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Desde El Salvador

Viernes 12 de febrero. Día también marcado por los atentados

Salí hacia San Salvador temprano. En el bus desde Sonsonate, le pedí el periódico al señor de al lado. 25 páginas sobre los atentados. Entre ellas, alguna que vinculaba al FMLN a ETA, sacando fotos de etarras vestidos de guerrilleros. Hasta aquí aprovecharon para hacer propaganda política con el tema.
Le devolví el diario al señor, un poco mojado por las lágrimas que inevitablemente rodaban al leer todos esos datos y ver esas fotografías. Joder, es que es una grandísima putada. Y creo que tengo que agradecer el no haber estado allí. Hubiese sido muchísimo más duro. Probablemente a esas horas, yo estaría en el metro para ir a clase. Se suspenderían las clases... Me vería mucho más afectada pues todo mi entorno lo estaría... Pero por otra parte, desde aquí no he podido apreciar tanto cómo todos se volcaron para ayudar, colaborar, consolar... Jo, lo que hubiese dado por estar en la manifestación ese viernes.
Sin embargo, he podido apreciar cuantísimo ha afectado esto a la comunidad internacional. Un país, tan pequeñito como éste, el “Pulgarcito” de América, y por todas partes muestras de consuelo y pesar.
Desde los medios de comunicación, que le daban muy amplia cobertura, a toda la gente que me dijo: “estamos con vosotros, lo sentimos de corazón”. Empezando por los conocidos, pero sin olvidar a los completos desconocidos, como el operador de Telecom: “quisiera hacer una llamada a cobro revertido a España” – “¿cuál es el prefijo?” Ahí yo dudé porque como ya no había prefijos... “Bueno, no es prefijo, pero el 91”- “Ah, claro, Madrid. Quisiera decirle que sentimos mucho todo lo sucedido. ¿Está toda su familia bien?” – “Sí, gracias a Dios (suelo usar estas fórmulas en este país solamente) están todos bien, gracias” – “que sepa usted que aunque estemos tan lejos, sentimos a España como una hermana y nos duele tanto como a ustedes”. No sé, todo esto antes de comunicarme con mi familia. Súper amable... Y el domingo, el payaso de la fiesta de cumpleaños (ya lo contaré) también me dio el pésame. Incluso, aunque su actuación era para hacernos reír a todos, pidió un aplauso para mí para que lo aceptase como muestra de consuelo en nombre de los afectados.
Es bárbaro cómo se lo han tomado.

Martes 9 de marzo-Jueves 11 de marzo. Atentados.

Como siempre, los recuerdos se diluyen con el tiempo... Tengo que anotar las cosas relevantes de cada día.
El viento seguía y con fuerza. Tanta fuerza que el martes amaneció el invernadero grande roto, se había rasgado el plástico del techo de uno de los laterales. Por completo. Mi invernaderito tenía una raja de medio metro, pero nada alarmante de momento, aunque todos estábamos contándole las horas al pobre. Por suerte, nada le pasó.
La rotura del invernadero grande significaba una segura invasión de la maldita mosca blanca y también, la imposibilidad de realizar la polinización correctamente, pues las abejas se podían escapar por el techo tranquilamente.
Por otra parte, un hongo llamado “tizón tardío”, está asolando mi invernaderito. Esta semana registré unas cuantas bajas más. Ya superan la veintena. Y sólo tengo 102 plantas. Ay.
Los chicos hicieron muchas camisas esta semana. Incluso me hicieron una a mí. Bueno, una camiseta de tirantes, bien ajustadita y con los tirantes... Un pelín largos de más. Tuve que meterles un buen tajo y volver a coserlos o la camiseta me iba a colgar por debajo de las tetas. (El Word no reconoce la palabra “tetas” ni “culo”. No sabe de anatomía.)
Pero me queda bien ahora que está arreglada. Me la puse el miércoles para bajar al pueblo, con unos pantalones vaqueros ajustaditos. Mala elección de vestuario para bajar al pueblo, pero quería que la camiseta luciese, que para eso me la habían regalado. Chepe fue el que me la hizo.
En el pueblo, gracias a la camiseta y a los vaqueros, obtuve más atención de la normal. Incluso... Bueno, iba caminando hacia el ciber cuando me crucé con dos chicos por un lado y un señor mayor por el otro. Justo al cruzarme... Plas! Cachete en el culo, pequeño pero sonoro. Me doy la vuelta y soy incapaz de saber quién de los tres ha sido. Eso unido a mi nula capacidad de reacción en estos casos... Pero me quedé mirando a los tres que seguían caminando como si tal cosa. Los miraba con la boca abierta, sin acabar de creerme el descaro. En esto que uno de los chicos se da la vuelta a mirarme. Tate, ahí lo tengo, pero ya iba lejos, así que mascullo un “hijo de puta” y vuelvo a mi camino todavía asombrada del morro que tiene esta gente.
El ciber no funcionaba, Telecom estaba de reparaciones. Usé el teléfono del ciber para que mi padre me llamase (llamé primero con tarjeta prepagada) y luego para que lo hiciese Pablo. El pc seguía sin funcionar así que subí una hora antes, estupendo porque así pude encontrarme con Humberto que había llegado de visita para inspeccionar el invernadero roto. “Sólo recibimos malas noticias del CEDEFAR”, eso le habían dicho a Luis cuando llamó el martes. Como si fuese culpa suya que el viento soplase tan fuerte. El caso es que en San Salvador no soplaba y por eso no se lo terminaban de creer.
La siembra de sandías va viento en popa. Ya las riegan y están creciendo las plantitas. Yummy, sandía en mayo. Me pondré las botas. Aunque eso pensaba con los mangos. Pero es que tampoco me atrae tanto el mango.
Ahora con el viento, cientos de mangos cayeron al suelo, aún verdes. Hay que ir con cuidado para no tropezar y deslizarse con ellos, en más de una ocasión casi me la pego.
Esta semana también estaban los de carpintería. Se ponían celosos porque a los estudiantes sí que les hacía caso y a ellos no. Les tomé una foto con las máquinas de costura y ellos querían que les tomase una foto con los útiles de capintería.
En la hora de la comida, me acerqué a Pablo (uno de los estudiantes) a decirle algo y por allí estaba uno de los de carpintería. Me dice Pablo: “éste quiere platicar con usted”. Y yo le dije, sin mirar siquiera al otro: “pues dile que no sea tan grosero”.
Un día, lavando los platos, se acercó uno de los de carpintería a lavarse las manos y hablar conmigo: “¿verdad que molestan?, pero son sólo tres los que lo hacen”. Yo le dije que me daba igual cuántos fuesen, que yo los ignoraba a todos por igual , ya que el resto reían las gracias. Se acercó Luis y el otro seguía dando argumentos: “pero verdad que lo que deberían hacer es venir de uno en uno y no todos a la vez?”. JAJAJAJA. Yo no podía aguantarme la risa. Ese era exactamente el argumento que les había dado Luis la semana anterior. Y lo soltó así, como si fuese una genialidad suya. Y Luis al lado, yo lo miraba y me partía. Tuve que alejarme de allí para no herir demasiado la sensibilidad del chico.
Y el jueves... Bueno, fue un día muy triste. Luis en lugar de darme los buenos días me dijo: “Hoy estás de luto, Tirma”. Estaban viendo la televisión. Normalmente por las mañanas nunca está encendida, pero se había quedado fuera la noche anterior (se guarda todas las noches) y la habían encendido. Así que pude enterarme a primera hora.
Fue un agobio porque en principio ni salían imágenes ni daban datos concretos. Sólo hablaban de ataque terrorista en Madrid. Pregunté a estos y no supieron decirme si había sido en el Metro. Lo pasé muy mal. Luego vi imágenes de unos trenes de cercanías. Madre mía, pero qué sensacionalistas. No daban casi datos pero imágenes, todas las posibles y las repetían una y otra vez.
Se me saltaban las lágrimas a medida que me iba enterando de los datos. “En ese tren íbamos todos”. Y más de una vez he ido realmente en alguno de esos trenes, el de El Pozo, que venía de Guadalajara. Recordé a todos mis compañeros y antiguos compañeros que normalmente toman el tren en Guada para ir a Madrid a la universidad. Y menos mal que el día anterior me había dicho Pablo que había huelga. Así que probablemente no hubiesen ido a clase.
Fue un día lleno de angustia, dolor y rabia. Muchísima rabia. Aquí los telediarios decían que había sido ETA, sólo a última hora del día dijeron como hipótesis lo de Al-Qaeda. Pero me daba igual unos u otros. No pude más que repetir cada vez que veía alguna imagen: “hijos de puta”.
Que mi familia estaría bien, lo tenía por seguro. A esas horas estarían felizmente durmiendo, así que eso no me preocupó. Me preocupaba el no poder decirles nada, decirles que ya estaba enterada y que suponía que estaban bien. Ya no tenía tarjeta prepagada con la que llamar y tampoco debía bajar al pueblo habiendo bajado el día anterior. De todas formas, para no poder llamar... Ya iría el viernes a San Salvador y me comunicaría con ellos de alguna forma.

