacional, que fueron los “quasi dictadores” hasta que estalló la guerra. Entre sus filas están la mayor parte de generales y altos cargos del ejército que arrasaron el país, aunque los peores formaron parte de ARENA en algún momento (su fundador, un expresidente).

Sábado 20 de marzo. Playaaaa y re-corte de pelo.

Lo primero fue el corte, la verdad. Fui al mismo sitio de la otra vez, pero esta vez se le fue un poco la mano al recortar y encima no pudo evitar que le quedase un tanto “tazón” el corte. Qué horrible. Menos mal que a base de horquillas con mariposas de purpurina horteras, logro parecer algo femenina.
El plan de la playa estaba pensado desde el lunes pasado. Cecile me lo planteó y me encantó la idea. Estaba el problema de que queríamos dormir en la playa y la vuelta el domingo podría estar chunga: día de elecciones, se paraliza el país. Pero se solucionó porque Cecile tiene un chero que quería ir a la playa y que (punto muy importante) tenía carro. Así que no problemo.
Quedamos a las 12.30 y el chico este llegaba más tarde, como a las 13.15. Mientras lo esperábamos, Cecile me enseñó cómo se había quemado el día anterior por “andar haciendo la iguana” (peyas del curro) e irse a un Turicentro. Estaba chamuscadísima, la pobre. Blanca como ella es, estaba colorada de una forma bestial. Y encima íbamos a la playa. Está loca.
También pasamos por el súper a comprar artículos de supervivencia para la playa: agua, rufles, manzanas y un paquete de 10 twix tamaño snack.
Cuando me dijo por teléfono que íbamos a ir con un salvadoreño, pensé: ya la liamos, no voy a estar cómoda. Pero mientras esperábamos a que llegase, me dijo: fíjate a ver si lo ves. Yo le dije que ni de coña iba a reconocerlo, pero me aclaró que no era un salvadoreño típico. Éste tenía unas rastas de 40 cm de longitud, era rubio y chele. Vale, estaba claro que lo iba a reconocer.
Marcelo no es un salvadoreño atípico sólo en apariencia. Creo que me hizo feliz al no hacerme ni una pregunta sobre el Real Madrid. Bueno, hablando en serio, es un tipo muy interesante, culto y que sobre todo, ha viajado muchísimo y eso se nota. Creo que estudia psicología como Cecile, trabaja con comunidades marginales y su tiempo libre lo dedica a escalar, hacer montañismo y escaparse a la playa a comer ostras.
Ha viajado por toda Sudamérica, trabajando en diversos países. En Brasil (creo),donde aprendió portugués, conoció a una francesa con la que empezó a salir y después la siguió hasta Francia, donde aprendió francés. Y como esta se fue a EEUU, el también la siguió y allá aprendió inglés.
Puede que sí que haya salvadoreños que merezcan la pena. Este estaba cerca. Se podía hablar libremente con él, de una forma inteligente y acerca de cosas interesantes. Creo que necesitaba algo así desde hacía tiempo. En el campo no se puede conseguir ese tipo de placeres.
La playa hacia la que íbamos, se llama El Zonte. De camino, paramos en un chiringuito situado sobre un acantilado, con mesas justo sobre las rocas. Allí íbamos a comer, o algo así.
Marcelo de momento pidió una docena de ostras 5$, y otra de “conchas” (2$). Sacó del maletero la Pilsener y pidió un vaso para poder beberla. Recordemos que había ley seca y no se podía vender alcohol. Aunque más tarde, cuando llegaron otros clientes, pudimos ver que no se respetaba mucho aquello.
Cecile y yo tomamos “colitas” de camarón al ajillo 4$, y un coco 0.5$. La verdad es que todo estaba buenísimo. Probé mi primera ostra. Nunca había probado eso. Me la dio con sal y limón y me supo precisamente a eso: a sal y limón. Vamos, que no le hallé el misterio. Con las “conchas” aquellas no pude. Por una parte, estaban llenas de un líquido negro que parecía petróleo. Por otra, se retorcían cuando les echabas el limón. Puaj.
Fuimos directamente a la playaaaa, hacía calor y el Pacífico nos había estado retando desde el acantilado. Qué preciosidad.
Nos dirigimos primero hacia unas calas que estaban hacia la izquierda. Llegar allá puede convertirse en una odisea cuando la marea está alta. Las formaciones rocosas eran tan caprichosas como suele suceder en los terrenos volcánicos. En alguna ocasión hubo que hacer uso de los dotes de escalada de Marcelo y Cecile (está aprendiendo) y siempre teniendo cuidado de no acercarse a la zona donde rompían las olas. Encontramos por el camino una familia embadurnada en sangre y raspones porque se ve que una ola les había dado un buen revolcón en aquellas puntiagudas rocas.