Lunes 8 de marzo. Felicidades, mujeres trabajadoras. Vuelta al CEDEFAR.

Felicidades a todas las mujeres trabajadoras. En este país parece que no le dan mucha publicidad al día, aunque he visto un cartel en el que anuncian el día. Pero sólo uno y total, no encontré ninguna mujer que supiese qué se celebraba. Yo se lo felicité a Edith y a Lucía, intentaron devolverme la felicitación, pero se la rechacé, soy una vulgar estudiante becaria. Todavía no pertenezco al mundo laboral. La pena es que queda poco para que se me acabe el chollo.
Por la mañana, Lucía se fue al médico allí en Santa Ana y Óscar y yo fuimos a tomar el bus para viajar de vuelta al CEDEFAR.
7.30 Bus hasta la terminal de buses en Santa Ana.
8.00 Bus hasta Sonsonate.
9.15 Bus hasta el desvío, a donde llegamos a las 10.20, ya había pasado el pick up.
11.15 Busito hasta el CEDEFAR, tuvimos que esperar una hora sentados en el suelo.
El viaje fue muy tranquilo, la verdad es que dormitamos todo el camino, estábamos cansados y yo incluso me preocupé por Óscar, porque no había dicho casi nada en todo el camino. Óscar habla por los codos pero en esta ocasión, me dejó dormir tranquila. Extraordinario.
En el CEDEFAR estaban los estudiantes de siempre (no los nuevos), aunque sólo habían venido 4 ¡!¡!¡! Con Chepe y Miguel (los dos estudiantes que trabajan aquí) eran 6, pero vamos... Parece ser que algunos están en la recogida de la caña de azúcar, algún otro empezó a ir a la escuela y hay incluso otro que dice que no viene porque no aprende, no porque la educación sea mala, dice de si mismo que no es capaz de aprender. Una pena.
Y como no tengo mucho más que contar de este día, os cuento más de la propaganda electoral de este país, que es mucho más entretenida que la de España.
Anuncio nº 1: Está hecho por ordenador, en una llanura desértica, plagada de cruces, vemos cómo van saliendo más cruces de la tierra, al tiempo que diferentes voces, de niñ@s, jóvenes y adultos van diciendo “su nombre” y edad. La imagen se va acercando a las cruces que van saliendo como setas. Las voces comienzan a formar un barullo de tantas que hay. Una voz en off habla de que hay gente que se preocupa más por defender a los pandilleros que a sus víctimas (se supone que los nombres y apellidos que van diciendo, son de víctimas de las pandillas), mientras el enfoque de la imagen cambia, como si la cámara fuese ascendiendo en el cielo y tomando una panorámica del cementerio. Cuando termina de ascender, vemos que las cruces en la llanura han formado un dibujo: el rostro de Schafik.
Este anuncio hace referencia a la oposición del partido de la oposición (FMLN) a la “ley anti-maras” que se supone que lucha contra las pandillas. Bueno, no se supone, lo hace, pero de una forma completamente inconstitucional. Ya os comenté que pueden detenerte por llevar tatuajes, incluso por hablar con señas, como hacen muchos “mareros”. La presunción de inocencia se transforma en un “es culpable hasta que se demuestre lo contrario” y el poder judicial va liberando a los detenidos por falta de pruebas, cosa que el actual gobierno quiere evitar, prácticamente encerrando a los pandilleros sin juicio previo.
Pero lo manipulan diciendo que el FMLN quiere defender más a los mareros que a sus víctimas, cuando lo único que quieren hacer es aplicar la Constitución y cumplir las recomendaciones de la Procuraduría de Derechos Humanos, que también se opone a la actual ley y a su posible reforzamiento “la súper mano dura”.
Anuncio 2º: Aparece Schafik haciendo declaraciones en algún programa de televisión. Habla de que efectivamente, en la guerra, el FMLN realizó algunos secuestros para obtener financiamiento. Seguidamente, aparecen imágenes de los zulos en los que metieron a algunos de los secuestrados. Algunos dicen que algunas de esas imágenes corresponden a un secuestro que realizó el ejército mismo (el partido del poder, ARENA, estaba con el ejército). Una voz en off va explicando un poco qué son esas imágenes y acaba por preguntar: ¿Confiaría usted El Salvador a personas capaces de hacer esto?.
Esos secuestros son reales, y las declaraciones de Schafik casi no están manipuladas (a pesar de los numerosos cortes que hay), pero a mí no me parece que venga a cuento. Se supone que la guerra acabó en el 92 y que se acordó amnistía para ambos bandos. Hubo una “comisión de la verdad” en la que se trataron de registrar las barbaridades cometidas por ambos bandos, aunque no se fuesen a tomar represalias en ningún momento. El fundador del partido ARENA, fue el organizador de los famosos Escuadrones de la muerte y el batallón Atacatl, que exterminaron a miles de campesinos. Los guerrilleros (el FMLN) mataron también muchos soldados y bastante cruelmente, hicieron atentados a principios de los 80 y otras burradas como los secuestros. Pero son todos culpables. En base a eso, no se debería confiar el futuro de El Salvador a ninguno de los dos partidos, pero como los medios son de ARENA (posee la mayor parte de las acciones de todas las cadenas excepto el canal 12, esto quiere decir, posee el 2,4,6,8 y 10 y se nota la manipulación en todos y cada uno de los programas) y son los que más dinero tienen para anuncios... pues...
Anuncio 3: Una señora está leyendo una carta, en off, la voz del autor de la carta, su hijo, le va contando: “¿Qué tal todo? Te mando el dinero de la remesa, gástalo con cuidado porque puede que sea el último que te pueda enviar. Si gana el FMLN nos quitarán la visa a todos los salvadoreños porque Schafik ODIA a los gringos.” Y dice algo más, pero no recuerdo. Mientras, se ve a la señora mayor que empieza a llorar.
Este anuncio hace referencia a las remesas, el dinero que los salvadoreños residentes o ilegales en EEUU manda cada mes a sus familias. Supone la mayor parte de los ingresos del país, aunque parezca una burrada, pero es que un tercio de los salvadoreños viven allí.
Ciertamente, las relaciones del FMLN con el gobierno de EEUU no son buenas. Pero lo último que le interesa al FMLN es que ese dinero que llega como caído del cielo, deje de llegar. ¿Qué si EEUU sería capaz de negarles la visa a los salvadoreños? Pues si siguen los republicanos en el poder, es muy probable. Incluso con los demócratas.
La cuestión es que, aunque el FMLN no es un partido propiamente comunista, sí que tiene muchos vínculos con el gobierno cubano e incluso con China (les regalan camisetas del partido). Su color es el rojo y en sus comienzos muchos de los teóricos defendían los principios comunistas. Pero eso era la guerra, se aprobó una Constitución que todos quieren respetar y que es completamente democrática. El país es fundamentalmente capitalista y no veo ánimos de cambiar eso en el programa del FMLN. Quieren cambio social ante todo. Lo típico: dejar de privatizar la educación y la sanidad, proteger a los más pobres para que no se hagan más pobres. También quieren introducir de nuevo el “colón”, la moneda del país, que ha sido completamente desplazada por el dólar (lo han ido retirando de la circulación), dando lugar a una gran subida de precios (os suena como lo del euro? Pues imaginaos aquí que cada centavo les cuesta mucho sudor).
El caso es que si ganase... EEUU lo metería en su lista negra sin mucho miramiento y sin siquiera plantearse cuáles son las intenciones del gobierno. Para ellos, serían rojos y les negarían la visa por ello.
Anuncio 4: Un hijo llama a su madre desde los EEUU. Están hablando y de repente, se corta la comunicación. Una voz en off dice que eso será lo que pasará si el FMLN llega al poder, no será posible comunicarse con los suyos que están en EEUU.
Sobran las explicaciones y me parece una barbaridad.
Anuncio 5: Sobre un fondo negro, tres máscaras de monstruos se agitan y hacen ruidos feos como tratando de asustar. Dos de las máscaras se van de escena y la otra se destapa y se ve la cara de una chica. La chica explica que el gobierno está usando el miedo para ganar las elecciones, que los salvadoreños no deben caer en ese juego y que el FMLN no va a dañar a su país. Algo así.
Un anuncio serio y nada agresivo del FMLN.
Anuncio 6: Imágenes y más imágenes de esqueletos, cuerpos destrozados, fosas comunes, declaraciones de señoras supervivientes de masacres... Todas ellas causadas por el ejército. Una voz en off explica esto y hace la pregunta ya conocida: ¿Confiaría usted el futuro de El Salvador a personas así? Luego aparece la cara de una niña sonriente, con una cinta del FMLN en la cabeza, subida a los hombros de su padre y después muchas imágenes de algún mitin del FMLN donde la gente está vestida de rojo y agita las banderas.
Cayeron en el juego. El anuncio, claro, es del FMLN. Bajísimo. Las imágenes son en blanco y negro (menos mal), pero no por ello dejan de ser muy impactantes. Es el único anuncio de toda la campaña que usa este tipo de recursos, pero ya es uno. Deplorable.
Y lo peor de todo es que cuando intento decir lo bajo que me parece el anuncio a los simpatizantes del FMLN, me dicen: pero si es la verdad. Y lo aplauden. Toma ya, claro que es la verdad y en las cosas que dice ARENA también hay algo de verdad, cuando no toda la verdad. Pero no hay que hacer esas cosas.
Esto es una campaña sucia, lo demás son tonterías. A eso hemos de añadir los supuestos fraudes en las elecciones, la gran necesidad de observadores internacionales (que, hemos de decir, solicita en su mayoría el FMLN)...
Ais, como dato curioso, os contaré que la “jornada de reflexión” dura 4 días y que tres días antes de la votación, se declara la “ley seca”. Nadie votará borracho. Tengo entendido que los “bolos” (borrachos) se tiran de los pelos en época de elecciones, porque realmente está prohibido beber/vender alcohol y a ellos suele darles un poco igual el gobierno que haya mientras haya vodka Troika en las tiendas.