La cala en la que nos bañamos era solitaria y estaba enmarcada por grandes salientes rocosos. Había que mantenerse en el medio para evitar ser arrastrado hacia alguno de estos, y al tiempo, evitar las dos rocas que había escondidas bajo la superficie.
Creo que no conozco todavía ni una playa en este país en la que no puedas caminar metros y metros sin dejar de hacer pie. Lo mismo pasaba en esta, aunque nunca es recomendable meterse demasiado no vaya a ser que te enganche alguna corriente. De todas formas, es divertidísimo.
Las olas son grandes, fuertes y muy bonitas. Se pueden saltar de espaldas (recomendable con las que han roto varios metros por delante de uno), intentar aguantar en el sitio de pie (esto mola con las que han roto unos pocos metros por delante), sumergirte hasta el fondo y dejar que pase por encima (necesario cuando la ola acaba de romper justo delante de ti y lleva mucha fuerza) o cazarla al vuelo y nadar sobre ella aprovechando su impulso (cuando todavía no ha roto pero está a punto de hacerlo).
Queríamos ver la puesta de sol y esto se debía hacer en las playas que estaban más a la derecha, así que comenzamos a caminar hacia allá.
La arena es negra, pues procede de restos basálticos de los volcanes. Pero al tiempo, es muy fina y se compacta bastante al contacto con el agua. No sé por qué razón, no encontré un solo alga. Me encanta el lugar y voy a llevar a mis padres y a Pablo allí sin dudarlo. Tenía pensado llevarlos a una desértica playa en el oriente del país, pero esta está más cerca y merece la pena.
Caminando hacia la puesta de sol, llegamos a “La Casa de Frida”, un restaurante que es famosete entre los voluntarios del país y allí fuera encontré a Bea, una becaria del mismo programa que yo. Me dijo que Rebeca (otra becaria, pero que está en Guatemala) había venido a pasar el fin de semana acá y que andaba por ahí cerca. Al pasar al patio del restaurante (en realidad es todo patio, ahora explico cómo era) nos encontramos que por allí también estaba Priscilla (otra becaria más, que había venido por separado). A su vez, Marcelo conocía a Bea y a un amigo de Priscilla. El mundo es un pañuelo  Topicazo, pero es que es así.
La Casa de Frida es un negocio que llevan unos españoles. Catalanes para más señas. Creo que lo compraron y lo reformaron completamente, dándole un aire bohemio y tropical al tiempo. Lo han decorado con murales imitando algún cuadro de Frida Khalo, han clasificado las diferentes habitaciones con colores. Han colocado hamacas por todo el patio y tienen un menú que (aunque caro) luce mucho por su sabor y presentación.
No es sólo restaurante. El edificio es principalmente habitaciones que dan al patio. Cada habitación la acomodan según el número de personas que quiera quedarse. Hay juegos de mesa, hamacas y colchones. Al otro lado de la calle tienen unas cabañas. Cada cabaña tiene pintadas en sus paredes el animal que le da nombre (camarón, vaca, pez sapo... menos el tomate) y tiene un pequeño cuarto de baño.
No sé, me parece una grandiosa idea. Deben hacer negocio, además está bastante bien publicitada y por eso la gente se acerca a conocer el lugar en esta playa perdida, que no es de las más famosas ni mucho menos.
De hecho, creo que Nayra y Eric deberían venirse aquí a vivir y abrir un negocio como ese antes de que la gente se dé cuenta del potencial turístico que queda por explorar en El Salvador. Es que me los imagino perfectamente. El local quedaría precioso después de que lo adornasen. El menú sería estupendo pues son creativos con la cocina. Y Eric podría actuar todas las noches para sus clientes bajo la luz de la luna, en la playa, incluso con una fogata.
Bastaría con que ahorrasen en España lo suficiente como para poder venirse e instalar el negocio, que no sería algo demasiado caro. No sé, me los imagino perfectamente aquí. Nayra, en serio, plantéatelo, esto es un paraíso y la gente es realmente maravillosa.
Marcelo y Cecile se fueron a ver la puesta de sol, que me perdí por estar charlando con las españolas, cachis. Fui en su busca y entre Cecile y yo intentamos convencer a Marcelo de que se quedase a dormir, ella y yo nos quedaríamos pues el amigo de Priscilla nos dijo que cabríamos en su coche.
Si Marcelo no quería quedarse era porque el domingo era el día de las elecciones. Cecile y yo, que venimos de países donde tampoco es algo muy especial, no podíamos entender muy bien a qué venía tanto recelo. Aquí lo llaman “fiesta cívica”, “fiesta de la democracia” y cosas así. Se va a votar en familia y dicen que se organizan “desvergues” o desórdenes. Marcelo nos habló de piquetes en las carreteras y que por eso no quería volverse el domingo.