Domingo 7 de marzo. Adiós Chalate, hola Santa Ana.

Por la mañana, Óscar fue a buscar leche de vaca para mí. Jo, si hubiese sabido que iba a hacerlo, hubiese ido con él. Desperté a las 6 am y vagué por la casa aún medio somnolienta. Las gallinas entraban y salían a su voluntad, Modesta y Lucía preparaban el desayuno, para lo cual cocían el maíz y lo molían (en piedra, aquí no había molino mecánico). Era una auténtica casita de campo.
Modesta es una mujer de 73 años, con buena salud, muy trabajadora y agradable a más no poder. Lucía es la única hija que la visita regularmente, la pobre se siente muy sola y normalmente pasa una semana en la Divina Providencia (la colonia del cantón en que vive) y otra en Santa Ana, en la casa de Lucía.
Cuando Raquel despertó, me fue enseñando uno por uno los “palos” (árboles) que tenían en el jardín. Mangos, jocoteros, naranjos, limoneros, marañón, aceituno, aguacate... Se puso a jugar conmigo y no me soltaba. Saqué la cámara de fotos y eso ya la fascinó, quería posar para mí. Le dije que sólo le tomaba una foto y que cuando se bañase y peinase le tomaría otra.
En realidad acabé bañándola y peinándola yo. Hasta hizo que le eligiese la ropa. Se puso en braguitas al lado de la pila y acurrucada aguantaba las guacaladas de agua que yo le echaba. Luego le lavé el pelo, la ayudé a enjabonarse por donde no llegaba y la volví a empapar a guacaladas. El caso es que había una ducha, pero se ve que a ella le gusta así. Luego le hice un par de trenzas, como mi madre me hacía de pequeña. Mamá, te añoro.
Después de desayunar (qué rica leche) fuimos otra vez a la poza, esta vez con Lucía y Raquel también. Yo no me quise bañar porque había muchos chicos (no tan chicos, rondando los veinte) y sólo llevaba el bikini (el día anterior llevé unos pantalones cortos y una camiseta para bañarme con ellos por si acaso).
Pero me tumbé a la sombra de los mangos a disfrutar del sonido de las cascadas. Ni Lucía ni Raquel se bañaron tampoco, pero porque no quisieron o se les pasaron las ganas al ver que yo no me metía.
De vuelta, pasamos viendo a una señora que Lucía conocía. La pobre debía tener noventaymuchos años, estaba tumbada en una hamaca y casi no podía moverse. Tampoco hablaba con claridad. Creo que no soy la única que no le entendía ni papa, aunque Lucía hacía como si la entendiese. Sus dedos estaban completamente torcidos por la artritis, como unos 45º hacia el exterior de la mano si pones los dedos extendidos.
También pasamos por casa de una señora que yo había visto el día anterior en la misa. Me llamó la atención porque parecía que era la que llevaba allí el cotarro, llevaba una camiseta del FMLN y tomó el micrófono al final de la misa para convocar a los jóvenes a una reunión con el catecista el sábado siguiente y para recordar a la gente que pagase no sé qué deudas.
Cuando pasamos por su casa, humilde como todas las del pueblito, se acercó a mí y me ofreció una bolsa de mangos. En realidad no me conocía de nada y podría habérselos dado a Lucía con la que tenía más amistad y decirle que eran para todos o para que yo los probase, pero me los dio a mí y para mí. Me encantó el detalle. Así son los salvadoreños.
A las 12 teníamos que partir para San Francisco para poder agarrar el bus a San Salvador. Si había bus a San Salvador, claro. Modesta y Raquel vinieron con nosotras hasta allí. Pasamos por una panadería donde compré dos de las mejores quesadillas que he probado en mi vida, recién sacadas del horno... ñam.
El bus salía a la una, pero por lo visto no iba a llegar hasta San Salvador, sólo hasta el desvío donde poder agarrar el bus que venía desde Chalate (ciudad) hacia San Salvador. En el desvío ese, tomamos otro bus pero no llegamos a SanSal, sino que nos quedamos en Apopa, donde tomamos otro bus hacia Santa Ana, otro departamento cuya capital es del mismo nombre y hacia la que nos dirigíamos.
Lucía vive en la ciudad de Santa Ana, pero en los suburbios, en una colonia en la que hay “pseudomareros” y todo el mundo es del FMLN. Su casa comparte parcela con la de sus hermanas, la letrina es común así como la ducha. Tiene dos habitaciones, una dormitorio-salón-cocina y un dormitorio más. No tienen ni nevera, supongo que sus hermanas tienen una y allí guarda las cosas.
La casa estaba hecha un pequeño desastre porque el hijo mayor (23) que vive allí toda la semana no se ocupa de la limpieza. Dice Lucía que cada fin de semana le toca hacer un zafarrancho de limpieza.
Tienen un perro, Rocko, que es una mezcla de pastor alemán y perro aguacatero. Ha quedado un cruce gracioso, un perro de lo más tranquilo, grandote, con el color del pastor pero con una carita alargadita y dulce. Tiene una gran habilidad para entrar en la casa, con una pata empuja la puerta y se cuela. Tiene gran estilo, podría hacerlo con la cabeza....
Óscar me enseñó los lugares en los que le ocurrieron todos los accidentes que me cuenta siempre. Ya al menos puedo visualizarlo cayéndose de la verja de la cancha de fútbol.
El hermano mayor apareció un momento por allí, pero estaba bastante tomado (bebido) porque los domingos es el único día que no trabaja y se va a celebrar por ahí con los amigos. Así que sólo me estrechó la mano, dijo hola y se fue. De todas formas, me advirtieron de que siempre es así de tímido.
Esa noche, para desgracia mía, vimos el Gran(d?) Prix, cosecha del 2000. Creo que hasta ese día nunca había visto tanto tiempo seguido ese programa. Pero me ayudó a recordar por qué el Ramón García no me caía bien.
Fui a la cama para caer dormida como un tronco, aunque la cama era durísima y a mitad de la noche me desperté por el frío. Pero ese día el traqueteo de los buses me había dejado molida.
Aps, por cierto, tengo una anécdota de bus que contar. Ya os he contado que en el bus entran muchos vendedores. Muchos venden bolsas de agua fría o agua de coco. Para que esté fría la llevan en cubos o bolsas grandes con hielo. Pues en esto que va uno de los vendedores de agua, con una gran bolsa que puso justo encima de mí mientras gritaba “agua helaaadaaaa” y claro, me chorreó en la pierna. Yo llevaba pantalón corto y me empapó el muslo. Bueno, pues no me hubiese molestado para nada si no hubiese sido porque el tipo dijo “¡uis, la bañé!” y acto seguido frotó su mano vigorosamente contra mi muslo en un intento de secarme. Yo en realidad no tuve tiempo de reaccionar y me quedé tan anonadada que sólo pude mirar a Óscar y decirle: has visto eso? Como para cerciorarme de que había pasado en realidad. Veamos, que alguien me toque el muslo no me importa, que froten su mano, tampoco mucho, pero que lo hagan en este país... Ya es otra cosa, porque conlleva mucho más que el simple hecho de “una frotadita”.

Sábado 6 de marzo. Voy con Lucía a su cantoncito en Chalate.

El fin de semana lo tenía reservado para Lucía. Le prometí que iría con ella a visitar su pueblecito y ver a su madre. Así que a las 6.30 yo ya estaba lista para partir, pero nadie más lo estaba, así que nos fuimos en el de las 7. Una pena porque eso nos chafó la mañana.
A Óscar sí que se le había chafado la mañana, y el día entero. Resulta que le había picado una abeja en el labio superior... Lo tenía hinchadísimo, pero algo descomunal, que parecía que el labio fuese a reventarle. Iba todo el rato con el labio tapado con un pañuelo que sujetaba en la mano para que no lo mirasen. La verdad es que tenía algo de monstruoso su aspecto.
Fuimos pues, Lucía, Óscar y yo rumbo a Chalate. El maldito bus Sonsonate-San Salvador paró mucho más de lo que debía y nos hizo perder el bus hacia Chalate de las 10. Así que hubo que esperar al de las 12. La ruta total fue esta:
7am: pick up hacia el desvío.
7.30: bus hacia Sonsonate
8.35: bus hacia San Salvador
10.15: ruta 34 hacia la terminal de Oriente.
11.00: almuerzo
12:00: Bus hacia San Rafael y San Francisco Menéndez (Chalatenango)
14:00: Caminata de media hora desde San Francisco hasta la colonia “La Divina Providencia”, donde vive la madre de Lucía.
Fue un viaje larguísimo y muy pesado por el calor. Pero al fin logré llegar y en lo único en lo que pensaba era en el baño en la famosa poza de “La difunta”, aunque hubiese que andar otro kilómetro.
En la casa vivían: Modesta, la madre de Lucía (se llama igual que mi abuela), Raquel, una sobrinita de 7 años y Josillas, tendría ya sus veintitantos, otro sobrino. Óscar se peleaba continuamente con Raquel, pero ésta agarró confianza conmigo y no se me despegaba. Era muy vivaracha y traviesa, pero una ricura.
Óscar me llevó a la poza y allí nos dimos un riquísimo baño. Había un chorro que caía sobre una cuevecita y allí debajo me quedé recibiendo el hidromasaje. El agua no estaba tan fría como cabría esperar. Estaba estupenda. El fondo de la poza estaba lleno de hojas de mango, pues en las orillas había grandes árboles cargaditos de mangos.
Era un sitio idílico y encima para nosotros solos. Allí si que me puse en bikini sin reparo. Me puse luego a tomar el solecillo en un montículo de césped que había, escuchando el sonido de las cascaditas. Jo, yo quiero un riachuelo en el CEDEFAR.
Volvimos a casa y pasamos por la iglesia a buscar al resto que estaba en misa. Uis, he dicho iglesia, la costumbre de que la misa suele ser en una de esas... En realidad, la misa la daban en el patio de los columpios, colocaban allí algunas sillas, bancas de misa sacadas de la antigua iglesia, una mesa para el cura, un sistema de altavoces casero y allí daban la misa. De hecho, para llegar a Lucía, tuvimos que pasar por el “altar mayor”, detrás del cura y todo el mundo se quedó mirándome más a mí que al cura. Ups.
Después de la misa se acercó una señora que vende cuadros bordados con motivos típicos. 12$ me cobraba la bruja. Y lo de bruja lo digo porque parecía una, lo juro. Y encima no se dejaba regatear. Yo no he visto ni un solo salvadoreño que no regatee, lo dicho, es una bruja. Y como todo el mundo me presionaba y el cuadro era muy bonito, pues me comprometí a comprárselo. Tenía otro más chulo, que representaba una reunión de señoras en la plaza del pueblo, recibiendo una charla o algo así. Pero era más grande y más caro. Y ya me parecieron caros los 12$ del otro.
Os cuento un poco la historia del cantón (pueblecito). Antes había mucha gente allí, pero durante la guerra, fue abandonado. Los pocos que quedaron fueron matados por los “escuadrones de la muerte” que el ejército organizó para acabar con la guerrilla y los ciudadanos que la apoyaban. Después de la guerra, la gente comenzó a volver, pero aún no hay ni la mitad de sus antiguos habitantes. Lucía me enseñó los restos de su antigua casa, arrasada por las bombas. Mirabas a las colinas que rodeaban el sitio y podías imaginar a los guerrilleros escondidos en sus laderas, vigilando los flancos para avisar de cuándo llegaba el ejército.
Y ahora es un sitio sencillo, con luz y agua corriente, todo un lujo. Hubo algún proyecto gracias al cual instalaron letrinas “aboneras”, ya que no hay un sistema de alcantarillado (en la mayor parte del país no lo hay, sólo en lugares grandes). Estas letrinas funcionan de la siguiente forma: son un gran depósito excavado en el suelo, luego construyen un cubículo encima, elevado sobre el nivel del suelo, ponen una especie de retrete de cemento. Cada vez que se utiliza, hay que echar ceniza o algún material desecante. Cuando se llena, se sella y al cabo del tiempo se puede usar como abono para el jardín.
Lo que no hay en el pueblecito, es teléfono, en las tiendas sólo venden artículos de primera necesidad y ni siquiera venden leche en polvo. Para todas esas cosas hay que ir a San Francisco. Es igual que en los pueblitos que hay cerca del CEDEFAR, hay que ir a Cara Sucia.
Por la noche, vi la ceremonia de los Óscar (repetida y acortada) y fui a dormir. Dormí en una cama de hospital. Resulta que el padre de Raquel, que está en EEUU “mandando pisto” (palabras de Raquel), trabajaba haciendo piernas ortopédicas. Vi fotos del trabajo y era bien curioso, usaba moldes en los que metía la pasta. Por eso había una cama de hospital allí.