Pero al final decidió quedarse. Lo que pasa es que Marcelo tiene una casita por allí cerca. Es muy pequeñita pero tiene pinta de ser linda. Digo tiene pinta porque no la pudimos ver bien. Resulta que se iba a quedar en la casa si por un casual había luz eléctrica. Así que fuimos a comprobarlo.
Agarramos el coche, pues no estaba precisamente a tiro de piedra de la playa, encima era cuesta arriba y por un camino de cabras. Al llegar... Mala suerte, le habían robado el cable con el que a su vez robaba la energía de la línea. Sin luz, no había opción, se quedaría en Casa Frida con nosotras. Aún a oscuras, el sitio tenía buen aspecto. Nos dijo que había una litera y una cama de matrimonio (no tenía la llave, la tenía el chico que lo cuidaba) y que se podían acoplar dos hamacas también. Habrá que organizar alguna fiesta allí.
Los estómagos reclamaban comida. Como el menú de Casa Frida era pelín caro, nos fuimos a la “champa” (chiringuito) de al lado para comer unas pupusas. Mientras nos las “echaban”, fuimos a acomodarnos al “Tomate”, la cabaña que nos habían preparado.
El resto de la noche transcurrió entre charlas acerca de psicología, observación de las estrellas, dilucidaciones acerca de por qué suena el mar en las caracolas, intentos de alejar a los perrillos que querían jugar con nosotros mientras estábamos tumbados en la arena y lamentos de la gente por la ley seca y no poder tener una birra en la mano.

Viernes 19 de marzo. Feliz día del padre, papuchi!!

Buff, tenía muchas cosas que hacer: ir a la oficina a por la maldita carta que no me habían traído, ir a mandar una postal para Maki, llamar a la peluquería para saber si podía ir por la noche, conseguir el teléfono de un hostal en Apaneca... Ir a ver a Pablo en el ciber, también.
Salí del CEDEFAR a las 10.30, aunque el pick up pasó un cuarto de hora tarde. En los buses encontré bastantes extranjeros. Ahora el país está lleno de observadores internacionales que vienen a revisar que el proceso electoral se lleve a cabo correctamente. Pero debe ser un rollo tremendo ser observador... Sobre todo cuando ya no es lo típico el que los vigilantes de los diferentes partidos roben papeletas y las metan disimuladamente en los buzones.
En el bus hice lo que nunca había hecho: compré fruta. Yo me temía la peor de las diarreas por cometer esa imprudencia, pero el melón tenía una pinta maravillosa y no pude resistirme. La verdad es que estaba caliente y ahora que lo sé, me lo pensaré todavía más la próxima vez. El problema de tomar fruta en estos sitios, es que viene pelada. Si te la dan con toda su cáscara y la pelas tú, no hay problema. Pero no tienes forma de saber la cantidad de mugre que tenía entre las uñas el señor que peló ese melón y en el momento de tomarla, cualquier resquicio de porquería te sugiere infinidad de posibles procedencias. Eso me pasó a mí. Tenía un poco de... ¿tierra? No sé qué era. Era muy poquito, unos granitos. Pero ya me empezó la paranoia: ¿se les habrá caído al suelo? ¿lo habrán lavado con agua del río sucio?... Al final no me pasó nada, pero no disfruté del melón como me hubiese gustado.
Pasé por la oficina a devorar mi carta y un licuado de papaya para ver si ayudaba a evitar la diarrea (la papaya es muy buena para los intestinos). Corriendo fui a la oficina de correos pero los muy asquerosos estaban descansando o algo. No me abrieron.
Así que fui directamente al ciber, a ver a mi Pablitooo.
Llegué tardecillo a casa y ya los tenía preocupados, qué lindos.

Martes 16 de febrero (Felicidades Luis!) – Miércoles 17 – Jueves 18 (Felicidades mamá!! Acaba la campañaaa)

El martes era el cumpleaños de Luis. No hicimos nada para celebrarlo. El día anterior, le pedí prestado el móvil a Luis y puse una alarma para las 6am en la que decía: FELICIDADES LUIS! Tirma. Así que aunque se me olvidó felicitarlo a primera hora, ya estaba felicitado.
Este día no hice nada de nada de nada. El calor pudo conmigo y me pasé el día tumbada a la sombra. Sólo me levanté lo necesario para comer y para regar y fertilizar mis tomates. Ah, bueno, por la mañana los medí, conté las bajas (ay) y les puse hormonas polinizadoras para que den fruto.
Ya el miércoles, lo único productivo que hice, fue bajar al pueblo, creo. De nuevo, ya ni me acuerdo. Como tampoco creo que sucediese nada de vital importancia (juas, como si algo de lo que pasase aquí fuese de “vital importancia”), me da un poco igual.
Creo que fue el miércoles cuando empezaron a quitar las tejas de la cocina para cambiar las varas de bambú sobre las que estaban puestas. Hubo que mover toda la cocina al otro lado, por una vez, había mucha luz en la cocina, era de agradecer y todo.
Entre las tejas, salía mucha porquería. Entre la porquería se escondían muchos bichos. Y uno de ellos fue un alacrán bastante grande que, cómo no, se apresuraron a enseñarme. Les dije que o dejaran en paz y me fui, pero al cabo del rato me arrepentí y les dije que me lo diesen. Lo iba a adoptar como mascota.
Busqué un tarro de cristal grande y fui donde estaban. Ya lo habían soltado hacía un rato, sin aguijón, pero lo vieron correteando de nuevo por ahí, lo atraparon y lo metimos en el bote. Lo hemos llamado Yun, porque no sabemos si es macho o hembra y ese nombre suena muy neutro. Aunque ahora, al escribirlo, me da la sensación de que así se llamaba un chico de la serie manga “La familia crece”. Pero como los chicos en esa serie tenían cara de chica... Pues es lo mismo.
Al principio, lo tenía con la tapa medio abierta, pero en cuanto le empecé a meter comida, hubo que cerrarla un poco, porque aunque el alacrán es incapaz de trepar por las paredes de vidrio, no pasa lo mismo con las arañas, grillos, saltamontes... Que le puse de alimento. Encima tienen que estar vivos para que los cace.
Ya tengo una ocupación más. Además, no es una mascota que se muera de hambre ni nada así. No hay que ponerle agua, aguanta muchos días sin comida... Es un chollo de bicho. Lo único es que no se deja acariciar. O al menos, no pienso intentarlo.
El jueves, era el cumpleaños de mamá. No la pude felicitar porque los muy pendones de mis padres estaban en Cuba. Del 17 al 25, que vengan aquí, se pasearán por allá a cumplir uno de sus sueños.
Acabó la campaña electoral. Eso significaba más que nada, que los malditos anuncios dejarían de interrumpir cada dos por tres en la televisión y que en las noticias dejarían de reportar todos los mítines de Tony Saca (el candidato de ARENA). Ahora por lo menos cambiarían los anuncios por algún otro. Tristemente, no todos los anuncios habían sido suprimidos y aún había alguno que sin nombrar explícitamente ningún partido, ponía a caldo al FMLN. Se ve que lograban burlar al TSE (tribunal supremo electoral) de una forma u otra.
Llegaron por el CEDEFAR unos clientes/amigos de Luis que estaban más interesados en conocerme y hablar conmigo que en hacer la venta de sorgo. O al menos parece que les hacía más ilusión. Yo creo que Luis les dice: “Pasaros por la finca y lo hablamos. Además así conocéis a la española que trabaja allí.” Y seguro que hasta me hace buena publicidad y todo. Me utiliza para atraer clientes y para que vuelvan de nuevo. Seguro que les hace falsas promesas. Estoy exagerando un poco, jejeje.
Por la tarde llegó Adonay, no me trajo la carta de la oficina, buaaaa. Casi me enfado con él, pero no sabía que era para mí. Llegó con la radio que había instalado en el jeep a toda leche, aunque los CD’s “quemados” (como dicen aquí) se saltaban cada x tiempo. Nos dedicó una canción a cada uno y en realidad no sé qué más vino a hacer. Ah, sí, a llevar a Luis a no sé dónde. Lo que más me fastidió, es que se fue a las 22.30 y a esas horas puso la radio a toda leche y me despertó.
Les tomé unas cuantas fotos a los tomates, arranqué unos cuantos cadáveres más y me di cuenta de que los 10 días que van a estar sin mí, lo van a pasar mal. Ya nadie los mimará como yo lo hago , sniff.

Lunes 15 de marzo. Regreso al CEDEFAR.

Por la mañana, hubo que esperar a que Adonay viniese para que arrancásemos con su batería el coche de Alfredo. Está hecho mierda, el domingo no pudieron llegar a la piñata porque les dejó tirados por el camino. (¿Por qué Word no reconoce la palabra “tirados”?).
Así que una vez arrancado, lo llevamos al taller y nos fuimos todos con Adonay. He de decir que mis relaciones con este último ya no son tensas, pero creo que no volveré a tener tan buena relación con él como tenía antes.