Martes 2 de marzo – Miércoles 3 de marzo – Jueves 4 de marzo.

Soy vaga, muy vaga y por eso he perdido la continuidad de los diarios. Ahora, tras una semana, a ver quién se acuerda de qué pasó de extraordinario en esos días...
Para empezar, estaban los estudiantes del nuevo curso, a los que doy matemáticas. Se han incorporado dos chicas más aparte de Glenda: Marixa, que estuvo la semana pasada ayudando en la cocina y Alba, creo que vecina de las otras dos. Así que mi dormitorio estaba más lleno que de costumbre.
Tres chicas, adolescentes, rodeadas de chicos y encima vergonzosas. Los primeros dos días se subían la comida al dormitorio con tal de no comer con el resto de los chicos. A mí me extrañaba que Glenda hiciese eso, cuando la semana que estuvo, se mezclaba con ellos a la perfección. Me dijo que “se le contagiaba la pena”. Qué triste.
Me despertaban bien tempranito con la radio a toda leche. Antes los chicos la ponían también a tope, pero como están en el otro dormitorio, se amortiguaba. Ahora estaba al ladito de mi puerta y hasta mi cama vibraba. Menos mal que sólo fue un par de días.
En las clases de matemáticas ya estamos multiplicando. Lo que más me molesta es que hay algunos que pasan un poco de mí, aunque todavía no he perdido la autoridad. La verdad es que soy un poco seria dando las clases, les hago copiar muchos problemas y me miran con cara de desesperación. Pero es que así practican también la escritura, que hay algunos que tardan siglos para escribir algunas cosas.
Esta semana estuve con el tratamiento desparasitante. Tenía que tomar dos medicinas, cada una dos veces al día, una durante tres días y la otra durante 5. En algún momento me ardía un poco el estómago, pero fue sobre todo cuando se me olvidaba tomarla con el desayuno o la cena y la tomaba una hora después. Ahora tengo mucho cuidado de no tomar ninguna clase de agua que pueda tener parásitos, aunque sé que es inevitable que alguna verdura lavada de la ensalada los lleve.
Como ya no debo tomar frescos y a base de agua es muy aburrido, compré Tang y me hice una buena provisión de fresco artificial. Lo que sí que puedo tomar es la leche de soja. Ah, que no os he contado. Pues aquí hacen su propia leche de soja: ponen las semillas de soja en remojo, les quitan la cáscara, la muelen y la ponen a cocer. Tiene que estar hirviendo unos 15 minutos mientras se retira toda la espuma que se forma, que le da mal sabor. Luego le ponen azúcar y canela. Queda muy rica, aunque se toma caliente y da mucho calor. La suelen hacer para la cena.
Los frescos que suelen hacer aquí los hacen rayando la fruta correspondiente, echándola en agua con hielo y añadiéndole azúcar. Los hacen de mango verde, marañón, carambola, piña y naranja (ésta última la exprimen). Pero si hubiese otras frutas lo harían con esas.
Otra cosa que suelen hacer ellos mismos es el chile. Por chile me refiero, en este caso, a algo parecido al tabasco. Un líquido que pica y se le echa a las comidas. En cada sitio lo hacen diferente, muchas veces hacen salsa de tomate picante, otras repollo y verduras en picante... Aquí hacen una especie de maceración en vinagre de guindillas, cebolla, hierbabuena y otros. Lo que te sirves es normalmente el líquido aunque a mí me gusta la cebollita también. Cada vez que lo hacen es una sorpresa, unas veces queda suave y otras pica a rabiar. Cuando hay un bote nuevo suelo esperar a que alguien lo pruebe primero, jejeje.
Eliseo trajo una película de Cantinflas, “El bolero de Raquel”, para que la viesen los muchachos. Yo no sabía que había un vídeo, pero se ve que lo tienen para poner vídeos educativos y similares. La película triunfó, hubo alguno de ellos que la vio hasta 5 veces en la semana, el resto sólo 3.
Ya terminé 20000 leguas... así que empecé con el resto de los libros que había traído, bastante menos serios. Me terminé un libro del pequeño vampiro en un día, vaya timo, el libro era continuación de otro y era continuado en otro. Vamos, que me enteré de bastante poco. También leí otro muy bonito, “El árbol del erizo”, también para niños, pero un poco más profundo, sobre todo al tener en cuenta que eran cartas que un padre en la cárcel enviaba a sus hijos (cartas reales).
Mis tomates crecen a un ritmo decente, aunque parece ser que el jueves, que yo bajé al pueblo, vinieron el ingeniero Figueroa y Alfredo y a su parecer tengo que aumentar la dosis de fertilizante. Durante el fin de semana que no estuve, la cosa empeoró bastante. Ya hay 12 plantas muertas y muchas de las otras están con bastante hongo. Bueno, no me preocupa mucho, no pensaba vivir de ello y si en los informes tengo que poner que se me mueren las plantas, pues ya está.
Muchos de los tomates necesitan ya tutores. Para quién sea un poco profano en la materia, un tutor es el típico palito al que se ata la planta para que no crezca por los suelos. Lo que pasa es que en tomate en invernadero no se suele usar palitos, sino que se ata una cuerda a la base del tomate y se va enrollando por el tallo a medida que crece, la cuerda cuelga de arriba... Y ya no explico más que sería un pelín complicado.
No sé qué día fue, que me volvieron a comer los zancudos. Últimamente sólo me molestaban con alguna picada ocasional, siempre tengo alguna, pero nada espectacular. Pero esta semana, amanecí con las piernas devoraditas de nuevo.
Tuvimos invasión de hormigas. Hubo un día que llovió y esto se ve que las alteró mucho, pues en esta época no llueve nunca. Así que un gran hormiguero de hormigas negras tomó la cocina. Y los lavaderos. Y los dormitorios de los chicos. Menos mal que el mío no!
Aquello era la marabunta. No se podía pasar a la cocina sin hacer una masacre de hormigas y lo peor es que mordían bien duro, las jodías. Yo fui de noche, no veía el piso y fui a buscar una botella de agua a la refri. Y en chancletas. Vamos, que en un momento tenía decenas de hormiguitas subiéndome por los pies y picándome. Salí volando y me puse a dar saltos en el comedor para que se cayesen. Al menos no se me hincharon mucho las mordidas. Tuve que mandar a Óscar a por agua por mí.
La niña Edith (niña = señora) se pasaba el día fregando el suelo de la cocina a ver si así se iban, pero ni modo. Lo que pasa es que se dieron el gran banquete a base del hormiguero enemigo, de hormigas rojas. Se llevaron todas las larvas y mataron a la mayoría de las adultas. Fue una masacre. También sacaban a las cucarachas de sus escondrijos, la cocina quedó limpia después de aquello.
Yo descubrí un grupito de las hormigas rojas que se habían logrado escapar. Estaban agazapadas, todas juntitas, protegiendo una larva y un par de hormigas aladas. Esperaban a que pasase la tempestad para más tarde iniciar un hormiguero nuevo. Era una escena conmovedora: supervivientes del genocidio, muertas de miedo, quietas como si así no las fuesen a encontrar... No sé que pasaría al final con ellas. Yo las dejé en paz.

Viernes 5 de marzo. Excursión al bosque “El Imposible”.

Nos habían concedido el permiso para ir de gratis al parque nacional que está situado más arriba del CEDEFAR. Es en el mismo camino de cabras, pero más arriba. Yo todavía no había ido nunca, pensando en que ya iría cuando mis padres y Pablo viniesen. Después de visitarlo, creo que no merece la pena ir, es un largo y cansado viaje.
Nos preparamos para ir de excursión. Creo que a alguien le faltaban las luces para organizar la comida. Resulta que habían hecho pupusas, me parece una buena idea, pero no cómo hicimos para cargar todo.
Uno llevaba un saco con 50 naranjas para el postre. Edith llevaba la jarra de la salsa de tomate y el repollo picado, en una bolsa de plástico (muy incómodo de llevar). Lucía llevaba las 3 botellas de 2 litros de SalvaCola y Kolachampan, también en una bolsita de plástico. Otro llevaba una cesta de plástico con las pupusas y los platos. Y a otro le tocó cargar con la botella de 11 litros de agua. Cosas pesadísimas para la caminata que teníamos que hacer. Lo lógico hubiese sido que cada uno llevase su ración y así estaba todo bien repartido (seguro que Vicente me llamaba demócrata por esto). Yo llevaba mi agua sin parásitos y metí en mi mochila los platos.
Nos vino a buscar un señor que nos cobró 10$ por el viaje. El camino era todo hacia arriba y había alguna zona que estaba sólo empedrada, fue como media hora de viaje o así.
Llegamos arriba y el guía nos esperaba. Era uno de los muchachos de carpintería, que se había ofrecido a hacer de guía gratis si iba yo. Ejem. En fin, algo de beneficioso tenía que tener el aguantar los “hey, beautiful” y los besitos que me tiran...
Estuvimos viendo una pequeña exposición que tienen montada allí acerca del parque y luego comenzamos a caminar.
Los animales salvajes que pudiese haber, salieron ahuyentados con tanta algarabía. Así que nada de pumas, mono araña ni nada similar. Yo ni vi las “cotusas” (un pájaro) que vieron los que iban primeros. Además, iba mirando al suelo para no pisar mal. Vamos, que no disfruté mucho del paisaje.
El camino fue largo, cansado y al menos fue a la sombra. Terminamos el paseo en “Los Enganches”, el lugar donde se unen dos ríos. Muy bonito el sitio, pero yo no había llevado bañador, así que me jodí de lo lindo. Todo el mundo bañándose aunque fuese en ropa interior (los chicos) menos yo. Si hubiese sido en España, en ropa interior me hubiese bañado, pero de verdad que me siento incómoda con tanta mirada.
Comimos las pupusas, las naranjas, papaya... Los chicos agarraron algún cangrejo (o el cangrejo los agarró a ellos) y me lo vinieron a enseñar. Lástima no poder comerlo porque aquello era parque nacional. De hecho, no sé por qué el guía no les llamó la atención. Bueno, sí que lo sé. En realidad no reciben la suficiente formación relacionada con el medio ambiente. Trabajan allí de guía como “voluntarios” pero por las propinas, no porque les interese conservar el medio ambiente. Y total, para la labor que hacen como guías... No explican nada de nada por el camino. Sólo te llevan y para eso el camino está bien señalizado.
La subida fue muy cansada también. Hubo un desvío en el que empezamos a tirar hacia otro lado, para ir a “Piedra Sellada”, un lugar en el que había una gran piedra con inscripciones Maya. Pero Lucía decidió quedarse en el desvío y esperar a que volviesen, estaba muy cansada. Y total, la piedra la había visto en fotografías y no parecía nada espectacular, así que me quedé con ella. Así al menos pude observar alguna hormiga tigre (tienen como pelo amarillo), alguna lagartija (juas, con poco me conformo) y pude ir a mear en paz :P
El bosque es muy bonito, pero no puedes disfrutarlo porque vas mirando al suelo. Mucha vegetación, lianas, grandes árboles con raíces tabulares... Pero sólo hay tres senderos para caminar y el bosque es enorme, lo tienen mal montado.
Regresamos en el mismo pick up que nos había traído, aunque antes pasamos por una tienda de allá arriba a comprar refrescos, que teníamos mucha sed.