En la oficina, me puse a buscar el periódico del día, pero todo el mundo se había confabulado para que no lo encontrase y no pudiese comprarlo. Quería saber los resultados exactos de las elecciones, aunque el domingo ya me habían adelantado que había ganado el PSOE. Por fin lo pude ver en la televisión y en el Diario de Hoy. Oye, no veáis lo interesado que está el gobierno en recalcar las buenas relaciones de su partido con el PSOE. Creo que los he visto repetir la misma cantinela unas cuantas veces. Y no sé qué influencia tan grande puede tener eso en la política de este país, pero me hace sentir que vengo de un país importante.
Y el caso es que esas buenas relaciones han de ser sobre todo cuestión de diplomacia, porque os aseguro que ARENA es un partido muy inclinado a la derecha, así que en teoría no debería haber tan buena relación. El otro día escuché un trozo de la canción del partido: “libertad se escribe con sangre, trabajo con sudor. Unamos sudor y sangre, pero primero El Salvador” Ese es el trozo del que más letra me sé, pero luego habla de que “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán” y creo que había otra frase en la que se refería al comunismo de forma un poco macabra.
La señora Érika de Orellana me mostró una carta que había enviado FUCRIDES a la embajada española, junto a un ramo de flores en la que se daba el pésame y se agradecía la ayuda que recibían de varias ONG’s españolas. Había un párrafo bastante... Ejem. Intento reproducirlo.
“porque España es Nuestra Madre Patria (así en mayúsculas y negrilla), a ella le debemos: nuestro idioma, nuestras costumbres, nuestro arte, cultura (y no recuerdo qué más, pero era una larga lista)” Vamos, que la señora esta debe estar enamorada de España o algo así, porque me dio un poco de repelús leer aquello. Yo odio que por aquí me digan “ah, hombre, eres de la madre patria!”. No puedo imaginarme ningún estadounidense que dijese lo mismo de Gran Bretaña. Y es que la expresión en si no me gusta.
Bueno, les enseñé la foto del invernadero roto a los jefes, que pudieron ya comprender la magnitud del problema. También terminé una carta y aproveché que Luis y Adonay iban a ir a Metrocentro para acoplarme a su viaje y enviarla.
Después de MetroCentro, fuimos al “mercurio”, así llaman ellos al mercado negro donde venden los móviles robados y esas cosas. Luis necesitaba uno, por cuestiones de trabajo así que fuimos a ver a un “chero” de Adonay que tenía un Nokia 8260 por 60$. Pena que no sea de chip, podría usarlo yo. Pero al menos ya no estoy aislada del todo. Ya le mandaré el número a los papis y al novio para que puedan llamarme en caso de necesidad.
Fuimos a comer. Creo que por la pinta de guiri me cobran más, qué incordio. Comí: ejotes revueltos (judías verdes), media pieza de pollo rebozado y aguacate con crema. El fresco era de melón, qué rico.
Luis tenía que arreglar cuentas con la señora Érika de Orellana... Suele ser terrible hacer todo el papeleo porque mira hasta el último detallito. Así que lo acompañé para ver si podía con mi presencia agilizar el trámite y nos podíamos largar a buena hora. En esto que comentó algo de la carta y Luis empezó a sonreírse y a mí me contagió la risa. Jo, lo que me costó aguantarme. Menos mal que la señora estaba ocupada buscando un papel y no se dio cuenta.
Salimos volando y ya los horarios, por una vez en mucho tiempo, fueron sobre ruedas. En el bus volvieron a poner “El bueno, el feo y el malo”, han pasado de las pelis de artes marciales a los clásicos del oeste. Y esta fue la primera vez que repitieron una película.
Me fui prontísimo a dormir, cosa así de las 19.30. Tuve que ponerme el ventilador apuntándome y hacia las 21.00 pude apagarlo, pero pasé una noche un poco terrible por el calor. Y me han dicho que esto no ha hecho más que comenzar. Ay madre.

Domingo 14 de marzo. Cumpleaños de mi novio salvadoreño, la celebración o “piñata”.

No sé a quién le he dicho que cumplía 3 años. Eran sólo dos. Gerardo, mi novio salvadoreño, se hacía un poco mayor. Aunque no lo suficiente como para que nuestra relación pase a más. De momento, se alegra muchísimo al verme y pregunta siempre por mí, quiere verme siempreeee. Y soy la única a la que le da un beso siempre que se lo pido. Al resto sólo cuando le da la gana o le chantajean. Bueno, alguno me ha negado, pero es que es un rebelde.
La fiesta era a las 3 de la tarde, así que fui al centro a comprarle algún regalo. Acabé comprándole una pelota de Piolín y una mochila de Winnie the Pooh. Todo ello envuelto en papel de Winnie, que le gusta mucho.
Eso le compré a él. Yo compré: lejía, una calculadora de bolsillo, una cinta métrica, dos cosas térmicas para cuando viniesen mis padres, dos camisetas, un pantalón “pasarríos” (como pirata) (la ropa toda de a dólar) y un cepillo para limpiar biberones. Tranquilo, Pablo, no hay nada que no te haya contado. Es que las botellas que uso en el CEDEFAR y que voy rellenando cada vez con agua purificada, toman olor de las comidas y es difícil lavarlas... Por eso el cepillo para “pachas” (biberones).
Acabé tomando un gran helado en “La Nevería 2x1”. Es una cadena de heladerías, donde la oferta es 2x1, en realidad te venden uno a mitad de precio si así lo pides, no hay gran oferta. Pero pedí un megasundae: una bola grande de vainilla con galleta, medio plátano en rodajas, una bola grande de ron con pasas, caramelo, una bola grande de dulce de leche, más caramelo y bolitas de chocolate y una galleta encima de todo. Ñam.
Volví a casa y vi las piñatas que había para la ocasión. Colgado estaba Nemo, un pez que por el tamaño parecía una ballena. Para cuando acabasen con ese, esperaba una niña repipi con gorro con dibujo de fresas que no supimos decir qué personaje infantil era, y a falta de personaje infantil, Omar dijo que era yo (grrrrrr). Y también, Patricio, un monstruo morado con cierta forma de estrella de mar pero le faltaban brazos para serlo. Casi parecía más los tentáculos de “Day of the Tentacle”. El malvado tentáculo púrpura...
Eran enormes, me llegaban por encima de la cintura. En este país el negocio de las piñatas es grande. No hay cumpleaños infantil que se precie sin una. Normalmente del personaje favorito del niño o, en su defecto, del que esté en oferta. Las fiestas de cumpleaños, se llaman, pues, piñatas.
Con los niños más pequeños, se les da un palo y que intenten pegarle. El caso es que la piñata está atada a una cuerda que pasa por una polea y algún adulto la sube, baja y balancea tratando de ponerla fuera del alcance de los niños. Con los mayores, se les vendan los ojos y se hace lo mismo. Lo único es que se les van dando indicaciones, para que no le de a nadie y para que no de “palos de ciego” (nunca mejor dicho) todo el rato. Pero las indicaciones se tienen que dar justo al revés. Si tiran de la cuerda para que suba la piñata, la gente grita: abajo!. Si la sueltan y ésta baja, se grita: ¡arriba!. Y así se trata de confundir al otro. Con las leches que meten, seguro que en más de una ocasión ha salido algún niño lesionado.
Pagaron a un tipo que hacía de payaso. Algún niño le tenía miedo y lloraba y lloraba. Seguro que os resulta familiar a más de uno. El niño que más miedo le tenía, Luisito, acabó por perdérselo y al final de la fiesta era el que más corría de un lado a otro, desgastando las energías que el resto de los niños habían gastado a lo largo de toda la tarde.
El payaso empezó por hacer “pintacaritas” mientras llegaba todo el mundo al cumpleaños. Se supone que era para los niños, pero vi al primero con la cara de Spiderman en el dorso de la mano y molaba taaanto... Que no pude evitar el ponerme a la cola para que me hiciese una SuperNena. Bueno, que aquí se llaman “Las Chicas Súperpoderosas”. Mucho más chulo el nombre nuestro, vamos, dónde va a parar. Tuve que averiguar que la que yo quería, Cactus, se llama aquí Bellota, un nombre mucho más casto y basto. Y no creáis que el payaso se negó a hacérmela por medir más del doble que cualquiera de los niños que hacían cola. Yo era la única que llevaba su tatuaje en el bíceps, jejeje.
Entre los muchos juegos que hizo el payaso, para dar regalos a las niñas (en los juegos en conjunto siempre ganaban los niños), las sacó a bailar y dijo que la que más se moviese, ganaría. Primero, nos costó un triunfo encontrar algo con lo que pudiesen bailar. Los DJ’s estábamos desesperando al público. Por fin, encontramos lo adecuado (ejem): “El venao”, le dimos volumen y... Las niñas no se movían. Así que desde mi puesto, detrás de la ventana, en el interior de la casa, me puse a bailar para que me viesen y se moviesen ellas. Alguna que me vio, comenzó a moverse un poco, pero nada... Yo quería que ganase MariJose, que siempre pasa a saludarme cuando estoy por allí, así que me salí al portal, medio resguardada pero para que me viese ella y bailase conmigo. Craso error. No fue ella la única que me vio. Me vio el payaso. Y me sacó a bailar, cambiando la regla del juego: “tenéis que imitarla a ella”.
Claro, yo me meaba de la risa. El único paso que conocía adecuado para la canción, era el de ponerse las manos en la cabeza a la forma de cuernos mientras la canción decía “el venao, el venao”. Así que creo que eso fue lo único congruente que hice. Porque mezclé vueltas enteras que marearon a las niñas, con pasos de “fiebre del sábado noche” y meneadas de culo estilo “qué hiciste, abusadora” (sólo dentro de mi familia entenderán a qué meneadas de culo me refiero).