Lunes 1 de marzo. Salgo por patas de la oficina antes de que me agarren por banda y me tenga que quedar.

Fui al médico a recoger la receta de las cosas que tenía que tomar, no porque la necesitase para la farmacia, pues aquí te venden de casi todo sin receta, aunque ponga “con receta médica”. No sé si he comentado que en las farmacias venden de todo, en la última que estuve, además de perfumes, champú y recuerdos de El Salvador, tenían el mostrador de los chocolates y otras guarrerías frente al de los productos dietéticos. Eso sí que es mala leche.
Después fui a la oficina de la doctora que sirve de contacto entre El Salvador y MAPFRE en España. Llegar allí fue todo un logro, pues el puñetero microbusero no quiso pararme donde me correspondía, se saltó la parada y tuve que caminar de vuelta un montón. Encima había perdido la dirección del lugar, sólo recordaba que era en el “Centro Comercial Feria Rosa”, que no mucha gente conocía.
Una vez allí pregunté por la aseguradora “Asistencia El Salvador” y nadie lo conocía. El primer tipo al que pregunté, me dijo: “¿Pero es un seguro canadiense?” y yo, le dije que no, pero él erre que erre, ¿pero no es una canadiense? Joder, que no. Lo preguntó por lo menos 4 veces. Se ve que me vió cara de canadiense y se empeñó en que mi aseguradora tenía que ser canadiense, aunque en realidad no había ni una sola aseguradora en el puñetero centro.
Recordaba que el número de local era el ciento algo, así que por lo menos ya sabía que era en la primera planta. Después de preguntar a un señor de la limpieza que creo que era un poco retrasadillo, éste me mandó a administración, donde al mencionarle el nombre de la doctora ya cayó en la cuenta y me supo indicar dónde estaba la clínica. Ni aseguradora ni leches. Me dispuse a buscar la clínica, pero me costó encontrarla porque era una clínica pediátrica y aunque era la tercera vez que pasaba por allí delante, jamás se me hubiese ocurrido entrar, pero lo hice para preguntar y ya vi el nombre de la doctora en una puerta. Me dijeron que tenían que ver si me podían devolver el dinero de los medicamentos (44$) porque ya habían mandado los papeles al no decir yo nada. Les expliqué que vivo en el culo del mundo, aislada y sin posibilidades de llamarles entre semana. Al final me devolvieron mi dinero.
Mientras esperaba, ojeé el diario para ver qué había pasado con los Óscar y ver si mi porra se acercaba a la realidad. Pues seguramente no he ganado porque desde luego no le puse 11 a El Señor... Ni mucho menos. Tal vez 5. Aunque me fijé en que tuve suerte y acerté de chiripa la película extranjera. No venían más datos, así que los documentales y el resto, no sé que habrá pasado con ellos. No los habré acertado, cachis.
De vuelta a la oficina, parecía que las cosas pintaban bien y que me iba a ir con Luis y Lucía a mediodía. Pero se acercó la hora y a Luis le había surgido una reunión a las 2 de la tarde y Lucía tenía que ir al banco. La reunión en teoría era también para mí, pero me negué, le dije a Luis que les dijera de mi parte que si quieren contar conmigo en una reunión, que la pongan a las 10am, que para ir al CEDEFAR tenemos que salir a las 13. No dio el recado, pero ya lo daré yo la próxima vez. Desconsiderados.
Así que yo sí que me fui a mediodía. No comí más que un zumo de piña que había tomado un rato antes y un helado de chocolate que compré en la estación de Sonsonate.
Llegué a Cara Sucia una hora antes de que saliese el bus hacia el CEDEFAR, así que fui al súper a comprarme guarrerías y un exprimidor, que las naranjas están de muerte y a veces apetece un zumito en lugar de chuparlas.
Arriba estaban los estudiantes que habían llegado el domingo. Esa noche no llegaron ni Luis ni Lucía, de lo tarde que salieron. Ya lo sabía yo. Y no hubo nada de cena porque Luis tenía que traer algo y no se acordó de decírmelo a mí. Sólo frijoles con tortilla. Yo tomé un tamal de elote porque lo había comprado en el bus. Qué casualidad.