Eso sí, me aplaudieron muchísimo y para desgracia mía, creo que hasta hay documentos gráficos del ausnto. Dicen que piensan chantajearme. Pero les convencí de que en realidad me daba igual si hacían un póster 2x2 con la foto. Al advertirles dijeron que entonces venderían la foto a Pablo, que seguro que quiere un recuerdo de su novia haciendo los cuernos... Pues segurísimo que sí.
Hubo pastel, refresco, sándwiches, cajitas de piñata y todos los caramelos y juguetitos que cayeron de las piñatas que reventaron. Me llevé parte de todo :P La fiesta acabó hacia las 18.30. Me metí para dentro a hacer no sé qué y al volver todo estaba ya recogido, ni un papel por el suelo.

Sábado 13 de marzo. Misa en la catedral. Trámites previos a la llegada de la familia. ¡Felicidades Gerardo!

El embajador de España había organizado una misa en la Catedral a las 10. Lo leí el día anterior en el diario. Así que aunque no soy creyente, asistí. Mi teoría en estos casos es que al muerto, que sí que suele ser creyente, le alegraría saber que estuve en una misa por él. Y en este caso, había 200 personas a las que honrar.
Me acordé de mi abuelo, lo hago siempre que entro en una iglesia. Supongo que porque me dijeron que él quería que rezase de vez en cuando un padrenuestro para él. Y al entrar en las iglesias y ver a toda la gente rezando, me viene a la cabeza aquello.
Estaba el embajador recibiendo a todo el mundo. Como no creí que me fuese a recordar, aunque estuve en su despacho casi una hora, pasé de largo mientras él se daba palmaditas y besos con españoles y salvadoreños que iban llegando. Los españoles, eran ya mayorcitos, de los 40 hacia arriba, exceptuando algunos hijos que llevaban. Pero de mi edad no vi a nadie. O bien no se habían enterado de la misa, o pasaron del tema.
Claro, era oportunidad de oro para hacer campaña. Por allí llegó el presidente con su esposa (aunque dicen que de cristiano tiene menos que yo todavía, me han dicho incluso que es Hare Chrisna o como leches se escriba eso) y el candidato de ARENA con la suya. Por supuesto, estaban todos los medios. Así que me coloqué en una discreta esquinita en un banco vacío. Aunque llegó una pareja que se colocó a mi lado. ¿Cómo supe que el tipo era del FMLN? Pues su cara no me sonaba de nada. Pero la misa tardaba en comenzar, eran las 10.10 y llegó el presi. Entonces el tipo de al lado dijo “aahh, claro, por eso estaban esperando” Y me fijé en él y llevaba un pin del partido en la solapa. Algún periodista se acercó a hablar con él, pero poco, todas las cámaras estaban centradas en el embajador y la gente con la que hablaba.
La misa me resultó bastante emotiva. Sí, lo reconozco, armé un escándalo sorbiéndome los mocos. No se me había ocurrido llevar un pañuelo y sobre todo el discurso final del embajador, me dejó hecha trizas. Sin embargo, aunque llamé la atención por la llorera, nadie se me acercó a decirme nada. “Tenían que ser españoles”. Y pijos. Oye, que renuncio a lo de ser esposa de diplomático. Que todas aquellas personas seguro que trabajan en la embajada. Y si tengo que ser tan terriblemente pija para poder encajar... Renuncio.
Después de la misa, fui en busca del “carro” que vamos a alquilar en la visita de mis padres y Pablo. Tomé la ruta 22, el conductor amablemente me indicó dónde debía bajarme y llegué al sitio. Previamente había hablado por teléfono para ver si podía ver el carro. No había problema. Un Suzuki 4x4 Sidekick. O algo así. Del año 97. Podría tener más maletero para que pudiésemos meter todo lo que teníamos que meter, pero tenía muy buena pinta.
Tuve que dejar un depósito de 1000$, que para colmo tuve que partir en dos, porque la tarjeta no me admitía más. Así que dejé 600$ cargados a la cuenta de mi padre y 400$ a la mía. Por lo menos es sólo un depósito y no se llega a pagar, bufff. Dejé los datos para que me hiciesen un permiso con un abogado para poder salir del país con el auto.
Tocaba hacer una visita al hotel en el que pensaba hospedarme. Hotel Panamericano, en el mismo centro de la ciudad. Tanto, que el mercado de artesanías está pegadito a él. Qué bien, no hay que caminar mucho para comprar recuerdos.
El recepcionista daba miedo. Pablo me entenderá cuando le diga que en cierto modo me recordaba a cierto profesor suyo de sociología, de aspecto infame. Tenía además una pinta de pervertido... Que me extrañó que no me hubiese preguntado si quería alquilar los cuartos por horas.
No sé si en España se hace, pero aquí puedes alquilar los cuartos “por ratos”, ya imagináis para qué carajo quieres un cuarto para “un ratito no más”. En uno de los hoteles a los que llamé, me preguntaron eso. Les dije que quería alquilar un cuarto y que quería saber los precios y me preguntó que si por un rato o por noche. Jo, cuando te dicen eso se te quitan las ganas de ir a conocer el sitio.
El hotelito tenía un patio simple, pero acogedor. En el patio había dos tipos, altos, rubios, guapos y sonrientes a los que el recepcionista les dijo “es española”. Fui a ver las dos habitaciones que tenían cama doble. Nada maravilloso, la verdad. Los cuartos de baño dejan tanto que desear como el resto de cuartos de baño que he usado en este país. Sobre todo en cuestión duchas: siempre con agua fría, muchas veces sin cortina (como este caso) y el chorro no se puede orientar. Yo ya estoy más que acostumbrada, a ver cómo se lo toman los visitantes, jejeje.
Tenían TV y aire acondicionado, lo que por un precio de 15$ está muy bien. A ver si es tranquilo... y si no... para eso llevo mis tapones para los oídos siempre conmigo (Pablo, tráeme de repuesto, de los de gomaespuma, y tráete un par para ti también).
Después de ver las habitaciones, me puse a charlar con los rubios. Un alemán y un suizo. Pensando que hablan español, me pongo a contarles que conozco sus países y blablabla, como el que más seguía la conversación era el alemán, me dirigía a él. Yo que sé cuántas cosas le solté antes de que me dijese: ¿hablas inglés? Es que mi español no es muy bueno. Pero el tipo no había dejado de sonreír un solo momento. Al menos el suizo sí que me entendía todo. Los acompañé hasta la calle donde tomaron un taxi. Iban a la playa a pasar una semanita por allí. No me enteré de qué carajo hacían en el país, pero he deducido que están viajando por las Américas, sólo turisteando. No creo que fuesen voluntarios ni nada así.
Fui a comprar algunos artículos de primera necesidad (cereales para el desayuno, un gatorade, un danup, un litro de leche UHT ¡no en polvo!...). Según salía de la tienda, pensé en lo útil que era mi neverita de Correos, pues así podría mantener mi Gatorade frío hasta la hora de beberlo. Resulta que me he traído conmigo uno de mis tesoros: en la vuelta ciclista, Correos regalaba unas de estas bolsitas aislantes, amarillas, de publicidad. Me costó sangre, sudor y lágrimas conseguirla. No porque fuese difícil, sino porque tenía que hacerlo de forma que Pablo no se avergonzase de mí. Y mantener la compostura entre un puño de gente que se abalanza sobre las neveritas es difícil, lo aseguro.
El caso es que la neverita me mantiene el agua helada hasta el final del día. Helada de verdad. Y en este clima. Así que podéis imaginar cómo la añoraba yo con los calores que hacían. ¿Y por qué tantísimo rollo con la neverita? Porque, os lo juro, la invoqué o algo así. Según salgo de la tienda pensando en estas cosas, aparece una señora gritando: “¡cachada! ¡Bolsas impermeables a dólar!” Y he ahí cuando veo que la señora está vendiendo bolsas térmicas como la mía. Pero es que, no es sólo que fuesen “como” la mía. Es que eran exactamente la misma. Amarillas y con la publicidad de Correos de España.¡Joder qué susto! Se ve que las habían donado y, como muy buena parte de las donaciones, las habían vendido a bajo precio para que se vendiesen en las calles a un precio un poco mayor. El mundo es un pañuelo.
Esto pasó con el aceite “La Española”. No sé si lo he contado ya... El caso es que cuando el huracán Mitch, donaron muchísimas latas de aceite de oliva virgen, de las de 5 litros. Pero estas latas, que estaban destinadas a consumo inmediato y por eso la fecha de caducidad era en breve tiempo, fueron almacenadas en espera de tiempos mejores. Cuando esos tiempos llegaron, las vendieron y así las revenden en la calle, caducadas pero aceite de oliva puro 100%. Claro, el ver latas de “La Española” en la calle, me chocó mucho.
Este es el triste final de muchas de las donaciones que se hacen. Unos pocos se aprovechan, sacan algo de beneficio y unos cuantos más sacan otro tanto revendiendo. Al menos estos últimos trabajan y salen bajo el sol infernal a vender su mercancía, los primeros sólo reciben el dinero sin mover un dedo, cuando deberían haber repartido las donaciones entre la gente pobre.